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Los inmigrantes se consumen en centros de detención en Estados Unidos

La población detenida por cuestiones de inmigración ha aumentado vertiginosamente en los últimos diez años en Estados Unidos y ha generado una falta del debido proceso que ha llevado a algunos detenidos a intentar suicidarse, según un informe de Amnistía Internacional. El número de personas detenidas por cuestiones de inmigración se ha triplicado en el último decenio, pasando de 10.000 personas en 1996 a más de 30.000 en el 2008. Entre ellos hay solicitantes de asilo, sobrevivientes de tortura, víctimas de trata de seres humanos, personas con residencia legal permanente en Estados Unidos desde hace mucho tiempo y personas cuyos hijos o hijas tienen ciudadanía estadounidense. "La detención de estas personas se convirtió en la norma", ha afirmado Sarnata Reynolds, directora de política sobre los derechos de las personas refugiadas y migrantes, de Amnistía Internacional Estados Unidos. Según las normas internacionales de derechos humanos, la detención sólo debe utilizarse en circunstancias excepcionales, debe estar justificada en cada caso individual y debe ser objeto de revisión judicial. De acuerdo con la legislación estadounidense, todas las personas detenidas en la frontera quedan bajo custodia en espera del resultado del procedimiento de expulsión. El director o directora de la correspondiente oficina de inmigración decide si las personas detenidas deben quedar en libertad mientras se tramitan sus casos. En la práctica, muchos pueden pasar meses o, en algunos casos, años detenidos sin que ningún organismo judicial revise su caso.  En Estados Unidos, los inmigrantes también pueden ser sometidos a "detención obligatoria" si han sido condenados por ciertos delitos, incluidos algunos menores y no violentos.  Se ha sometido indebidamente a esta forma de detención a personas con ciudadanía estadounidense o con residencia legal permanente en el país desde hacía mucho tiempo, que han pasado meses o años entre rejas hasta que han podido demostrar que no pueden ser expulsadas. En 2007, proveedores de servicios jurídicos identificaron a hasta 322 personas detenidas con derecho potencial a la ciudadanía estadounidense. Amnistía Internacional ha recomendado que la detención se utilice sólo como último recurso y que el Congreso de Estados Unidos apruebe leyes que garanticen que los inmigrantes tienen acceso a vistas individualizadas que determinen la necesidad de la detención. La organización también ha pedido al gobierno estadounidense que garantice un trato humano y la adopción de normas de derechos humanos de obligado cumplimiento en todos los centros de detención que acojan a personas detenidas por motivos de inmigración. El informe de Amnistía Internacional pone de manifiesto casos individuales de detenidos, como el de la mujer mexicana de 34 años y madre de tres hijos. Dijo que la habían detenido en su casa por no haber comparecido en relación con un delito menor de hurto. Tras permanecer detenida durante casi tres semanas, intentó ahorcarse. Cuando llegaron los agentes la esposaron y la trasladaron a otra celda. Otra persona, un monje budista, huyó de Tíbet tras haber sido torturado dos veces, debido a sus creencias políticas y religiosas. A su llegada a Nueva York lo detuvieron y permaneció recluido 10 meses. En 2007 se le concedió permiso para permanecer en Estados Unidos.