11.000 razones para hacer realmente algo sobre Siria

De Philip Luther, Middle East and North Africa Director at Amnesty International.

En el suelo, sucio, yacen cuerpos golpeados, contusionados, quemados, estrangulados. Algunos muestran signos de muerte por inanición, a otros les faltan los ojos, y hay bastantes que parecen haber sido electrocutados. Es casi imposible describir el horror… pero era de esperar.

Los millares de fotografías incluidas en un informe publicado hoy son prueba de la tortura y homicidio de alrededor de 11.000 personas detenidas en Siria desde el comienzo del levantamiento, en 2011, hasta agosto del año pasado.

Aunque no podemos autenticar las imágenes, lo que denuncian coincide con algunos aspectos de las investigaciones de Amnistía Internacional sobre el uso generalizado de la tortura y la desaparición forzada por parte de las autoridades sirias, así como sobre las muertes bajo custodia.

La amplia experiencia y la reputación de los abogados y peritos forenses internacionales encargados de la investigación también contribuyen a darles credibilidad.

Inevitablemente, el horror absoluto que ilustran estas imágenes ensombrecerá las conversaciones de paz que van a celebrarse en Ginebra en los próximos días.

Los líderes mundiales condenarán, probablemente, los abusos y expresarán su consternación por las imágenes.

Pero la cuestión es: ¿Qué se puede hacer para impedir que mueran torturadas 11.000 personas más?
Se calcula que durante la crisis se ha detenido a decenas de miles de personas. Entre las que continúan recluidas hay activistas de los derechos humanos, profesionales de la salud y trabajadores humanitarios considerados críticos con las autoridades.

A algunas les han impuesto largas penas de prisión en juicios injustos, mientras que otras se encuentran recluidas sin cargos ni juicio en centros de detención gestionados por los múltiples servicios de inteligencia de Siria. El caso es que se desconoce el paradero de muchas de ellas.

Lo que todas tienen en común es la escalofriante posibilidad de que estén sufriendo los mismos abusos que han conmocionado hoy al mundo.

Majd al-Din al-Kholani, de 25 años, es una de esas personas detenidas. Se halla recluido en régimen de incomunicación desde que lo detuvieron en Daraya, ciudad situada al suroeste de Damasco, en 2011, cuando ofreció a los soldados sirios botellas de agua con flores como muestra de oposición al uso de la fuerza contra los manifestantes.

Amnistía Internacional ha recibido recientemente información creíble según la cual su caso se ha remitido a un tribunal militar de campo, que podría imponerle la pena de muerte o una larga condena de prisión.

En otro suceso ocurrido en agosto de 2013, un grupo armado secuestró en pueblos musulmanes predominantemente alauíes al menos a 105 civiles, en su mayoría mujeres niños, con la intención de canjearlos por combatientes de la oposición capturados por el gobierno. Los rehenes continúan retenidos.

Los Estados participantes en las conversaciones de Ginebra tienen una enorme responsabilidad. Deben instar a las autoridades sirias a que dejen en libertad a los activistas pacíficos detenidos, permitan el acceso a la comisión de investigación y a otros órganos de derechos humanos para que investiguen las violaciones de derechos humanos de que se ha tenido noticia y vigilen el trato que se dispensa a las personas detenidas y remitan la situación en Siria a la fiscalía de la Corte Penal.

Deben también valerse de toda influencia que tengan sobre los grupos armados de oposición para conseguir que liberen a los civiles retenidos y traten a los soldados y demás personas capturadas con humanidad.

Toda persona que se encuentre actualmente bajo custodia del gobiernos sirio debe ser puesta en libertad si no está acusada de ningún delito reconocible. Los juicios deben cumplir las normas internacionales. Toda persona privada de libertad debe tener de inmediato acceso a su familia, a abogados y a servicios médicos.

Las terribles fotografías publicadas hoy han de servir de prueba de la necesidad de dar prioridad en toda agenda y debate a los derechos humanos y la justicia.

Los participantes en las conversaciones de paz de Ginebra no pueden quedarse callados.
Los indicios de crímenes de lesa humanidad a escala masiva son innegables.

¿Qué más hace falta para convencerlos de que tomen medidas efectivas para poner fin a tales crímenes y lleven a sus autores ante la justicia?