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El presidente ruso debe actuar para poner fin a los ataques contra activistas de derechos humanos

Tres años después del asesinato de la periodista Anna Politkovskaya, los activistas de derechos humanos en Rusia y en el Cáucaso Septentrional están cada vez más expuestos a sufrir violencia e intimidación, según afirmó Amnistía Internacional el 5 de octubre de 2009.

En una carta al presidente ruso, Dmitry Medvedev, Amnistía Internacional le pide que adopte medidas genuinas para poner fin a los ataques y demostrar que su gobierno asume el compromiso de llevar ante la justicia a los autores de tales crímenes.

“Que quienes asesinaron y ordenaron asesinar a Anna Politkovskaya continúen en libertad refleja que las autoridades rusas no investigan estos crímenes en profundidad” afirmó Irene Khan, secretaria general de Amnistía Internacional.

Varias personas que han denunciado las violaciones de derechos humanos que se cometen en el país, incluidos activistas de derechos humanos, profesionales del derecho y periodistas, han sido víctimas de homicidio o han sufrido intimidación, muy probablemente como consecuencia del trabajo que realizaban.

En enero de este año, Stanislav Markelov, abogado que trabajaba en estrecha colaboración con Anna Politkovskaya, murió por disparos en Moscú. La periodista Anastasia Baburova fue abatida a tiros junto a él.

Los ataques contra quienes intentan proteger los derechos humanos son habituales en el Cáucaso Septentrional. El 15 de julio, Natalia Estemirova, del Centro Ruso de Derechos Humanos Memorial, fue secuestrada en Grozni, capital de la República Chechena. Su cadáver apareció ese mismo día en Ingushetia.

Natalia Estemirova había sido amenazada de muerte en varias ocasiones en relación con su labor de defensa de los derechos humanos.

Su homicidio tuvo lugar en un contexto de ataques verbales contra los activistas de derechos humanos por parte de las autoridades chechenas, que los acusaban de simpatizar con grupos armados ilegales.

Amnistía Internacional condena los comentarios emitidos por altos cargos públicos en torno a la fecha del homicidio de Natalia.

A principios de julio, Adam Delimkhanov, miembro del Parlamento ruso y estrecho aliado del presidente checheno, Ramzan Kadyrov, apareció en la televisión chechena amenazando a los “supuestos defensores de los derechos humanos, que apoyan a los terroristas”. En una entrevista con Radio Libertad poco después del asesinato de Natalia Estemirova, el presidente Ramzan Kadyrov tachó su labor de irrelevante y la describió como alguien que “nunca había tenido el menor sentido del honor o la vergüenza”.

“Es de la máxima importancia que las investigaciones sobre los homicidios de Natalia Estemirova, Stanislav Markelov, Anastasia Baburova y Anna Politkovskaya se lleven a cabo con independencia e imparcialidad y que, si hay motivos para ello, no dejen de investigarse las posibles conexiones con representantes del gobierno, incluidas las máximas autoridades” ha afirmado Irene Khan.

Amnistía Internacional ha seguido expresando su preocupación en particular por la seguridad de los compañeros de Natalia Estemirova en las oficinas de Memorial en el Cáucaso Septentrional y en Moscú.

Akhmed Gisaev trabajaba con Natalia Estemirova. Poco antes de que la mataran, estuvo investigando junto a ella un caso de presunta ejecución extrajudicial en un pueblo checheno. Akhmed denunció que lo estaban siguiendo y que lo habían amenazado con correr la misma suerte que ella.

Entre otros ataques recientes están los cometidos contra Zarema Saidulaeva, presidenta de la organización humanitaria Let’s Save the Generation, y su esposo, Alik Dzhabrailov, que fueron víctimas de homicidio el 11 de agosto. Unos hombres que se identificaron como agentes de la ley los secuestraron de su oficina de Grozni; horas más tarde aparecieron sus cadáveres en el maletero de su coche.

La oficina de la organización Madres de Daguestán por los Derechos Humanos en Makhachkala, capital de Daguestán, ha sido recientemente incendiada. Los nombres de dos representantes de la organización, Svetlana Isaeva y Gulnara Rustamova, así como los de otros activistas de derechos humanos, abogados y periodistas de Daguestán, se citaban en folletos distribuidos en Makhachkala como instigadores y colaboradores de miembros de grupos armados ilegales. En tales folletos se hacía un llamamiento a la “venganza sangrienta” contra estas personas.

“Ya es hora de que el presidente Medvedev demuestre su voluntad política de proteger a la población y hacer valer los derechos humanos en Rusia. Debe actuar ya para acabar con el clima de miedo e intimidación” afirmó Irene Khan.

Amnistía Internacional ha pedido garantías al presidente Medvedev de que todos estos crímenes se investigan exhaustivamente y los responsables son procesados y juzgados con las garantías que exigen las normas internacionales. Tres años después del asesinato de Anna Politkovskaya, las autoridades rusas deben tomar medidas para poner fin a los ataques contra quienes trabajan para proteger los derechos humanos en el país.