Europa no ha actuado ante las señales de aviso de una tragedia en el Mediterráneo

De Sherif Elsayed-Ali

Sherif Elsayed Ali, director de Derechos de Personas Refugiadas y Migrantes de Amnistía Internacional

Solicitantes de asilo africanos rescatados por un buque de la marina italiana. © Massimo Sestini / eyevine

Antes de los dos naufragios de los que se tuvo noticia ayer, se calculaba que este año habían perdido la vida o desaparecido 1.800 personas cuando trataban de cruzar el Mediterráneo desde el Norte de África. Puede que en estos últimos incidentes hayan muerto otras 700.

En 2014 se establecerá un récord lamentable de la cifra de personas refugiadas y migrantes fallecidas en el Mediterráneo. Esto se corresponde con un aumento significativo del número de personas que intentan hacer este viaje. Lo trágico es que todo era perfectamente previsible.

Para cualquiera que preste atención a los sucesos de Oriente Medio y África —y debemos suponer que las personas encargadas de las políticas de inmigración de la Unión Europea (UE) estaban atentas— las señales de advertencia eran claras.

La mitad de quienes se dirigieron a Europa por barco procedían de Siria y Eritrea; en su inmensa mayoría eran refugiados que huían del conflicto y de la persecución. En 2013 se produjo un gran aumento del número de personas que cruzaban el Mediterráneo y estaba previsto que esa tendencia continuase debido a la guerra en Siria, la continua represión en Eritrea y el deterioro de la situación política y de la seguridad en Libia.

La guerra en Siria ha provocado uno de los mayores desplazamientos forzosos de personas de las últimas décadas. Casi 10 millones de personas —más del 40 por ciento de la población del país— se han visto obligadas a abandonar su hogar. La inmensa mayoría de quienes huyeron del país —más de tres millones— está concentrada en el Líbano, Jordania y Turquía.

El impacto de esta crisis se siente sobre todo en el Líbano. Con una población de cuatro millones de personas, este país acoge a más de 1,2 millones de refugiados llegados de Siria, lo que representa un aumento de más del 25 por ciento de su población normal en menos de tres años.

Ser una persona refugiada nunca es agradable, pero el hecho de que las necesidades humanitarias —identificadas por organismos internacionales especializados— padezcan una falta crónica de fondos no ayuda. El llamamiento humanitario de la ONU para el Líbano sólo ha recibido el 36 por ciento de la financiación.

La comunidad internacional, incluida la Unión Europea, ha abandonado al Líbano, pero también a Jordania y Turquía, y está permitiendo que estos países soporten la carga de la mayor crisis de refugiados del mundo.

Los llamamientos para reasentar a un mayor número de refugiados en países de fuera de la región han caído en oídos sordos. Con la excepción de Alemania, sólo se han comprometido cifras simbólicas: en total, se han comprometido menos de 40.000 plazas de reasentamiento en todo el mundo.

A menudo nos preguntan por qué otros países deberían reasentar a refugiados sirios: ¿no estarían mejor en un lugar cuyo idioma conozcan y que esté más cerca de su casa? Quizá esto sea cierto en gran medida, pero la realidad es que la mayoría de los refugiados de Siria apenas pueden ganarse la vida y afrontan enormes dificultades con la educación, la salud y la vivienda. Año tras año, la situación empeora en lugar de mejorar.

El reasentamiento puede representar un balón de oxígeno para los refugiados, permitirles que reinicien su vida con dignidad y aliviar parte de la presión que sufren los principales países de acogida. Un objetivo global de reasentamiento de entre el 5 y el 10 por ciento de los refugiados procedentes de Siria daría esta oportunidad a entre 150.000 y 300.000 personas vulnerables.

La UE es obviamente una región clave para los flujos de refugiados procedentes de Oriente Medio. Pero también deben hacer más otros países. Por ejemplo, Arabia Saudí no ha comprometido ninguna plaza de reasentamiento. Rusia no reasienta a nadie y sólo ha dado la vergonzosa cifra de 1,8 millones de dólares estadounidenses al llamamiento humanitario para Siria de 6.000 millones de dólares realizado por la ONU.

En 2013 había en todo el mundo más de 50 millones de personas desplazadas forzosamente de sus hogares y se cruzó este umbral simbólico por primera vez desde la II Guerra Mundial. Mientras los conflictos continúan o empeoran en Siria, Irak y la República Centroafricana, entre otros países, es probable que esta tendencia continúe.

Mientras no se tomen muchas más medidas para prestar asistencia a las personas que huyen de los horrores del conflicto continuará habiendo tragedias en el Mediterráneo. La UE y la comunidad internacional deben ofrecer más plazas de reasentamiento y más fondos humanitarios para las crisis de refugiados. Pero, dado el grado de desesperación que puede empujar a las personas a poner en riesgo su vida en este peligroso viaje, la UE debe también invertir más en las operaciones de búsqueda y rescate en el mar.

Las señales de advertencia son claras para todo el que mire. Si no se adoptan medidas, morirán muchas más personas.