Virginia Shoppee: Entrañable amiga e intrépida luchadora por los derechos humanos

Sin el incansable trabajo de Virginia Shoppee, el dictador chileno Augusto Pinochet quizá nunca hubiera sido detenido por los crímenes de lesa humanidad orquestados durante su régimen.

La ex investigadora de Amnistía Internacional, fallecida el lunes, pasó muchos meses trabajando lo que parecían ser jornadas diarias de 24 horas para conseguir que Pinochet fuera juzgado.

El resultado de la histórica detención de Pinochet en Londres en 1998 no fuer lo que Virginia había esperado, pues Pinochet, alegando motivos de salud, evitó ser extraditado a España para ser juzgado. Sin embargo, Virginia se sentía orgullosa de haber contribuido a que Pinochet no regresara a Chile como un hombre inocente, sino como un dirigente culpable de violaciones de derechos humanos.

De hecho, la detención de Pinochet sigue siendo un hito en la lucha contra la impunidad en Sudamérica y más allá, y Virginia estuvo en el centro del grupo de defensores y defensoras de los derechos humanos que lo hicieron realidad.

Nacida en Bogotá, Virginia se trasladó a Europa en sus veintes , en busca de aventuras. Cuando supo de la existencia de un movimiento que hacía campaña para poner fin a las violaciones de derechos humanos en todo el mundo, su camino quedó marcado. Durante el resto de su vida, trabajaría en Amnistía Internacional.

Conocí a Virginia cuando empecé a trabajar con ella en el Programa para América de Amnistía Internacional a principios de la década de 1990. Desde entonces, se convertiría en una apreciada colega y una entrañable amiga.

Para entonces ella llevaba ya más de 15 años trabajando para la organización, durante los años más sombríos del Cono Sur de América, en las décadas de 1970 y 1980.

Había trabajado con determinación en favor de decenas de miles de personas que habían desaparecido o habían sido detenidas arbitrariamente, ejecutadas o torturadas por las fuerzas de seguridad durante la temida Operación Cóndor, una campaña de dos decenios de represión política y terror ejercido por el Estado consistente en operaciones de inteligencia, asesinatos y tortura de opositores políticos en países como Chile, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.

Además, Virgina se marcó como objetivo personal mejorar la situación de los derechos humanos en Bolivia –un país que, en su opinión, el mundo tendía a olvidar–, y garantizar que quienes ocupan el poder “no se salen impunemente con la suya”, como ella solía decir.

Como colega, Virginia mostraba siempre una gran calidez humana y era siempre generosa a la hora compartir sus conocimientos, pero sin perder nunca el entusiasmo por aprender de los demás.

Como colega, Virginia mostraba siempre una gran calidez humana y era siempre generosa a la hora compartir sus conocimientos, pero sin perder nunca el entusiasmo por aprender de los demás.
Guadalupe Marengo


Ella y yo conectamos de inmediato no solo por nuestros orígenes latinoamericanos sino porque coincidiamos en nuestro amor por todo lo británico.

Pese a haber llegado al Reino Unido con apenas unas nociones de inglés, Virginia rápidamente aprendió a amar el país y comprender la idiosincrasia de estas islas. En particular, le encantaba demostrar a los británicos que sabía más que ellos de cricket.
Nunca perdió su elegante estilo y su arie latinoamericanos. Era una experta en historia de Colombia y adoraba el cine, la música y la cultura de Latinoamérica.

Uno de sus rasgos más destacados era su meticulosidad. Creía firmemente que la exactitud, la imparcialidad y la independencia eran fundamentales para mantener la reputación de la organización que tanto amaba, y, aún más importante, para proteger a las víctimas de abusos contra los derechos humanos y a sus seres queridos.

Se mantuvo en contacto con muchos de esos familiares, a quienes informaba y consultaba regularmente sobre las acciones emprendidas y propuestas por Amnistía.

Su aspecto más brillante era su personalidad cálida, sincera y generosa, que animaba a las víctimas a confiar en ella y a creer en la lucha que Amnistía emprendía para defender sus casos.

Además, plantaba cara sin temor a las autoridades, y al hacerlo se ganaba incluso el aprecio de éstas.

En su faceta de entusiasta historiadora con una profunda convicción sobre la importancia de mantener buenos archivos, Virginia trabajó para garantizar que todo lo que Amnistía hacía o decía quedaba registrado para la posteridad.

Tras jubilarse, trabajó hasta hace unas semanas como de Amnistía ayudando a archivar importantes materiales.

Durante años, me burlé cariñosamente de ella por su obsesión con los archivos. Era tan meticulosa que a veces fotocopiaba un documento dos veces y se llevaba una copia a su casa, por si se perdía en los archivos de Amnistía.

Pero sus conocimientos de los archivos eran fundamentales a la hora de presentar pruebas en los tribunales. Recientemente, Virginia fue una fuente de incalculable valor cuando Amnistía tuvo que enviar apresuradamente decenas de documentos a Haití para conseguir la acusación de Jean Claude Duvalier.

Aunque ella siempre se consideró modestamente una “pequeña partícula en el esquema superior de las cosas”, no cabe duda de que fue una partícula que marcó una diferencia importantísima en el mundo.

Aunque ella siempre se consideró modestamente una “pequeña partícula en el esquema superior de las cosas”, no cabe duda de que fue una partícula que marcó una diferencia importantísima en el mundo.
Guadalupe Marengo

Virginia murió el 4 de abril tras una batalla contra el cáncer. La sobreviven su esposo, Gerry, su hermana Paulina en Francia, y sus hermanos Pepe y Clara en Colombia. Deja a multitud de amigos y familiares desolados por su pérdida que la recordarán siempre con cariño.