Bibi, una mujer de Afganistán, en el exterior de los campos de refugiados Elliniko, a las afueras de Atenas (Grecia). Bibi, una mujer afgana de 65 de años, corre el peligro de tener quedarse en Grecia.

Las normas europeas destrozan familias

Los gobiernos europeos están cerrando los ojos ante el sufrimiento de miles de personas que llegan a las costas griegas en busca de un lugar seguro.

La mayoría de ellas permanecerán en Grecia ya que las normas europeas en materia de asilo —el denominado Reglamento de Dublín— establecen que las personas solicitantes de asilo deben solicitar asilo en el primer país al que llegan. Grecia, como primer país de llegada, tiene la responsabilidad de brindarles asistencia y protección, con pocas excepciones.

La reagrupación familiar es casi la única vía para que las personas puedan trasladarse de forma segura de Grecia a otro país europeo. Sin embargo, está sujeta a severas restricciones: las personas solicitantes de asilo sólo pueden reunirse con los miembros de su familia nuclear —cónyuges, hijos e hijas o, en el caso de menores no acompañados, otros familiares en otros países de la Unión Europea.

Para Golroz, ciudadana afgana, esto significa que tendrá que dejar en Grecia a su tía Bibi, de 65 años. Golroz está atrapada en Grecia desde febrero de 2016 con tres de sus hijos, su esposo, su tía y una sobrina de corta edad.

Cuando Alemania aceptó su solicitud para reunirse con su hijo mayor, que vive en ese país, a mediados de 2017, sintió un enorme alivio.

“Pienso en él todos los días”, dice.

Como una segunda madre

Pero su tía Bibi tendría que quedarse en Grecia porque sólo los familiares directos y la joven sobrina de Golroz habían sido aceptados. Bibi es como una segunda madre para Golroz. Vivían juntas en Afganistán desde que los cuatro hijos de Bibi perdieron la vida, y Golroz no podía abandonarla cuando la familia decidió emprender el peligroso viaje a Europa en busca de seguridad.

En Grecia se dieron apoyo la una a la otra en las duras condiciones de los campos de refugiados, incluso durmieron durante varios meses en una tienda de campaña en el exterior de la terminal del aeropuerto en desuso de Atenas.

Familias destrozadas

Con la ayuda de un abogado de una ONG griega, se ha recurrido dos veces contra esta decisión. La familia apeló basándose en la edad de Bibi, los sólidos vínculos familiares, su dependencia y su salud: A Bibi le han diagnosticado hepatitis B, osteoporosis y otitis, y tiene cataratas. Pero los recursos han sido rechazados.

Amnistía se reunió con la familia en los campos de Thiva y Elliniko en 2017 y en su piso en Atenas en julio de 2018. En Atenas asistían a clases de lengua alemana, como preparación para comenzar una nueva vida en Alemania.

“Estudiamos todos los días. Es difícil con los niños. Me turno con mi esposo para que yo pueda estudiar un poco.”

Golroz sigue sin poder creer que Bibi no viajará con ellos.

Más de un año atrapadas en Grecia

Las mujeres que viajan solas o con niños y niñas representan la mayoría de las personas que esperan reunirse con familiares en otros países. En Grecia también hay familias que esperan reunirse con sus hijos que viajaron solos a otros países europeos. Muchas llevan atrapadas más de un año.

Algunas mujeres contaron cómo la separación prolongada, unida a la escasa o nula información sobre el proceso, repercute en su salud mental y agrava su ansiedad y depresión. Además, la definición de “familia” en la legislación de la Unión Europea está restringida a los miembros de la familia nuclear. No siempre se aceptan excepciones a esta definición, como la reagrupación por motivos humanitarios o dependencia. Esto significa que, por ejemplo, las mujeres de edad avanzada o las mujeres supervivientes de violencia que tienen vínculos de familia extensa en otros países corren grave riesgo de quedarse en Grecia.

Desde 2016, los países europeos, principalmente Alemania, han recibido más de 14.300 solicitudes de reagrupación y unas 12.500 han sido aceptadas. La reagrupación ha tenido lugar en unos 9.200 casos.

Pero Golroz y Bibi no son una estadística.

Son dos de las más de 100 mujeres desarraigadas en Grecia con las que Amnistía ha hablado desde marzo de 2017. Estas mujeres y niñas tenían cosas muy importantes que decir sobre sus derechos, su seguridad y bienestar y los desafíos futuros.

A partir de estas conversaciones, Amnistía elaboró sus 10 peticiones claras para el cambio, dirigidas a las autoridades de Grecia y de Europa. Entre ellas figura el llamamiento a los líderes europeos para que amplíen las opciones de reagrupación familiar y lleguen a un acuerdo sobre un sistema más justo para aceptar a las personas refugiadas que llegan a las costas de Europa.

MÁS INFORMACIÓN: Diez peticiones de mujeres desarraigadas en Grecia

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