Trabajar en asociación con Amnistía nos ayudó a globalizar la campaña dirigida a cambiar la legislación irlandesa sobre el aborto

De Gaye Edwards

Cuando el colectivo de activistas de Amnistía en Irlanda dijo que una mujer que necesita abortar #NoEsUnaDelincuente, Gaye Edwards estaba a su lado. Hoy, Gaye nos cuenta lo que significó la campaña para ella.

En septiembre 2014, Amnistía se puso en contacto con la organización de la que formo parte, Interrupción del Embarazo por Razones Médicas (TFMR) Irlanda, para preguntar si alguna de nosotras estaría dispuesta a hablar en la presentación del informe No es ninguna delincuente, perteneciente a la campaña de Amnistía Mi Cuerpo Mis Derechos.

Otras mujeres y hombres de la organización ya habían tenido la generosidad de contar su historia, así que, cuando nos llamaron, me pareció que había llegado el momento de que yo hiciera lo mismo.

Hace 15 años que perdí a mi primer hijo, Joshua, que sufría anencefalia, una malformación en la que faltan parte del cráneo, el cuero cabelludo y el cerebro. Sin embargo, hace sólo cuatro que empecé a trabajar activamente con TFMR Irlanda, que agrupa a padres y madres que hemos recibido diagnósticos de anomalías mortales del feto y no hemos podido acceder a la opción terapéutica de nuestra elección en Irlanda.

El único tratamiento que nos ofrecían los hospitales irlandeses era —y sigue siendo— continuar con un embarazo condenado al fracaso.
Gaye Edwards

Encontrar el valor para pedir ayuda

Hace 15 años, las anomalías mortales del feto eran algo de lo que no se hablaba, o se hablaba sólo entre susurros. Sin embargo, un día vi a las fundadoras de TFMR en Late Late Show, un programa de entrevistas de la televisión nacional irlandesa. Ante mí tenía a tres mujeres que habían sufrido anomalías mortales del feto y que hablaban abiertamente sobre la decisión de interrumpir sus embarazos. Entonces fue cuando lo vi claro.

Admiraba su valentía, pero mi admiración estaba empañada por la vergüenza de no haber hecho lo suficiente para evitar que ellas —y otras mujeres como ellas— tuvieran que enfrentarse a la misma falta de opciones que yo. Entonces decidí ponerme en contacto con ellas y hacer todo lo posible, durante el tiempo que hiciera falta, para conseguir el cambio que necesitamos.

Mi propia experiencia se remontaba a hacía más de diez años: me vi obligada a viajar al extranjero para interrumpir mi embarazo porque, aunque no era viable, la ley me prohibía hacerlo en Irlanda. Pese a mis llamamientos a todos los miembros del gobierno para buscar una solución, nada cambió. El único tratamiento que nos ofrecían los hospitales irlandeses era, y sigue siendo, continuar con un embarazo condenado al fracaso.

Nuestra colaboración con Amnistía me dio la oportunidad de contar mi historia a dirigentes de Irlanda y del extranjero.
Gaye Edwards

#noesunadelincuente

Al participar en la campaña Mi Cuerpo Mis Derechos, TFMR ha conseguido un alcance mucho mayor del que podíamos imaginar. Yo ya sabía por experiencia propia que una voz tiene poco impacto por sí sola, pero nuestra colaboración con Amnistía me dio la oportunidad de contar mi historia y dar a conocer el contexto irlandés a dirigentes de Irlanda y del extranjero.

Quiero pensar que nuestra aportación colectiva influyó en las recomendaciones que formularon muchos de los países miembros de Naciones Unidas en mayo de 2016, cuando se examinó el historial de Irlanda en materia de derechos humanos. Juntos, instaron a Irlanda a cambiar su ley altamente restrictiva sobre el aborto. Trabajar con Amnistía también ha dado peso a nuestra afirmación de que no somos delincuentes y que, al negarse a darnos tratamiento en nuestro propio país, Irlanda infringe nuestros derechos humanos.

Creo que compartir mi experiencia ha ayudado a generar un debate público que no existía en Irlanda. Los irlandeses y las irlandesas comprenden cada vez mejor que la octava enmienda a la Constitución, que equipara el derecho a la vida del feto con el de la mujer, no sólo afecta a personas en circunstancias como las mías, sino a personas en circunstancias dispares. Ya no se percibe como una cuestión de “blanco o negro”, sino que se ha convertido en un debate profundo y lleno de matices, con toda la complejidad de las situaciones reales.

La mayoría de los irlandeses e irlandesas son personas solidarias y compasivas que no quieren que continúe este sufrimiento. Nuestras leyes deben reflejar eso. Gracias a mi trabajo con Amnistía, he descubierto que éstas son opiniones que comparten personas de todo el mundo. Su apoyo ha sido una lección de humildad para mí y, al mismo tiempo, me ha resultado inspirador.

Trabajar con Amnistía también ha dado peso a nuestra afirmación de que no somos delincuentes [...].
Gaye Edwards

Mayor facilidad para hablar abiertamente

En mi caso, cuando mi marido y yo estábamos tratando de sobreponernos a nuestra tragedia, algunos familiares más mayores y más conservadores nos transmitieron solidaridad y apoyo, pero no hablaban con nadie más de la injusticia de la situación porque el tema del aborto siempre se había considerado tabú. Ahora, en cambio, cuentan nuestra historia con libertad y les enorgullece que busquemos justicia.

Y ahora, ¿qué? Yo creo que la respuesta más breve es: “¡Más de lo mismo!”. Seguiremos contando lo que nos pasó para ayudar a que el público en general conozca las anomalías mortales del feto.

Seguiremos contando lo que nos pasó para ayudar a las mujeres que han sufrido pérdidas en secreto a darse cuenta de que no hicieron nada malo, no son delincuentes y no están solas.

Seguiremos haciendo todo esto hasta que el entorno jurídico y social respete las decisiones de las mujeres y deje de castigarnos por sufrir una tragedia.

Seguiremos contando lo que nos pasó [...] hasta que el entorno jurídico y social respete las decisiones de las mujeres y deje de castigarnos por sufrir una tragedia.
Gaye Edwards