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Le Nigeria doit en finir avec la torture

De Netsanet Belay Abuja,

ABUJA – Los próximos meses determinarán si la vida de Chinwe cambia para siempre. Acusado de asesinato por un cuerpo de policía corrupto y brutal, se enfrenta a pasar el resto de su vida entre rejas. Corre el riesgo de ser condenado por un tribunal nigeriano sobre la base de una confesión que firmó para detener la agonía de la tortura.

An artist’s drawing portraying ‘water torture’ Nigeria © Chijioke Ugwu Clement

Chinwe me contó que agentes de la policía lo ataron, lo amarraron a un poste y luego lo suspendieron del techo. Lo dejaron colgado hasta que se desmayó de dolor. En ese momento, los policías le arrojaron agua fría para asegurarse de que sintiera cada minuto del tormento.

Estoy más que familiarizado con historias como la de Chinwe. He sido preso de conciencia y he convivido en la cárcel con personas que han sido torturadas. He experimentado la cruda realidad de unas condiciones de detención extremadamente duras y precarias. He sido testigo de las consecuencias de la falta de higiene, del hacinamiento, del maltrato y de una atención médica deficiente.

Mi experiencia personal no tuvo lugar en Nigeria, pero la situación aquí no es diferente. En este país, la tortura es una parte inherente de la labor policial. Se utiliza como herramienta rutinaria durante el proceso de investigación. Los militares también recurren a esta práctica, que emplean masivamente contra las personas acusadas de interactuar con Boko Haram. Las autoridades nigerianas no solo toleran la tortura, sino que la amparan.

Las comisarías de toda Nigeria cuentan incluso con un agente que, oficiosamente, está a cargo de las torturas. Esta práctica, la más aberrante de las violaciones de derechos humanos, que está proscrita en países de todo el mundo, ni siquiera está tipificada como delito aquí.

Durante decenios, Amnistía Internacional ha estado a la vanguardia de la lucha contra la tortura a nivel mundial. La presencia generalizada de la tortura y otros malos tratos en Nigeria no ha pasado inadvertida. Actualmente, estamos centrando nuestros esfuerzos –con la ayuda de nuestros millones de simpatizantes y organizaciones socias de todo el mundo– en enfatizar el flagrante incumplimiento del gobierno nigeriano de su obligación internacional de erradicar esta atroz violación de los derechos humanos.

El pasado jueves, publicamos un nuevo informe, “Bienvenidos al fuego del infierno”. Tortura y otros malos tratos en Nigeria, que deja en claro por qué, ahora más que nunca, Nigeria debe ser uno de los focos de esta campaña.

El mundo ha asistido a la intensificación del conflicto con Boko Haram. Es evidente que este grupo armado ha cometido atrocidades; crímenes monstruosos que Amnistía Internacional ha condenado enérgicamente. Sin embargo, en lugar de proteger los derechos humanos y el Estado de derecho, el ejército actúa, cada vez más, considerándose a sí mismo como la ley.

Claro que el uso de la tortura está aún más extendido. La policía la emplea impunemente como herramienta de extorsión, para obtener confesiones o, simplemente, como forma de castigo extrajudicial. Tanto el ejército como la policía abusan de su autoridad para atropellar a la ciudadanía que, supuestamente, deben proteger.

El discurso oficial de Nigeria contrasta con su alarmante inacción en la práctica. Durante los últimos tres decenios, los sucesivos gobiernos han firmado hasta siete tratados comprometiéndose a acabar con la tortura. No obstante, en 2007, el relator especial de las Naciones Unidas sobre la cuestión de la tortura concluyó que esta práctica se había vuelto institucionalizada y habitual. En 2014, el empleo de la tortura no se ha reducido y continúa sin control alguno.

El gobierno de Nigeria ha tenido tiempo más que suficiente para cumplir sus promesas. Dado que las próximas elecciones están previstas para febrero del año que viene, reclamamos que el compromiso de proteger los derechos humanos constituya la piedra angular de los programas electorales de todos los partidos.

Chinwe no es el único hombre cuya vida está en juego debido a una confesión obtenida mediante tortura. Dodo Odafe también se enfrenta a una condena a muerte basada en una confesión forzada que fue admitida como prueba en su juicio.

Acusado de robo, fue víctima de indescriptibles actos de tortura en prisión y, finalmente, “confesó” cuando cinco agentes de policía lo encerraron en una camioneta con dos cadáveres y le dijeron que correría la misma suerte. Un juez consideró inadmisible la confesión tras valorar los actos de tortura que se le habían infligido, pero el asunto pasó a otro magistrado que sí la admitió. La judicatura en Nigeria es, en gran medida, corresponsable de esta situación, ya que la admisión de “confesiones” forzadas como prueba favorece el empleo de la tortura para obtener condenas de manera fácil y rápida.

En Nigeria, son demasiadas las personas en una situación similar a la de Chinwe y Dodo. Sus casos, entre otros, están documentados en nuestro informe, pero, probablemente, en realidad estos no sean más que “la punta del iceberg”. La mayor parte de lo que sucede en las celdas de los centros penitenciarios del país tiene lugar a puerta cerrada.

Los compromisos adquiridos por Nigeria al firmar numerosos pactos internacionales contra la tortura suenan ahora a palabras huecas. Ya va siendo hora de que Nigeria cumpla sus promesas. El parlamento debe promulgar con urgencia leyes que penalicen la tortura. El gobierno ha de garantizar que se lleven a cabo investigaciones independientes e imparciales sobre las acusaciones de tortura y debe, asimismo, proporcionar a las personas detenidas un acceso rápido a asistencia letrada y a sus familiares. Los tribunales han de invalidar toda “prueba” obtenida mediante tortura. Los autores de abusos deben ser procesados con imparcialidad y condenados y las víctimas deben ser compensadas.

En vista de lo expuesto en nuestro informe, esta es la respuesta que exigimos. Ya no caben excusas para retrasar que se tomen medidas al respecto, ni para que las autoridades nigerianas nieguen el conocimiento de los crímenes que se cometen en su nombre. Deben decidir ahora entre enfrentarse a los torturadores o ser procesados por complicidad.

Más información:

Las cámaras de tortura de Nigeria, al descubierto en un nuevo informe (comunicado, 18 de septiembre de 2014)
“Bienvenidos al fuego del infierno”. Tortura y otros malos tratos en Nigeria (informe, 18 de septiembre de 2014)
Nigeria: La tortura en cifras (datos y cifras, 18 de septiembre de 2014)