Nigeria: Una seria prueba para la estabilidad

De Salil Shetty, salilshetty

Por Salil Shetty, secretario general de Amnistía Internacional

Cuando Nigeria está de plena actualidad por celebrarse en el país el Foro Económico Mundial sobre África, los hechos que han tenido lugar en las últimas semanas han empañado su imagen de país que ha llegado a la mayoría de edad.

En abril, mientras el país más populoso de África asumía la presidencia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y la presidencia del Consejo de Paz y Seguridad de la Unión Africana, trascendió la noticia de que Nigeria también había adelantado a Sudáfrica como la primera economía del continente.

Sin embargo, aunque su papel en el ámbito regional y en el mundo no podría ser más importante, acontecimientos recientes –y sobre todo el secuestro de más de 200 niñas por el grupo armado islamista Boko Haram– indican que Nigeria se hace frente a una seria prueba interna para su estabilidad que también amenaza la paz y la seguridad en la región.

Cuando han transcurrido más de tres semanas desde que las niñas fueran secuestradas en una escuela de enseñanza secundaria de una población del noreste de Nigeria, continúa sin conocerse su paradero y aumenta la frustración al no haberlas encontrado el gobierno. De hecho, las únicas detenciones practicadas hasta ahora en relación con los secuestros han sido las de dos mujeres que protestaban por la lentitud de la respuesta gubernamental.
Este horrendo secuestro muestra la gravedad de las violaciones del derecho internacional humanitario y del derecho internacional de los derechos humanos que está cometiendo Boko Haram. Es de vital importancia que Nigeria actúe con rapidez y firmeza para lograr el regreso seguro de las niñas secuestradas –con apoyo internacional si es necesario–, pero el proceso también debe demostrar un compromiso con la dignidad humana, los derechos humanos, la transparencia y la rendición de cuentas. Para ello Nigeria necesita la ayuda de todos sus amigos que asisten al Foro Económico Mundial en Abuja.

Intensificación de la violencia

En mayo de 2013, tras la intensificación de la violencia de Boko Haram en el noreste de Nigeria, el presidente Goodluck Jonathan declaró el estado de excepción en Adamawa, Borno y Yobe, tres estados especialmente afectados por la insurgencia.

Pero, un año después, la violencia se ha intensificado en cuanto a alcance y a víctimas, y la población es cada día más vulnerable no sólo a los abusos cometidos por Boko Haram sino también a violaciones de derechos humanos cometidas por las fuerzas de seguridad del Estado, que a menudo han respondido también con una violencia excesiva e indiscriminada.

En los primeros cuatro meses de 2014, más de 1.800 personas han perdido la vida en el conflicto. En abril, el mismo día que las niñas fueron secuestradas en Chibok, estado de Borno, un automóvil bomba colocado por Boko Haram en una estación de autobuses de Abuja causó la muerte de más de 70 personas. Varias instituciones, entre ellas Amnistía Internacional, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), la fiscalía de la Corte Penal Internacional (CPI) y la Comisión Nacional de Derechos Humanos de Nigeria, reconocen que la situación se ha deteriorado hasta convertirse en un conflicto armado no internacional.

El CICR y la CPI han calificado las acciones de Boko Haram de crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra. La fiscal de la CPI determinará en breve si abre o no una investigación formal sobre la situación en Nigeria.

Ningún gobierno responsable puede cruzarse de brazos y no hacer nada ante semejante despliegue de horror. Pero el desafío es responder de tal manera que se fortalezca en vez de reducir la resiliencia del país y sus instituciones, se haga valer la dignidad de las comunidades afectadas y no implique a actores estatales en graves violaciones del derecho internacional de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario.

La oleada de violencia de Boko Haram no puede justificar el aumento de las denuncias de homicidios ilegítimos, ejecuciones extrajudiciales y tortura cometidos por las fuerzas de seguridad del Estado que llevó a Amnistía Internacional a concluir en marzo de 2014 que tanto Boko Haram como las fuerzas de seguridad de Nigeria han cometido crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra.

En el periodo previo a las elecciones que se celebrarán en Nigeria en febrero de 2015, el gobierno nigeriano y sus aliados deben forjar nuevas alianzas para dar pasos legítimos contra esta insurgencia. Pero no debe hacerlo a costa de los derechos humanos.

¿Qué debe ocurrir? La estrategia del país contra la insurgencia debe sustentarse en el reconocimiento de los derechos humanos y el apoyo a la resiliencia de las comunidades.

Investigación transparente

Para alcanzar estos objetivos, el gobierno, en coordinación con la Comisión Nacional de Derechos Humanos, debe llevar a cabo una investigación transparente sobre todas las denuncias de abusos cometidos por los dos partes. Es preciso apoyar a las instituciones nacionales de rendición de cuentas, con ayuda internacional si es necesario.

Deben abordarse las atrocidades que comete Boko Haram. ¿Cómo puede un país vivir en un estado de miedo en el que niñas en edad escolar son vulnerables a secuestros y ataques?

Pero una respuesta de seguridad excesiva no es la solución. Nigeria debe cumplir con las obligaciones contraídas en virtud del derecho internacional humanitario y las normas de derechos humanos. La Comisión Nacional de Derechos Humanos ha pedido ya la revisión y la actualización inmediatas de las reglas de intervención de las fuerzas de seguridad, y tiene que haber un compromiso de impartir nueva formación en consecuencia.

Debe permitirse el acceso adecuado y seguro de la Comisión –y de otros observadores independientes– para supervisar todos los lugares de detención, y todas las partes en el conflicto deben permitir el acceso de humanitario y la protección de los civiles y de las comunidades afectadas. Los asociados y aliados de Nigeria pueden brindar ayuda para que esto sea posible.

En una intervención en el Consejo de Seguridad de la ONU en abril, el representante permanente de Nigeria ante las Naciones Unidas dijo que su presidencia mensual promovería la causa de la paz y la seguridad internacional y ayudaría a la ONU a abordar los asuntos de África. Una meta loable, pero que sólo podrá alcanzarse si Nigeria muestra un auténtico liderazgo y respeto por los derechos humanos en sus esfuerzos para derrotar a la insurgencia.

Mientras el mundo contiene la respiración mientras aguarda el regreso seguro de las niñas secuestradas, también debemos esperar que los secuestradores comparezcan ante la justicia y que Nigeria pueda servir de ejemplo en la protección de los derechos humanos además de en el desarrollo económico.

Nota: Este artículo de opinión se publicó originalmente en Al Jazeera

Salil Shetty

Activista desde hace mucho tiempo sobre la pobreza y la justicia, Salil Shetty dirige el trabajo del movimiento a escala mundial para poner fin a las violaciones de derechos humanos, y ha liderado un importante cambio en el trabajo de Amnistía Internacional con la mirada puesta en el Sur global.