Cinco años después de la tragedia que desató un levantamiento, los derechos humanos continúan en peligro en Túnez y más allá

Cinco años después de que el vendedor de fruta Mohamed Bouazizi, al prenderse fuego en protesta por el acoso policial en la localidad de Sidi Bouzid, desatara protestas generalizadas en Túnez y en la región circundante, las violaciones de derechos humanos que persisten en toda la región recuerdan cada vez más las medidas represivas y los abusos del pasado. Así lo ha advertido Amnistía Internacional hoy.

En una hoja informativa publicada hoy, Amnistía Internacional ofrece una breve perspectiva general de la evolución de los derechos humanos en los países en los que se produjeron levantamientos hace cinco años.

Muchos se atrevieron a abrigar esperanzas de que la “Primavera Árabe”, como se la conoció, auguraría un cambio real en la relación entre los gobernantes y la población a la que gobernaban.
Philip Luther, director del Programa para Oriente Medio y el Norte de África de Amnistía Internacional

“Muchos se atrevieron a abrigar esperanzas de que la 'Primavera Árabe', como se la conoció, auguraría un cambio real en la relación entre los gobernantes y la población a la que gobernaban: un mayor reparto del poder, justicia social, transparencia, rendición de cuentas y un mayor respeto por los derechos humanos. La realidad es que, en toda la región, los conflictos y la dura represión siguen estando a la orden del día”, ha manifestado Philip Luther, director del Programa para Oriente Medio y el Norte de África de Amnistía Internacional.

La hoja informativa incluye una perspectiva de los siguientes países: Túnez: El único “éxito” relativo que ha surgido de la “Primavera Árabe”, aunque las violaciones de derechos humanos persisten, y se necesitan urgentemente reformas para evitar una recaída en la represión del pasado.

  • Egipto: La dura represión sigue estando a la orden del día, en un país en el que activistas pacíficos y detractores del gobierno, simpatizantes del presidente depuesto Mohamed Morsi y líderes de la Hermandad Musulmana permanecen detenidos. Se ha condenado a muerte a centenares de personas.
  • Bahréin: Las autoridades siguen reprimiendo la disidencia mediante el uso de fuerza excesiva y el arresto, detención y encarcelamiento de manifestantes, así como la tortura y otros malos tratos a detenidos.
  • Libia: El país está profundamente dividido, con múltiples conflictos armados a lo largo de todo su territorio en los que todas las partes han cometido impunemente crímenes de guerra y graves abusos contra los derechos humanos.
  • Siria: El conflicto armado más sangriento de la región, que estalló como respuesta a la brutal represión, por parte del gobierno de Bachar al Asad, de las multitudinarias protestas. Se están cometiendo crímenes atroces a una escala masiva, y la mitad de la población se ha visto obligada a desplazarse.
  • Yemen: Los ataques aéreos de la coalición encabezada por Arabia Saudí y los bombardeos por parte de fuerzas huzi contra zonas civiles han causado la muerte de cientos de personas. Algunos de los ataques constituyen crímenes de guerra.

Desde el levantamiento de 2011, se ha visto en general a Túnez como el único éxito de las protestas de la “Primavera Árabe”, pues ha tomado una serie de medidas importantes para hacer que se respeten los derechos humanos. En octubre de 2015 se concedió el Premio Nobel de la Paz al Cuarteto para el Diálogo Nacional de Túnez por su “decisiva contribución a la construcción de una democracia plural” en el país después del levantamiento.

Sin embargo, apenas se han rendido cuentas por las violaciones de derechos humanos cometidas en el pasado, y las agresiones de las autoridades contra manifestantes y periodistas no se han investigado de manera efectiva. Pese a las positivas reformas, las restricciones arbitrarias a la libertad de expresión continúan. Tras los mortales ataques reivindicados por el grupo armado autodenominado Estado Islámico, cientos de personas han sido detenidas y puestas bajo arresto domiciliario, mientras que los activistas de derechos humanos han recibido críticas cada vez más frecuentes por su labor de defensa de los derechos humanos fundamentales.

Las reformas del sector de la seguridad han sido demasiado limitadas, y las constantes violaciones de derechos humanos, que incluyen denuncias de tortura y otros malos tratos, cometidas a menudo en nombre de la lucha antiterrorista, invocan el fantasma del retorno a las medidas represivas del pasado.
Philip Luther

“Las reformas del sector de la seguridad han sido demasiado limitadas, y las constantes violaciones de derechos humanos, que incluyen denuncias de tortura y otros malos tratos, cometidas a menudo en nombre de la lucha antiterrorista, invocan el fantasma del retorno a las medidas represivas del pasado”, ha manifestado Philip Luther.

“Las autoridades tunecinas deben garantizar que las medidas de seguridad adoptadas en nombre de la lucha contra el terrorismo respetan los derechos humanos, y deben abstenerse de denigrar a los defensores y defensoras de los derechos humanos por realizar su labor legítima.”