Escolares liberados revelan torturas, miedo y ansiedad durante cautiverio en poder del IS

De Noor Al-Bazzaz

Noor Al-Bazzaz del equipo de Siria de Amnistía Internacional

El 29 de octubre, cinco meses después de ser secuestrados y tomados como rehenes por el grupo armado autodenominado Estado Islámico (IS), un grupo de 25 estudiantes de Kobani fueron liberados inesperadamente.

Eran los últimos cautivos que quedaban de un grupo de alrededor de 150 escolares de la sitiada ciudad de mayoría kurda del norte de Siria que regresaban de sus exámenes de final de curso en Alepo, en mayo, cuando miembros del IS detuvieron su autobús escolar en un control y los secuestraron. En los meses siguientes fueron liberados esporádicamente. Los chicos con los que hablamos contaban historias de terror sobre su vida de cautiverio en poder del IS.

En Suruç, una localidad turca a sólo 10 km de Kobani, los refugiados procedentes de la ciudad sitiada me dijeron que la espeluznante experiencia era típica de los muchos secuestros cometidos por el IS en el año y medio transcurrido desde que el grupo armado sitió su ciudad.

Uno de los estudiantes liberados, un chico de 15 años que prefirió permanecer en el anonimato, describió los cuatro meses que pasó en poder del IS, detallando las torturas que el grupo armado infligió a los estudiantes que desobedecían las rígidas normas o intentaban huir.

En Suruç, localidad turca a sólo 10 km de Kobani, los refugiados contaron a Amnistía Internacional terribles testimonios de su secuestro por el IS. © ARIS MESSINIS/AFP/Getty Images

Además de ser obligados a asistir a “clases religiosas” cada día, los estudiantes debían seguir una lista estricta de normas que incluían irse a dormir a las 10 de la noche, permanecer en sus habitaciones en todo momento salvo en las horas de oración y guardar silencio. Quienes incumplían las normas eran castigados, a menudo con palizas.

“La escuela de Manbej donde estábamos encerrados tenía dos plantas. Nosotros estábamos en la planta de arriba y los combatientes dormían en la de abajo. A todos nos daba miedo la planta baja; había una sala a la que llamaban la “sala de tortura”, a donde se llevaban a los estudiantes que se portaban mal y donde los pegaban; también es la sala donde tenían todo el material de tortura, como la electricidad, las mangueras y las cuerdas.

“A los que sorprendían intentando huir los pegaban en la planta de arriba, delante de los demás estudiantes. Creo que era una advertencia para los demás, aunque me parece que no servía de nada. Todos pensábamos que no nos iban a liberar nunca, así que aunque era terrible presenciar las palizas, en unos días se superaba el miedo y algunos chicos intentaban huir otra vez.

“Yo intenté escapar y me atraparon junto con otros tres chicos. Me colgaron de las muñecas del techo alrededor de media hora.

“Luego nos pegaron delante de todos; eran tres de ellos pegándonos a tres de nosotros. Usaban las manos, las piernas y mangueras. Después me llevaron abajo y me dieron descargas eléctricas. Me pusieron pinzas en los dedos y encendieron la electricidad cinco veces.”

El uso de la electricidad y la práctica de colgar a las personas del techo de las muñecas, también conocida como shabah, han sido documentados ampliamente en prisiones y centros de detención de Siria y se cree que suelen aplicarlo los miembros de los servicios de seguridad y de inteligencia de Bashar al Assad.

El estudiante liberado contó que había visto que se llevaban a un amigo a un hospital del IS después de una paliza. Al parecer, el chico sufrió varias lesiones graves en la cabeza antes de desmayarse.

“Parecía mareado y de pronto cayó al suelo. Los combatientes se lo llevaron directamente a un hospital y lo devolvieron tres días después, pero no estaba bien. Estuvo casi sin moverse unos 20 días después de eso; sólo hablaba. Empezó a moverse lentamente poco antes de ser liberado.

“Espero que nadie caiga en manos de esta gente. Algunos de los estudiantes se desmayaban de miedo después de ver las palizas que daban para castigarnos a los que nos portábamos mal o intentábamos huir, así que puede imaginarse lo brutales que eran. Espero que nadie tenga que pasar por eso de nuevo.”

Su voz temblorosa recordaba que este chico de 15 años, como las decenas de estudiantes secuestrados, no era más que un niño.

Para las personas cuyos familiares siguen bajo custodia del IS, estas historias, así como los videos de propaganda del grupo, sólo sirven para aumentar la alarma y el miedo mientras esperan recibir noticias de la suerte de sus seres queridos.

Pocos días antes de que liberasen al último grupo de estudiantes, “Omar”, el padre de uno de los niños que seguía en cautividad, me habló de la incertidumbre y el miedo con los que vivían su esposa y él:

“Tenemos miedo de dar la voz de alarma, tenemos miedo de divulgar el cautiverio de nuestro hijo en los medios de comunicación. Nadie sabe cómo funciona este grupo ni cómo podrían reaccionar. Son totalmente impredecibles.”
Justo unos días después, el hijo de Omar fue liberado junto con el resto de los estudiantes.

Tras la liberación de su hijo, llamé a Omar para felicitarle. Dijo que no sabía por qué habían retenido tanto tiempo a su hijo ni por qué había sido liberado, sólo que la experiencia había dejado huella en su familia:

“Cuando tienes hijos, el instinto humano es hacer todo lo que puedes para protegerlos. Eso es lo que sentía; estaba dispuesto a todo para recuperar a mi hijo, pero no podía hacer nada. Eso era muy doloroso.

“Soy una persona fuerte, pero ni siquiera yo pude mantener la calma cuando lo volví a ver. Su madre no lo soltaba, lo abrazó y lloró 15 minutos."

Más información: 

Vida y muerte en la tierra de nadie entre Siria y Turquía (blog, 11 de noviembre de 2014)