Visita especial a la acampada en favor de Morsi tras denuncias de tortura

Por Mohamed Lotfy, investigador de Amnistía Internacional sobre Egipto

La semana pasada, los investigadores de Amnistía Internacional recogimos testimonios según los cuales partidarios del depuesto presidente Morsi habían torturado en una acampada personas participantes en un campamento político rival.

Esta semana, mi colega Mohamed Elmessiry y yo hemos visitado la acampada organizada en favor de Morsi en Rabaa al Adaweya, en El Cairo, uno de los lugares donde tuvo lugar la presunta tortura.

Se nos ha permitido acceder al escenario, que normalmente está protegido por guardias de seguridad para que sólo pasen los oradores y los líderes de la acampada. Hace unos días, un joven nos dijo que en julio lo habían torturado debajo de ese escenario. Como cabía esperar, no vimos cámaras de tortura ni personas cautivas allí debajo, sino sólo postes de madera sobre los que el escenario se eleva a dos metros de altura. Había varios hombres tumbados a la sombra en el suelo, entre ellos un destacado miembro de la Hermandad Musulmana.

Nuestra visita no era en absoluto una “inspección” ni tenía por objeto buscar indicios de tortura en la acampada. Se trataba más bien de una oportunidad de formular sin ningún riesgo preguntas a los guardias y otros participantes en la acampada, así como al personal médico y a los porteros de los edificios próximos, y de hablar del trabajo de Amnistía Internacional con los líderes de la acampada.

En compañía de nuestro guía, el ex ministro de Trabajo e Inmigración en persona, pudimos hablar con los guardias de seguridad, que suelen llevar un peto naranja, casco y una vara.

Ante preguntas espontáneas como “¿Dónde llevan a los matones?” o “Han capturado a espías, ¿Quiénes son?”, respondían incómodos y con titubeos:

“Los mandamos al escenario.”

“Les miramos el carné de identidad, los interrogamos y los dejamos marchar.”

“A veces, los manifestantes los golpean y tenemos que impedirlo; miren esta herida del dedo.”

Insistimos: “Así que los interrogan ¿durante una hora, dos, tres...?”

“Sí.”

"No se quedan más tiempo aquí, ¿no?”

“Apuntamos quiénes son y así los conocemos si vuelven.”

Los médicos del hospital de campaña de la acampada en favor de Morsi dijeron que no habían atendido a nadie con marcas de tortura. Sin embargo, contaron que en julio habían recibido el cadáver de un hombre con marcas de quemaduras y cortes. Según dijeron, la policía lo había dejado tirado cerca de allí.

Los porteros de los bloques de viviendas adyacentes negaron haber visto a los manifestantes causar algún problema o actuar con violencia. Algunos contaron que habían hecho amigos nuevos entre ellos, mientras que otros dijeron claramente que están hartos de la acampada y deseando que acabe. Algunos vecinos se han mudado temporalmente a causa del ruido procedente del escenario y las calles bloqueadas por la acampada. Amnistía Internacional cree que la violencia de unos individuos en la acampada no justifica que se niegue el derecho de reunión pacífica a la mayoría de los participantes en ella.

A la hora en que se rompe el ayuno en Ramadán (iftar) fuimos corriendo a una tienda decorada con fotografías de los partidarios de Morsi muertos a manos de las fuerzas armadas y la policía en los recientes enfrentamientos. La habían levantado al borde de la acampada, lo más cerca posible de la tumba al soldado desconocido, donde, según cifras oficiales, el 27 de julio de madrugada murieron al menos 80 partidarios de Morsi.

En la tienda, nos sentamos en el suelo para comer juntos, rezar y hablar luego con varios miembros de la Hermandad Musulmana, entre ellos un ex gobernador, un asesor de medios de comunicación del Partido Libertad y Justicia de la Hermandad, un abogado también de ésta, algunos jóvenes afiliados a ella y con varios periodistas.

Hablamos del comunicado de prensa de Amnistía Internacional que contenía testimonios de tortura a manos de partidarios de Morsi. Nuestros anfitriones lamentaron que nos les hubiéramos mostrado la información que recogimos para que pudieran responder a ella. Dijeron que daba argumentos al Estado y los medios de comunicación privados que demonizan a la Hermandad Musulmana y buscan cualquier pretexto para disolver sus acampadas.

Nuestros anfitriones explicaron que rechazan la tortura, pues luchan por la libertad, y que quieren ver hacer una investigación internacional sobre todas las violaciones de derechos humanos cometidas durante esta crisis. Es que no confían en las investigaciones de la fiscalía mientras sus líderes estén en prisión acusados de incitación a la violencia.

Les dijimos que ordenaran a los guardias de la acampada no utilizar la violencia contra ninguna persona que les pareciera sospechosa e inspeccionar periódicamente las tiendas para comprobar que no se encerraba ni maltrataba a nadie en ningún lugar oculto; prometieron hacerlo.

La tortura ha sido práctica generalizada en Egipto durante años, con los sucesivos gobiernos. Amnistía Internacional y los grupos de derechos humanos del país la han venido denunciando y combatiendo, no sólo cuando se ha producido en centros de detención de la policía y el ejército, sino también cuando ha sido obra de particulares.

En diciembre de 2012, cuando el presidente Morsi estaba todavía en el poder, algunos de sus partidarios utilizaron la tortura contra manifestantes de la oposición que pedían su derrocamiento a las puertas del palacio presidencial de Ittihadeya.

El Partido Libertad y Justicia de la Hermandad Musulmana tampoco se ocupó anteriormente de de los motivos de preocupación expuestos por Amnistía Internacional. No respondió a las preguntas formuladas en nuestro manifiesto de 10 puntos –ni para prometer siquiera combatir la tortura– antes de las elecciones parlamentarias de noviembre de 2011.

Las cartas enviadas este año al presidente depuesto Mohamed Morsi, instándole a proteger de las agresiones sexuales a las mujeres durante las manifestaciones, tampoco han recibido respuesta.