Refugiados sirios gays luchan por sobrevivir en el Líbano

De Khairunissa Dhala

Cuando Khalil, de 26 años, llegó al Líbano huyendo del conflicto y de la crisis humanitaria de Siria, creyó que al fin su vida mejoraría.

Pero una noche lo convencieron para que se reuniera con dos hombres que, según cuenta, lo violaron y le robaron el dinero de la cartera y su teléfono móvil.

Khalil nunca denunció a la policía la presunta violación. Es un refugiado y, además, gay. Temió que lo sancionaran y que a nadie le importara lo que le había pasado.

Después de eso intentó suicidarse; un amigo lo encontró y lo llevó al hospital.

Aunque se suele pensar que el Líbano es el país más tolerante de la región, el Código Penal libanés, al igual que el sirio, considera ilegales los “actos homosexuales”. La comunidad lesbiana, gay, bisexual, transgénero e intersexual (LGBTI) del país tiene una importancia creciente, pero la cuestión sigue siendo tabú.

Al igual que el casi millón de refugiados sirios que viven en el Líbano, Khalil dice que sufre a diario la discriminación a causa de su nacionalidad. Pero como gay, sus dificultades son mayores.

La mayoría de los refugiados de Siria en el Líbano se inscriben en el ACNUR, la agencia para los refugiados de la ONU, para tener acceso a la ayuda. Supe que muchos gays no revelan su identidad sexual al inscribirse como refugiados ante la ONU por miedo al estigma añadido al que eso les expondría.

Quienes se han inscrito dicen que los proveedores de servicios del ACNUR suelen dudar de si son gays antes de proporcionarles ayuda y no son sensibles a sus necesidades.

La mayoría dice que no ha podido encontrar la seguridad que buscaban fuera de Siria.
Omar, de 34 años, se trasladó a Líbano en noviembre de 2012 desde Siria, donde temía que los islamistas radicales que habían tomado su ciudad le persiguieran por ser gay. Sin embargo, sigue teniendo problemas para sentirse a salvo.

“En general no me siento a salvo ni estable. Es peor porque no sólo soy gay, sino también sirio. Hay una doble discriminación”, dijo.

Una vez en el Líbano, la mayoría de los refugiados procedentes de Siria tienen problemas con el elevado coste de la vida y la falta de ayuda.

Debido a las dificultades económicas y a los problemas para acceder a los servicios, los refugiados dependen cada vez más de la ayuda de otros. Esto podría hacer que terminen en relaciones abusivas porque no tienen otro lugar a donde ir.

Hamid, de 26 años, llegó al Líbano en 2011 y al principio vivió con un novio libanés que, según dice, le maltrataba y le daba palizas para que tuviera relaciones sexuales con los amigos del hombre.

“Me hizo mucho daño físicamente. Me rompió la pierna y me golpeó en la oreja y no puedo oír bien. Nunca salí de su casa porque no tenía a donde ir. Toleré las palizas… Me amenazó con echarme de la casa si no tenía relaciones sexuales con los invitados”, dijo.

En noviembre de 2013, Hamid huyó y durmió en la playa dos noches antes de inscribirse ante el ACNUR. Tiene hepatitis B, un virus que afecta al hígado, y ha informado al ACNUR de su enfermedad.

El coste del tratamiento para una enfermedad crónica como la hepatitis B es muy elevado y no está cubierto por la ONU ni por el sistema sanitario libanés.

Hamid logró hacerse las pruebas que confirmaron su enfermedad, pero el tratamiento cuesta 3.000 dólares estadounidenses al mes en el Líbano y no tiene ese dinero. No puede trabajar y le preocupa que si cae enfermo no haya nadie que le cuide.

Sin más ayudas ni perspectivas de recibir tratamiento médico, Hamid está tan desesperado que incluso considera la posibilidad de volver a vivir con el hombre que le pegaba.

Khalil, Omar y Hamid dicen que esperan que al final los reasienten en un país donde no tengan miedo a reconocer abiertamente que son gays y puedan tener acceso a servicios médicos y al derecho a trabajar.
Hasta entonces, seguirán tratando de sobrevivir como puedan en el Líbano.

Todos los nombres son ficticios para proteger la identidad de los afectados.