Guinea Ecuatorial: ¿Por qué no está papá ya en casa?

De Marta Colomer, Amnesty International West Africa Campaigner

Ramón Esono Ebalé, humorista gráfico e ilustrador de Guinea Ecuatorial, fue detenido y encarcelado cuando regresó a su país, en agosto, para renovar el pasaporte. Su hija, de seis años, Cecilia Vaello Esono, no para de repetirse: “No entiendo”. Con todo su mundo hecho añicos, Cecilia no entiende por qué su padre sigue sin aparecer al cabo de dos meses ni entiende por qué ya no la llama. El resto de su familia y los amigos de Ramón tampoco entienden por qué está detenido.

Quienes lo conocen lo describen como un hombre con un profundo sentido de la justicia, que se vale de sus dibujos para denunciar las injusticias dondequiera que vea que se producen. No hay duda de que ama su país, donde viven todavía sus amigos de la infancia y su familia. Pero no puede ignorar la falta de libertades ni las injusticias generalizadas que asolan la tierra donde nació y responde a ello como mejor puede: con papel y lápiz. Muchas de sus ilustraciones aparecen en el libro La Pesadilla de Obi, y también tiene un blog llamado Las locuras de Jamón y Queso. Lo que en otros países se consideraría ejercicio pacífico de la libertad de expresión ha llevado a Ramón a la cárcel en Guinea Ecuatorial.

El 2 de noviembre, la esposa y la hija de Ramón recibieron en su nombre el Premio a la Valentía en las Caricaturas Editoriales de 2017, que concede la Red Internacional de Derechos de Dibujantes.

Ramón llevaba más de seis años fuera de su país. El 16 de septiembre fue detenido, junto con dos amigos suyos españoles, cuando salían de un restaurante en la capital guineana, Malabo. Los llevaron a una comisaría, donde interrogaron a Ramón en relación con sus dibujos y le reprendieron por criticar públicamente al gobierno. Sus amigos quedaron en libertad tres días después, pero él fue trasladado a la prisión Playa Negra, a la vez que la televisión pública informaba de que había sido detenido por blanqueo de dinero y falsificación de moneda, cargos que para cualquiera que conozca a Ramón son disparatados. A pesar de estas acusaciones y de llevar dos meses preso, aún no se han presentado formalmente cargos contra él, lo que le causa una gran incertidumbre.

Sus abogados están seguros de que podrán demostrar fácilmente que la causa contra él es una farsa en cuanto se presenten los cargos. Creen que su detención tiene por objeto intimidar a toda otra persona que se atreva a criticar al gobierno de Guinea Ecuatorial.

Como la suerte de Ramón es todavía tan incierta, Cecilia vive en un estado de angustia constante, hasta el punto de que a menudo se echa a llorar pensando en su papá. No entiende por qué no le dejan volver a casa. Al igual que Cecilia, muchas otras personas de todo mundo no entienden tampoco la detención arbitraria. Es en su casa, con sus seres queridos, donde tiene que estar Ramón.