“Me dio más miedo la policía griega que el ejército sirio”

El caos del tráfico durante el viaje en autobús desde el aeropuerto me dio el tiempo que necesitaba para reflexionar sobre mi reciente viaje de investigación, en el que había estudiado el modo en que Grecia está cerrando las puertas a los refugiados que buscan seguridad en la Unión Europea (UE).

Acababa de salir de Atenas y estaba en Estambul, donde iba a seguir entrevistándome con muchas más familias de refugiados procedentes de Siria. Ellas también me dijeron que la práctica ilegal y peligrosa de las devoluciones ilegales estaba desbaratando sus sueños.  

Las temidas devoluciones ilegales desde Grecia

Volví a escuchar la grabación del testimonio de X., un joven sirio de origen palestino a quien conocí en un café del centro de Atenas donde los refugiados sirios han empezado a reunirse. Consiguió llegar a Grecia en el segundo intento: la primera vez fue una pesadilla aterradora en la que su embarcación fue devuelta ilegalmente, y la segunda fue maltratado por la policía, lo que le ha dejado atemorizado. Su voz grave cobró vida cuando reproduje la entrevista y él volvió a contar, despacio pero sin pausa, su desgarradora historia.

“Casi morimos”, me dijo, recordando que unos meses antes, en su primer intento de entrar a Grecia desde Turquía, estaba en un grupo de 45 hombres, mujeres y niños a bordo de una atestada barca de plástico. Tras huir de la guerra en Siria, muchos de ellos habían sufrido horrores sin cuento.

La visión de la guardia costera griega aproximándose desató el pánico en algunos de los viajeros. Temiendo que fueran todos devueltos a Turquía, uno de ellos hizo un agujero en la embarcación con un cuchillo y todos acabaron en el agua. Los guardias costeros los recogieron del mar, pero les dejaron cuatro horas mojados y tiritando de frío en su barco. Y en lugar de ponerlos a salvo en la costa griega, X. explicó que los guardacostas les pegaron sin motivo antes de devolverlos finalmente a Turquía.

Aunque consiguió llegar a Atenas en su segundo intento, los malos tratos a manos de la policía griega a su llegada le ha dejado visiblemente conmocionado.

“No quiero pedir asilo en Grecia. Me dio más miedo la policía griega que el ejército sirio”, dijo.

La inmensa mayoría de los refugiados recién llegados quieren continuar viaje a otros países europeos, pues son conscientes de que en Grecia no hay futuro para ellos.

Mientras estuve en Atenas y en otras partes de Grecia oí historias similares de devoluciones ilegales, malos tratos y personas despojadas de sus pertenencias. Pero estas historias también ilustran el coraje y la valentía de personas y familias enteras con bebés que tuvieron que huir de las guerras y del peligro. Muchos habían perdido a seres queridos durante la guerra y habían pasado grandes penalidades para llegar a terreno seguro.

Vender sueños a los refugiados

Después de viajar hasta Turquía, me encontré en Aksaray y Fatih, los barrios de migrantes de Estambul. “Bienvenido a la ‘pequeña África’”, dijo mi intérprete con una sonrisa mientras empezábamos a caminar por las abarrotadas calles y a hablar con la gente que intentó viajar a Europa a través de Grecia. Muchos contaron que intentaron, y fracasaron varias veces, cruzar la frontera con Grecia. A veces los detenía la policía turca, pero a menudo era la policía o la guardia costera griegas quienes los devolvían a Turquía.

Todas y cada una de las personas con las que hablé dijeron que lo intentarían de nuevo; no tienen otra opción. Volver a casa es imposible y muchos se daban cuenta ahora de que quizá no pudieran regresar nunca. No hay futuro en las tiendas de los campos de refugiados que ya están llenos, y ya hay cientos de miles de sirios en ciudades de toda Turquía. Dado que Turquía no proporciona a los ciudadanos no europeos la condición permanente de refugiado, no ven un futuro viable allí para ellos y para sus familias.

Algunos estaban aún preparándose para viajar a Europa, pero muchos ya tienen Bulgaria en el punto de mira como destino.

La gente me contó que los parques de las proximidades estaban llenos de traficantes que “vendían sueños a los refugiados”, como dijo alguien.

En su desesperación por llegar a la UE, los refugiados y migrantes que pasan por Turquía pagan grandes sumas de dinero por un pasaporte o sólo para que los lleven al otro lado de la frontera, a Grecia o a Bulgaria.

“Un pasaporte con una foto parecida a la tuya es lo más caro; a partir de 2.000 dólares estadounidenses, suben hasta varios miles”, explicó Alaa, periodista de origen sirio que documenta ahora la situación de los refugiados sirios en Estambul.

Algunos países de la UE tienen un atractivo especial, como me dijo un refugiado: “Piden fácilmente 20.000 dólares estadounidenses o más si hay familias para ir desde Siria hasta países europeos populares, hay todo tipo de precios.”

No tuve forma de verificar las cifras, pero otros refugiados de Estambul y Grecia me contaron historias similares. Lo triste es que todo el dinero termina en las redes criminales, que están aprovechándose de la desesperación de la gente.

La Fortaleza Europa

Las políticas cada vez más restrictivas de la UE contribuyen a esta extorsión y sufrimiento, pues los refugiados y migrantes se ven obligados a usar rutas cada vez más peligrosas para entrar en Europa. La crisis de los refugiados sirios ha sacado a la luz la cruda realidad del enfoque de la “Fortaleza Europa” hacia refugiados y migrantes: al mismo tiempo que defiende los derechos humanos, la UE está haciendo muy poco para ayudar a las ingentes masas de refugiados sirios que esperan a sus puertas.

Estas personas deberían emplear su dinero en reconstruir su vida, no en llenar los bolsillos de los “traficantes” que trabajan para redes criminales. Deberían emplearlo en educar a sus hijos y garantizar un futuro para sus familias. La UE debería estar ayudando a hacer que esto sea así; tiene que abrir más rutas más seguras para los refugiados que huyen del conflicto de Siria y otros países.

Tras mi regreso de Estambul recibí la noticia de que se había hundido otra embarcación cuando se dirigía a la isla griega de Lesbos. Seis sirios se ahogaron, otros dos desaparecieron y entre los muertos había un bebé de dos meses. ¿Tantas vidas perdidas para qué?

Quienes huyen de la guerra no deberían ahogarse frente a las costas europeas en su búsqueda de seguridad.

Actúa:
Únete a Amnistía Internacional para exigir que se ponga fin de inmediato a las devoluciones ilegales que realizan las autoridades griegas y a los malos tratos en las fronteras de Grecia con Turquía.

Más información:
Fortaleza Europa: La vergonzosa situación de los refugiados sirios, al descubierto (comunicado de prensa e informe, 13 de diciembre de 2013)