Con ojos sirios: La vida diaria para las personas refugiadas en Líbano

De Ali

Ali huyó a Líbano cruzando la frontera en 2013 tras haber sido detenido dos veces en Siria por su activismo pacífico. Cuando la crisis se agudizó y muchos miles de personas se vieron obligadas a convertirse en refugiadas, Ali y sus amigos hicieron un llamamiento en Facebook para pedir ropa y mantas. Su idea se transformó en una organización humanitaria llamada Syrian Eyes. Hoy apoya a 740 familias a través de ocho proyectos de ayuda humanitaria en el valle de la Bekaa, en el este de Líbano, que proporcionan empleos, alimentos, ayuda médica, educación y mucho más. Ali, que trabaja asiduamente como voluntario, nos ofrece una visión de cómo es un día normal allí.

Abo Tareq, taxista de Ali.

“Huí a Siria durante la guerra civil en Líbano”, dice Abo Tareq, taxista libanés de 68 años. “Comprendo plenamente lo dura que puede ser la guerra y lo que significa no tener un hogar.” Conocí a Abo Tareq un día en un trayecto por Beirut [la capital de Líbano]. La verdad es que yo no tenía suficiente dinero, pero me ofreció un precio muy barato y desde entonces somos buenos amigos. Viene en la mayoría de mis viajes, incluso a los asentamientos sirios en el valle de la Bekaa [a dos horas de viaje al nordeste de Beirut].

La carretera principal de Damasco.

Pasamos ante una señal que anuncia la frontera siria en la carretera principal de Damasco. Resulta extraño que estemos a sólo 30 minutos, pero que no podamos llegar hasta allí. Visito la Bekaa más o menos una vez por semana. A veces me quedo algún tiempo para ayudar a preparar leña en invierno, por ejemplo. Antes me quedaba en el centro comunitario que construimos, pero se incendió hace 10 meses. No hemos podido reconstruirlo todavía debido a problemas de registro. Es estresante.

Abo Rabiaa (centro) en su supermercado.

A la entrada del campo de Jarrahieh nos detenemos para comprar alimentos en un supermercado propiedad de Abo Rabiaa (centro). Syrian Eyes lleva a cabo repartos de alimentos aquí una vez cada cuatro o seis meses, con más frecuencia en invierno. Abo Rabiaa emplea a ocho sirios en sus dos tiendas, y utiliza sus buenos contactos locales para apoyar nuestro trabajo: conseguir tratamiento médico gratuito para las personas refugiadas en el hospital, por ejemplo, o ayudar a quedar en libertad a personas que han sido detenidas por las autoridades libanesas por no poseer documentos de residencia. “Estamos al servicio de la gente pobre”, dice.

Younes aporta su camión para ayudar a distribuir alimentos y ropa.

Younes, camionero libanés de 37 años, vive al lado del campo de Jarrahieh. Usa su camión para ayudar a Syrian Eyes a distribuir alimentos, ropa, etc. “Siempre me pongo a mí y a mi familia en su situación”, dice. “Puedo imaginar lo que significaría para mí la ayuda de alguien.”

Entro en el campo para visitar a amigos y comprobar qué necesitan. Nos ocupamos de unas 2.500 personas refugiadas: llevamos a la gente al hospital, proporcionamos depósitos de agua y gestionamos un proyecto cultural llamado Syria in my mind. Es importante enseñar a los niños y niñas la historia de su patria, para que no se trate sólo de gente combatiendo y bombas, sobre todo a los que nacieron en Líbano.

Abo-Mohamad, de 27 años, refugiado y voluntario.

Abo-Mohamad, de 27 años, fue una de las primeras personas en el campo que trabajó como voluntario para Syrian Eyes. Ahora trabaja en la panadería que construimos el año pasado.Abo-Mohamad perdió a sus padres hace tres años en un bombardeo que destruyó su casa: “Huí de Siria con mis dos hermanas y mis dos hermanos”, dice. “Dependen de mí para conseguir alimentos y otros artículos básicos. Para un refugiado sirio es muy difícil vivir en un campo sin documentos de residencia y sin ningún otro derecho.”

Eyad, de 28 años, con uno de sus hijos.

“Las noticias me dicen que puedo esperar volver a Siria en enero de 2017”, bromea Eyad, de 28 años, que huyó a Líbano en 2014. A la gente de aquí le encanta su peculiar sentido del humor. Pero su historia personal es dura. “Mi casa en Siria quedó totalmente destruida por un ataque aéreo y mi esposa sufrió lesiones en una pierna. No podemos cubrir los gastos de su intervención quirúrgica y su estado empeora. Usamos los vales de la ONU [13,50 dólares de EE. UU. por persona al mes] para comprar alimentos y leche para nuestros tres niños pero no es suficiente. Tenemos que pagar al casero 40 dólares al mes; le debo ya 460 dólares y no tengo ni idea de cómo se los pagaré. Recojo zapatos viejos en la calle –todo lo que entre en esta estufa– para poder calentar a mi familia.”

La panadería.

Visitamos la panadería construida por Syrian Eyes y una organización alemana, Jasmin-Hilfe. La panadería proporciona cuatro puestos de trabajo, tan necesarios para la gente de Jarrahieh, y un delicioso pan caliente para unas 100 familias cada día. Juntos hemos fundado también una clínica de campaña gestionada por dos médicos locales, que presta servicios médicos gratuitos a unas 600 personas al mes. Problemas de salud como la neumonía son frecuentes, sobre todo entre los niños y niñas. Se pueden oler gases tóxicos por todas partes; la gente quema todo lo que encuentra, como zapatos y plástico, porque la leña y el diesel son muy caros.

Palomas volando sobre una vivienda del campo.

Algunas personas del campo crían palomas como pequeña fuente de ingresos. Muy pocos hombres sirios pueden encontrar trabajo en Líbano, por lo que son sobre todo las mujeres y los niños y niñas quienes trabajan. Los niños y niñas venden pañuelos Kleenex o goma de mascar en la calle en vez de ir a la escuela. No es un lugar seguro para ellos. A veces vamos a divertirnos con los niños y niñas:  escuchamos música, cantamos, los llevamos a la zona de juegos y compramos dulces. Siempre estamos presentes con ocasión de en ceremonias como el Día de la Madre y el Eid.

Vista nocturna de Beirut.

Nos despedimos y emprendemos el viaje de regreso a Beirut. No es una buena idea hacer este viaje con Abo Tareq de noche. Debido a su edad, no ve muy bien en la oscuridad, por lo que colaboro en la conducción, avisándolo de los cruces y las barreras. Nos recibe esta hermosa vista nocturna de Beirut. “Admiro lo que ustedes están haciendo”, dice Abo Tareq. “Espero que esta guerra acabe muy pronto.”

Líbano acoge ya  a más de un millón de personas refugiadas de Siria: uno de cada cinco habitantes del país es una persona refugiada. Amnistía insta a los gobiernos de todo el mundo a compartir esta enorme responsabilidad, y a ayudar a quienes más lo necesitan mediante soluciones globales como el reasentamiento.