Mauritania debe anular la condena a muerte contra un bloguero

Mauritania debe anular la condena a muerte dictada por apostasía contra un bloguero, a quien debe poner en libertad incondicional. Así lo ha manifestado Amnistía Internacional hoy, en vísperas de la vista de apelación que se celebrará mañana en la ciudad suroriental de Nuadibú.

Mohamed Mkhaïtir, de 33 años, fue condenado a muerte en diciembre de 2014, tras un año de prisión preventiva, por escribir un blog en el que criticaba a quienes utilizan el Islam para discriminar a determinados grupos de la sociedad. Es la primera vez que se dicta una condena a muerte por apostasía en Mauritania desde que el país obtuvo su independencia en 1960.

La condena a muerte de Mohamed Mkhaïtir por escribir un blog que criticaba a quienes utilizan la religión para discriminar es injusta.
Gaetan Mootoo, investigador de Amnistía Internacional sobre África Occidental.

“La pena de muerte no debería utilizarse en ninguna circunstancia, y la condena a muerte de Mohamed Mkhaïtir por escribir un blog que criticaba a quienes utilizan la religión para discriminar es injusta y demuestra hasta dónde están dispuestas las autoridades mauritanas a llegar para intentar erradicar la disidencia’’, ha manifestado Gaetan Mootoo, investigador de Amnistía Internacional para África Occidental.

“Las autoridades mauritanas deben anular la condena a muerte y poner a Mohamed Mkhaïtir en libertad inmediata e incondicional.”

Mohamed Mkhaïtir es preso de conciencia, encarcelado exclusivamente por el ejercicio pacífico de su derecho a la libertad de expresión. Amnistía Internacional considera que el uso de sanciones penales para obligar a mantener una creencia religiosa es una violación del derecho internacional de los derechos humanos, especialmente de la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos, en la que Mauritania es Estado Parte.

La organización se opone a la pena de muerte en todos los casos, sin excepción, independientemente del carácter o las circunstancias del delito. La pena de muerte viola el derecho a la vida, proclamado en la Declaración Universal de Derechos Humanos, y es el exponente máximo de pena cruel, inhumana y degradante.