Impedir que las personas refugiadas atraviesen los Balcanes es una práctica discriminatoria

De Todor Gardos

Tras los ataques del pasado noviembre en París, los gobiernos de Macedonia, Serbia y Croacia han añadido un obstáculo más al camino de las personas refugiadas y migrantes que se dirigen a Europa. Han desplegado controles fronterizos sin precedentes de forma casi simultánea y, lo que es peor, basados estrictamente en la nacionalidad de las personas migrantes: únicamente se admitía el paso a quienes proceden de Siria, Afganistán e Irak, lo que ha dejado a miles bloqueadas.

No está claro si esta práctica se ha coordinado intencionadamente, pero lo que sí sabemos es que prohibir arbitrariamente el paso a personas según su nacionalidad es una práctica discriminatoria y las expulsiones colectivas son una violación de los derechos de las personas refugiadas y solicitantes de asilo. Este no es más que otro ejemplo de cómo los países de Europa y de su entorno no están gestionando la crisis de los refugiados y refugiadas de manera que respete los derechos humanos y proporcione una ruta digna hacia su seguridad.

Contrariamente a lo que afirma la cada vez más peligrosa retórica xenófoba desde los ataques de París, proteger las fronteras de Europa y garantizar la seguridad tanto de la ciudadanía como de las personas refugiadas y migrantes por igual no son objetivos mutuamente excluyentes.

Ahora es el momento de abordar el imperativo de crear rutas seguras y legales para las miles de personas refugiadas y solicitantes de asilo bloqueadas en las fronteras de Europa, y combinarlo con la necesidad de hacer un mejor seguimiento de quién está entrando en el continente, utilizando procesos robustos, justos y meticulosos. La situación caótica de las personas refugiadas y migrantes en las fronteras de Europa, con condiciones de acogida precarias y falta de procedimientos de identificación de personas vulnerables, ha durado demasiado tiempo.

Es inconcebible que los líderes pasen del extremo de aplicar la política del avestruz y mirar hacia otro lado mientras hay personas muriendo en sus costas, al de rechazarlas de forma selectiva y arbitraria, amparándose en pretextos de seguridad y en el falso supuesto de que las obligaciones del Estado en materia de asilo no abarcan todas las nacionalidades.

Es inconcebible que los líderes pasen del extremo de aplicar la política del avestruz y mirar hacia otro lado mientras hay personas muriendo en sus costas, al de rechazarlas de forma selectiva y arbitraria.
Todor Gardos, responsable de campañas de Amnistía Internacional para los Balcanes.

En pocos días, miles de personas han quedado bloqueadas en condiciones nefastas en el paso fronterizo entre Grecia y Macedonia, lo que desbarata los compromisos recientes de trabajar en estrecha colaboración para mejorar la seguridad y el acceso al asilo en los Balcanes y en Europa en general. Algunas personas de nacionalidad iraní comenzaron una huelga de hambre y se han cosido la boca como protesta mientras permanecen bloqueadas en la localidad fronteriza griega de Idomeni.

Las autoridades griegas no han cumplido su parte en cuanto a la prestación de asistencia humanitaria, pero han reforzado la presencia policial. Han dejado a la gente a cargo de voluntariado y organizaciones no gubernamentales, que tienen recursos muy limitados. Dado que en Grecia no tienen un acceso adecuado a protección, la gente se ve obligada a proseguir su viaje en circunstancias precarias hacia otros países de la UE.

La condición de persona refugiada se basa en circunstancias individuales, no se puede calificar a ningún país de origen como “seguro”. Si bien cada país tiene el derecho de controlar sus fronteras, es ilegal rechazar a personas en las fronteras de los Balcanes en función de su nacionalidad y sin ninguna posibilidad de tener en cuenta sus circunstancias individuales, y se corre el riesgo de excluir a miles de personas con peticiones de asilo creíbles. Los líderes de la UE no han condenado estas nuevas prácticas fronterizas, mientras que el presidente del Consejo Europeo, de gira por la región, ha subrayado en repetidas ocasiones la obligación conjunta de proteger las fronteras exteriores.

La violencia y las guerras que obligan a la gente a llamar a las puertas de Europa no van a terminar pronto. Europa debe encontrar mejores maneras de ofrecer protección a quienes la necesitan. La creación de rutas seguras y legales para acceder a una protección eficaz en Europa (incluidos el reasentamiento, la reunificación familiar y los visados humanitarios) permitiría a las autoridades identificar a las personas antes de viajar, sirviendo así a los intereses de los derechos humanos y de la seguridad. Otras medidas concretas que la UE podría adoptar son: crear condiciones de acogida adecuadas y dignas para las personas solicitantes de asilo y establecer procedimientos de asilo justos y eficaces.

No ampliar la solidaridad a las personas que buscan refugio en Europa, y que a menudo huyen de la misma violencia deshumanizadora que tuvo lugar este mes en París, Beirut, Bamako y Túnez, sería una evasión cobarde de responsabilidades y una victoria trágica del terror sobre la humanidad.

Esta entrada de blog se publicó originalmente en Balkans Insight.