Khan al Ahmar: El impacto en los derechos humanos de la expansión de los asentamientos israelíes

De Deborah Hyams, Israel/OPT/PA researcher at Amnesty International

La escuela primaria de Khan al Ahmar, amenazada de derribo por el ejército israelí. ©Amnesty International

Hace más de 60 años que la tribu beduina yahalin lucha para mantener su estilo de vida. Expulsados de sus tierras tribales en el desierto del Néguev/Naqab en la década de 1950, los sucesivos gobiernos 

Hace más de 60 años que la tribu beduina yahalin lucha para mantener su estilo de vida. Expulsados de sus tierras tribales en el desierto del Néguev/Naqab en la década de 1950, los sucesivos gobiernos israelíes los han hostigado, presionado y reasentado sin cesar, aparentemente en un intento de hacerlos desaparecer. Y las últimas decisiones de Israel de ampliar los asentamientos ilegales en la Cisjordania ocupada representarán más penalidades para estas comunidades.

Ayer mismo se aprobaron los planes para construir alrededor de 900 nuevos apartamentos en Gilo, un asentamiento de la Jerusalén Oriental ocupada.

El domingo, el ministro israelí de la Vivienda anunció licitaciones para la construcción de 1.200 nuevas unidades de vivienda en los asentamientos de Cisjordania, incluida Jerusalén Oriental. El anuncio incluye los asentamientos israelíes de Maale Adumim y Pisgat Zeev, que rodean la zona donde viven varias comunidades yahalin desde hace décadas. Recientemente se han impulsado otros planes más de construcción de asentamientos.

Todo esto me ha hecho recordar mi última visita a la comunidad yahalin de Khan al Ahmar, hace dos meses.
Fue imposible entrar en el pueblo en un vehículo. Cuando nos acercamos por la carretera principal, construida para conectar los asentamientos israelíes ilegales del resto de Cisjordania con los de Jerusalén Oriental, vimos claramente el pueblo en la ladera de una colina, junto a la carretera. Pero no había ningún acceso para vehículos.

El pueblo de Khan al Ahmar alberga a una de las 20 comunidades beduinas yahalin amenazadas desde hace años por la expansión de los asentamientos israelíes en la zona situada al este de Jerusalén conocida como E1. Las comunidades están integradas por hasta 2.300 refugiados que fueron desplazados originalmente por Israel en la década de 1950.

Las autoridades israelíes han bloqueado la antigua carretera que va al pueblo y no han proporcionado un acceso alternativo sin riesgos. Es como si hubieran borrado Khan al Ahmar de los mapas israelíes. Las autoridades siguen tratando de trasladar forzosamente a sus residentes.

Para llegar al pueblo, el resto de la delegación de Amnistía Internacional y yo tuvimos que descender del autobús en la transitada carretera y bajar al camino de tierra que hay bajo la carretera principal y luego subir la colina a pie hasta Khan al Ahmar. Mientras detrás de nosotros pasaban los automóviles y los camiones, nos dimos cuenta de que los niños hacen este recorrido cada día para ir a la escuela.

Tradicionalmente, los yahalin subsistían con una economía basada en el pastoreo que depende del acceso a los pastizales. Durante décadas su capacidad para mantener su estilo de vida se ha visto restringida por los asentamientos sólo para judíos, las bases militares y las reservas naturales que alcanzan las tierras que utilizan.

La implacable oleada de asentamientos ilegales continúa. Los anuncios de ayer y del domingo se suman a las propuestas israelíes del año pasado de ampliar los asentamientos de la zona E1, que suscitaron condenas generalizadas de gobiernos de todo el mundo.

Estos anuncios son mucho más que un “obstáculo” más para las negociaciones que se han reanudado entre Israel y Palestina. La construcción continua de asentamientos por parte de Israel afecta directamente a los derechos de los palestinos que viven bajo la ocupación militar en comunidades como Khan al Ahmar. Agrava la lista de violaciones de derechos humanos de que son objeto cada día y que incluye la negación de sus derechos a una vivienda adecuada y al agua.

El ejército israelí ha destruido muchas casas de las comunidades yahalin, y sobre la mayor parte del resto, al igual que sobre dos escuelas primarias, pesan órdenes de derribo. Las comunidades sufren también los reiterados ataques de los colonos israelíes contra los residentes, niños incluidos, así como contra viviendas y suministros de agua. Quienes cometen estos actos gozan de una impunidad casi total.

Durante nuestra visita a Khan al Ahmar, los residentes nos hablaron de su lucha por continuar con sus actividades cotidianas, como pastorear sus ovejas y educar a sus hijos, frente a los asentamientos y el ejército israelíes. Subrayaron que el actual plan israelí de trasladar a las comunidades yahalin representa la mayor amenaza para su existencia.

Hace casi dos años que estas comunidades luchan contra los planes de Israel de trasladarlos forzosamente de sus casas. Inicialmente, el ejército israelí propuso llevar a los yahalin a un emplazamiento situado muy cerca de un vertedero de basura municipal, sin consultar con las comunidades. Gracias a la presión de las ONG locales y de la comunidad internacional, las autoridades israelíes accedieron finalmente a estudiar emplazamientos alternativos. Sin embargo, aún no se ha llevado a cabo ninguna consulta real

ILas políticas de Israel de asentar a civiles israelíes en los Territorios Palestinos Ocupados y trasladar forzosamente a los palestinos que viven bajo la ocupación violan el IV Convenio de Ginebra y se consideran crímenes de guerra, según el estatuto de la Corte Penal Internacional.

Estados Unidos, que está patrocinando las nuevas negociaciones entre Israel y Palestina, así como la Unión Europea y todos los países afectados, deben garantizar que Israel respeta el derecho internacional.

Israel debe desechar inmediatamente los planes de traslado forzoso de los yahalin de sus tierras y cancelar todas las órdenes de derribo de sus casas. Debe paralizar de inmediato la construcción y la expansión de asentamientos israelíes e infraestructuras conexas en la Cisjordania ocupada, incluida Jerusalén Oriental, como primer paso de la retirada de los civiles israelíes que viven en estos asentamientos.

Cuando nos íbamos, miramos hacia atrás y vimos Khan al Ahmar y los demás pueblos beduinos diseminados en medio de uno de los mayores proyectos de asentamientos de Israel. Estos pastores refugiados están aislados, solos en medio de esta crisis de derechos humanos. No debemos permitirlo.