Las preguntas que Laos no quiere responder

De John Coughlan, investigador de Amnistía Internacional sobre Camboya, Laos y Vietnam

Enclavado en la región del Mekong, Laos limita con la poderosa China al norte y no tiene salida al mar. Es conocido por sus paisajes tranquilos, y trágicamente también por ser el país donde EE. UU. lanzó más de 260 millones de bombas durante la guerra de Indochina, pero rara vez recibe la misma atención que sus vecinos más ilustres.

Esta semana, Barack Obama se convertirá en el primer presidente de Estados Unidos en visitar el país, con motivo de la cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). Antes de la visita, los representantes estadounidenses se han referido a una incipiente asociación entre los dos países con vistas al desarrollo, centrada en la sanidad, la nutrición y la educación básica.

Tal como quienes lo visitan suelen observar, el ritmo de vida en Laos es lento, muy lento. Pero bajo la superficie tranquila que encontrará el presidente Obama se esconden problemas endémicos de derechos humanos.

La visita a Laos ofrece a la prensa una oportunidad única para plantear preguntas urgentes a las autoridades; preguntas que la población local no puede formular, porque podría sufrir represalias graves. Para evitar el escrutinio mediático, Laos ha impuesto restricciones estrictas a los medios de comunicación. La prensa extranjera deberá presentar todas sus informaciones a un censor del gobierno antes de difundirlas.

La visita a Laos ofrece a la prensa una oportunidad única para plantear preguntas urgentes a las autoridades; preguntas que la población local no puede formular, porque podría sufrir represalias graves.
John Coughlan

Naturalmente, los periodistas querrán librarse de los acompañantes que les han sido asignados para seguir sus movimientos. Estas restricciones, por excesivas que sean, son meras molestias en comparación con las medidas represivas que la población de Laos soporta a diario.

Por poner un ejemplo, una mujer llamada Phout Mitane fue detenida el año pasado en la provincia de Xayaburi después de que apareciera en Internet una fotografía que había tomado y en la que parecía verse a la policía extorsionando a su hermano. Por un acto tan simple, permaneció detenida durante dos meses.

La prensa también podría querer preguntar acerca del paradero y el bienestar de Lodkham Thammavong, Somphone Phimmasone, y Soukan Chaithad, tres activistas en favor de la democracia detenidos en marzo de este año tras regresar a Laos desde Tailandia para renovar sus pasaportes. Los tres habían publicado críticas al gobierno en Internet y participado en una manifestación pro-democracia en la embajada de Laos en Tailandia.

Al regresar al país, desaparecieron en el sistema de justicia penal. Estuvieron recluidos en régimen de incomunicación durante dos meses, antes de aparecer en un reportaje de la televisión estatal según el cual se los condenaba por amenazar la seguridad nacional con sus publicaciones en las redes sociales. Sigue sin conocerse su paradero.

También está el caso de Bounthanh Thammavong, un ciudadano polaco de ascendencia laosiana, que fue condenado a prisión durante cuatro años y medio el año pasado por criticar en Facebook al partido en el poder. Apenas hay información disponible acerca de su estado.

Así que ésta es la pregunta que nadie en Laos se atreve a hacer: ¿Dónde está Sombath Somphone?

En diciembre de 2012, Sombath, miembro destacado de la sociedad civil, fue detenido por la policía, y se le filmó siendo trasladado en un camión; desde entonces no ha vuelto a ser visto ni se sabe nada de él. Su caso se ha convertido en un emblema de las desapariciones forzadas en Laos, donde otros ocho casos se han puesto en conocimiento del grupo de la ONU que investiga la violación de los derechos humanos –en realidad, el delito– de la desaparición forzada.

El gobierno de Laos no ha ordenado una investigación independiente sobre la desaparición de Sombath y se ha opuesto a los intentos de abordar el caso en sesiones previas de la ASEAN.

Los miembros de la comitiva que llegará con el Air Force One tienen dos opciones: Pueden disfrutar de la serenidad de Laos, y marcharse sin más recuerdo que los sellos que las autoridades de inmigración estamparán en sus pasaportes. O podrían tratar de obtener respuestas que la población de Laos lleva esperando mucho tiempo en relación con preguntas que teme formular.