Un frío gélido, "campos olvidados". Personas refugiadas de Siria en el valle de la Becá, Líbano

Khairunissa Dhala, investigadora de Amnistía Internacional sobre derechos de personas refugiadas y migrantes

“Elegimos este campo porque no encontrábamos ningún lugar para alquilar. No podemos permitirnos nada desde que llegamos de Siria [...]. Tengo las piernas hinchadas del frío. Tratamos de ahorrar combustible para las noches porque es cuando más bajan las temperaturas. Si tuviéramos empleo, no habría problema [pero] estamos en invierno y no hay nada de trabajo”, relata una mujer siria de 39 años en un asentamiento informal de tiendas de campaña situado en el valle de la Becá (Líbano).

El “campo olvidado” del valle de la Becá, en Líbano, alberga a unas 20 familias en endebles tiendas de lona, algunas de las cuales no han resistido a los fuertes vientos helados. Cuando hace poco visitamos la zona, los niños corrían descalzos o en sandalias, mientras otros se acurrucaban en el interior de las tiendas intentando calentarse. Sin embargo, en algunas tiendas se filtraba el agua por el suelo y las familias se quejaban de que no tenían suficiente combustible.

Varias tiendas tenían las lonas rasgadas y otras se habían caído debido a las inclemencias del tiempo. Había voluntarios intentando reforzar una tienda y las pertenencias de las familias estaban esparcidas por el campo. Oficialmente, el campo tiene la denominación de asentamiento informal, pues Líbano no permite más campos de refugiados que los que existen desde hace decenios para la población palestina.

Los refugiados de Siria que permanecen en este “campo olvidado” dicen que no han recibido una ayuda humanitaria constante, excepto vales mensuales del ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, destinados a la compra de alimentos y combustible. Muchos declaran que esto no es suficiente, y una familia afirmó que había vendido algunos de sus vales de comida para comprar más combustible.

Recientemente, cuatro familias del campo se han visto totalmente excluidas de la ayuda del ACNUR debido a la escasez de financiación de los donantes, lo que ha obligado a la agencia a prestar un apoyo más selectivo. Ahora estas familias dependen de voluntarios de la comunidad siria y de donaciones de particulares adinerados que proporcionan asistencia ocasional.

Algunas mujeres nos contaban que desean trabajar y ganar un sustento para sus familias y que quieren que sus hijos vayan al colegio. Una mujer nos dijo que trabajaba en una fábrica nueve horas al día con su hija de 17 años y otra mujer, y que cada una ganaba 15.000 libras libanesas (10 dólares estadounidenses) a la semana. Explicó que el trabajo era estacional, que se había interrumpido a principios de diciembre y que no se reanudaría hasta la primavera. Comentó que los empleadores prefieren contratar a mujeres porque pueden pagarles menos que a los hombres. Su esposo intentó trabajar de taxista pero no encontró trabajo, y su hijo trabajó como herrero y en una panadería por un total de 25.000 libras libanesas (unos 17 dólares estadounidenses), pero dejó los empleos porque la jornada de trabajo era muy larga y el salario, muy bajo.

Muchos refugiados dijeron que temían abandonar el campo porque algunas personas de la comunidad local los insultaban y los amenazaban. Una mujer nos contó: “Si salimos del campo, los habitantes nos insultan. Nos dicen que tenemos la culpa porque exigimos libertad. Nos dicen: ‘se merecen lo que les está ocurriendo'”.

Por ello, por las quejas sobre la mala calidad de la enseñanza de la escuela local y por los rumores sobre secuestros de niños, ninguna de las familias con las que hablamos envía a sus hijos al colegio. Según la ONU, en Líbano hay alrededor de 200.000 niños refugiados en edad escolar que no van a la escuela.

Los refugiados del campo del valle de la Becá declaran que se sienten aislados y olvidados. Líbano es el país que acoge el mayor número de refugiados de Siria: más de 850.000 refugiados registrados. La cifra real puede ser más elevada, pues el gobierno calculó este año que había un millón de ciudadanos sirios en el país, lo que equivale a casi un cuarto de la población libanesa.

Visto que el conflicto de Siria se prolonga y que más refugiados siguen cruzando la frontera para entrar en Líbano, es vital que la comunidad internacional les preste apoyo. Urge aumentar la ayuda económica, tanto a través de mecanismos humanitarios de la ONU como bilateralmente a Líbano y a otros países de la región que acogen a más de 2,2 millones de refugiados procedentes de Siria. Por otra parte, debe repartirse equitativamente la responsabilidad de albergar a los refugiados sirios aumentando sin demora las plazas de reasentamiento y admisión humanitaria en países de Europa y de otros continentes.

Más información:

Fortaleza Europa: La vergonzosa situación de los ciudadanos sirios, al descubierto (comunicado de prensa, 13 de diciembre de 2013)
Dejar todo atrás: odisea de una familia siria en busca de seguridad (blog, 8 de noviembre de 2013)
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