Refugiados sirios comienzan una nueva vida en Noruega gracias al reasentamiento

De Ina Strøm from Amnesty Norway

El reasentamiento es una tabla de salvación para algunos de los refugiados más vulnerables del mundo. Una joven familia de Siria nos cuenta el enorme cambio que trasladarse a Noruega ha supuesto en sus vidas.

“Las autoridades noruegas programaron deliberadamente la llamada para el primer cumpleaños de Kahraman”, recuerda Sherihan, música de 29 años. “Dijeron: ‘Tenemos un regalo para ustedes. ¡Pueden venir a Noruega!’. No sabíamos nada de Noruega, pero nos pusimos muy contentos.”

En un luminoso apartamento de un modesto edificio de la década de 1950 en un tranquilo rincón de Oslo, Noruega, ella y su esposo bromean. “Así veo yo Noruega”, dice Hennan, artista de 31 años: “¡Primero los niños, luego la mujer, después el perro, y por último el hombre!” Los dos ríen.

Trozos de pan salpicados de sangre

Esta escena feliz no tiene nada que ver conlo que dejaron en Alepo, Siria. “Aquella época fue difícil”, dice Hennan. “Vi cómo unos francotiradores mataban a un hombre cuando volvía de la panadería.

“Llevaba un pan encima de la cabeza para que se viera que no iba armado. Alrededor de su cuerpo quedaron trozos de pan salpicados de sangre. Vi cómo una mujer reunía los trozos, probablemente tenía niños hambrientos en su casa.”

“La mayoría de mis nuevos bocetos son tristes”, agrega Hennan, “porque se basan en nuestras experiencias de la guerra”.

Kahraman, de dos años, mira los dibujos de su padre. © Amnesty International

Sobrevivir a duras penas en Siria

“En Alepo nuestra vida era sencilla”, dice Sherihan. “Íbamos a trabajar, preparábamos la cena y pasábamos tiempo con la familia o los amigos. Yo tocaba la flauta en un instituto de música. Tenía muchos sueños. Ahorrábamos para comprar un buen automóvil y una casa grande, un lugar para criar a un hijo. Ya sabes, las cosas que todo el mundo desea.”

“Me encantaba estar en casa, hablando de política con mis amigos o leyendo”, dice Hennan. “Tenía unos 700 libros. Algunos eran ilegales, sobre religión o política, o en kurdo [lengua minoritaria prohibida en las escuelas, los centros de trabajo y los libros sirios].

“Nuestro apartamento estaba en la línea divisoria de la zona de la oposición y la del gobierno. Un día alguien disparó y mató a nuestro vecino, sólo porque pensaron que apoyaba a Assad [el presidente de Siria].

“Nos mudamos al campo”, continúa Sherihan. “Hacía frío, y no había mucha comida, ni agua y electricidad. Entonces yo estaba embarazada. No podíamos pensar en el futuro, sólo teníamos capacidad para sobrevivir.” Su hijo, Kahraman, nació el 24 de junio de 2013.

Añoro a la persona que era antes de la guerra
Sherihan

Tiempos difíciles en Turquía

“Cuando Kahraman tenía unos meses, nos dimos cuenta de que no respondía bien a nuestros movimientos”, continúa Sherihan. “Un médico me dijo que era ciego y lo sería toda su vida. Quedé destrozada.

“Decidí volver a Alepo para solicitar una segunda opinión. Tardé 13 horas y tuve que cruzar una calle donde los francotiradores habían disparado y matado a mucha gente. Tomé a Kahraman en mis brazos, y eché a correr.

Sherihan con su flauta, una de las pocas pertenencias que pudo llevar consigo cuando su familia huyó del conflicto de Siria. © Amnesty International

“El médico me dio algunas esperanzas, pero dijo que tendríamos que llevar a Kahraman de nuevo a Alepo para someterlo a revisiones periódicas. Fue entonces cuando decidimos ir a Turquía.

“En Turquía fue aún más difícil que en Siria. Vivimos nueve meses en un piso pequeño con otras tres familias. Hennan trabajaba todo el día por poquísimo dinero. No podíamos dar a Kahraman la atención médica que necesitaba. Fue la peor época de mi vida.”

Tras registrarse en ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, se dijo a la joven familia que reunía las condiciones para ser reasentada.

“Un día nos dijeron que la Dirección General de Inmigración noruega quería entrevistarnos”, dice Sherihan.

A salvo por fin

Dos meses después, estaban por fin camino de la seguridad. “Viajamos ligeros de equipaje, llevando sólo nuestras posesiones más preciadas: el ordenador portátil con imágenes de las obras de Hennan y de nuestra vida, y mi flauta”, dice Sherihan.

“Recuerdo el momento mismo en que tomamos tierra en Oslo, el 23 de septiembre de 2014. Fue un momento tan importante: ¡estábamos a salvo por fin!”

“Noruega es muy diferente de Siria”, dice Hennan. “El clima es aún más frío de lo que esperábamos. Pero cuando encontramos literatura kurda en la biblioteca, supimos que habíamos llegado a un lugar donde la libertad era una  realidad.”

Hennan mira algunos de sus nuevos bocetos. Tuvo que dejar todas sus obras cuando huyó de su hogar en Alepo, Siria. © Amnesty International

Una vida normal

Hennan nos muestra algunas fotografías de Sherihan tocando la flauta en su boda en 2010, vestida de blanco con detalles de encaje. “Añoro a la persona que era antes de la guerra”, dice ella.  “Mi antigua vida.”

Pero están comenzado a adaptarse. Los dos hablan ya noruego con fluidez. Kahraman, a sus dos años, está un poco inquieto alrededor de otros niños en el jardín de infancia debido a su deficiente visión. Pero no deja de preguntar por su nueva amiga, Mina, y se mueve a gran velocidad por el apartamento.

“Nuestros amigos nunca nos preguntan por qué no vamos a la mezquita, ni hacen comentarios si nos tomamos un par de cervezas”, dice Sherihan. “Nunca juzgan. ¡Pero están obsesionados con los cascos para bicicletas! Un amigo no deja de reprenderme por no usarlo”, dice Sherihan con una sonrisa.

Tomé a Kahraman en mis brazos, y eché a correr.
Sherihan

Siguen teniendo familiares y amigos en Siria: “Mi única esperanza es que la guerra termine pronto”, dice Hennan. “Hasta que termine, la gente se verá obligada a huir. La comunidad mundial debe hacer más para poner fin a la guerra.” “Todos los países deben recibir a personas refugiadas, y el número debe ser equilibrado y justo”, agrega Sherihan.

“Si tuviera que desear algo, sería un empleo, independencia y estar con nuestros seres queridos”, dice Sherihan. “Una vida normal en condiciones de seguridad: es así de sencillo.”

Más de 4 millones de personas refugiadas procedentes de Siria están en sólo cinco países de la región. Amnistía pide que 400.000 –las que ACNUR considera más vulnerables– sean reasentadas en los países más ricos del mundo antes de terminar 2016. También calculamos que 1,45 millones de personas en todo el mundo necesitarán ser reasentadas hasta el final de 2017.