Dile al primer ministro griego que las personas refugiadas merecen un futuro

Ahora mismo hay 13.000 personas atrapadas en las islas griegas, la mayoría en condiciones terribles, y necesitan ser trasladadas a un lugar seguro.

Muchas de estas personas, entre las que hay familias con niños y niñas de corta edad, han huido de países destruidos por la guerra, dejando todo atrás. Algunas han perdido a sus seres queridos.

Lo único que querían era un nuevo hogar y un futuro seguro. Pero ahora mismo están atrapadas en las islas griegas en condiciones de inseguridad. Obligadas a vivir en campos masificados, muchas siguen durmiendo en tiendas de campaña veraniegas, sin instalaciones adecuadas de calefacción, electricidad, higiene y saneamiento.

En una situación tan difícil, las mujeres se enfrentan a obstáculos específicos y están expuestas a sufrir hostigamiento y violencia.

Tenemos que actuar ya, antes de que la situación empeore. Grecia tiene que trasladar a las personas refugiadas a un lugar seguro en territorio continental y ofrecerles un futuro.

Pide al primer ministro griego Alexis Tsipras que traslade a las personas solicitantes de asilo al continente, donde puedan ser mejor atendidas y acceder a mejores alojamientos y servicios.

Tu tuit puede ser decisivo. Cuando alzamos a la vez nuestras voces, quienes están en el poder escuchan.

Las mujeres refugiadas y su lucha

Nadia*, de Afganistán, vive en el campo de Moria, en Lesbos. Quiere vivir en un país donde las mujeres reciban trato de igualdad.

En una situación tan difícil, las mujeres se enfrentan a dificultades específicas. Hace poco conocimos a Nadia*, de Afganistán, en Lesbos. "Las mujeres sufren acoso a diario dentro y fuera del campo de Moria", dijo Nadia. En Afganistán trabajaba con organizaciones no gubernamentales dedicadas al empoderamiento de mujeres y jóvenes.

Nadia viajó a Grecia con sus dos hermanas menores, y cuenta que el viaje fue muy difícil y peligroso. Sueña vivir con sus hermanas en un país donde “las mujeres reciban trato de igualdad”.

Cuando los gobiernos cierran las rutas, nos echan en manos de los traficantes. Nos dejan expuestos a sufrir abusos. Las personas que trafican ganan, las que buscan refugio pierden.
Nadia* de Afganistán

Amistad en condiciones muy duras

Rachel* y Simone* se hicieron amigas en el campo de Vahti, en Samos. Su amistad ayuda a ambas a sobrellevar las difíciles circunstancias.

Tanto Simone* como Rachel* llegaron sin compañía a Samos, de dos países diferentes del África subsahariana. Pronto se hicieron amigas en el campo de Vahti.

Simone había huido de su país por su orientación sexual, pero ha visto que en el campo tiene que seguir ocultando quién es realmente para no sufrir más hostigamiento y estigmatización. En el campo de Vathi no hay zonas reservadas a las mujeres, y comparte el contenedor en el que vive con hombres que no conoce. “Por eso casi no duermo por la noche”, explicó a Amnistía.

Su amiga Rachel vive sola en una tienda pequeña y endeble instalada en el campo. Tiene el ombligo inflamado y le duele mucho. Dice que el dolor ha ido a más desde que tiene que dormir en el suelo mojado de su tienda. Hace poco los responsables del campo han puesto unos palés en su tienda, pero cuando llueve mucho se empapan todas sus cosas. Sigue sin poder dormir de noche por el frío.

No podemos estar aquí de esta manera. Huí de mi país, pero quiero volver a empezar una vida normal. En este campo, la vida no es normal.
Rachel, refugiada en el campo de Vathi

“El verdadero significado de miedo”

Amal huyó de la guerra en Siria. Ahora vive en Lesbos.

Amal es siriopalestina y llegó sola a Lesbos. En Damasco trabajaba como estadística médica, pero tuvo que huir del país a causa de la guerra.

Intentó sobrevivir un tiempo en Turquía, pero las condiciones eran muy difíciles. Sólo encontraba trabajo en talleres textiles, donde la explotaban y las condiciones laborales la horrorizaban. Amal ejerce actualmente de intérprete y vive con personas del voluntariado en un apartamento de Lesbos.

Recuerda con angustia cómo fueron sus primeros días en el campo de Moria: “Nos tuvieron cinco días metidas en una tienda que la gente llamaba 'la cárcel'. Yo estaba escandalizada y dolida de ver que me trataban como a una delincuente”.

Si ustedes [dirigentes europeos] quieren saber lo que es pasar miedo, hambre y frío de verdad, vengan a pasar un mes en el campo de Moria.
Amal, de Siria

*Nombres ficticios