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Un hospital en la oficina de Amnistía Internacional

De Murat Çekiç Istanbul, Turkey,

Murat Çekiç, director de Amnistía Internacional Turquía, en una semana de insomnio en Estambul.

Mientras escribo estas líneas, hay al menos 10.000 personas en la plaza Taksim, todas ellas protestando por 10.000 razones. Pero aquí, en nuestra oficina, todo está en calma.

Tuvimos un hospital improvisado aquí durante dos días. Usamos nuestros escritorios y nuestras mesas como camas para las personas heridas, había sacos de dormir en el suelo y medicinas y comida por todas partes. El martes tuvimos tiempo por fin para arreglar el desorden y poner de nuevo nuestros escritorios y ordenadores.

Tuve las primeras noticias de las protestas cuando regresaba a Estambul el jueves por la noche (30 de mayo). La verdadera violencia policial comenzó el viernes. Era mi día libre, y a las 3 de la tarde decidí acudir a la oficina para dar respuesta a las cosas increíbles que estaban ocurriendo.

Traté de ir en metro hasta la oficina pero estaba cerrado, así que tuve que ir a pie. No pude ir por el camino normal porque el gas lacrimógeno me quemaba la nariz y la cara. Cuando llegué, mucha gente –incluidos los estudiantes que se ocupan de nuestra captación de fondos cara a cara en la ciudad– también había acudido a nosotros.

Galletas y leche a través de Twitter

Todos teníamos ansiedad y miedo. No sabíamos si estábamos seguros. Pero decidimos que la gente de la calle necesitaba refugio. Todo el transporte público había dejado de funcionar y era muy difícil encontrar un taxi.

Las autoridades dijeron: “No se manifiesten en la plaza Taksim”, pero ¿adónde podía ir la gente? Estambul está situado literalmente en dos continentes, por lo que resulta difícil llegar a tu casa si vives en la otra orilla, a no ser que quieras ir nadando.

El personal de Amnistía Internacional se ofreció voluntario para quedarse en la oficina y para usar nuestras cuentas en los medios sociales para informar a la gente acerca de cómo acceder a atención de la salud y a información jurídica.

Compramos una gran cantidad de líquido antiácido (Gaviscon), porque mezclado con agua alivia los efectos del gas lacrimógeno en la piel.

Comenzaron a llegar amigos y familiares. Nuestra oficina ocupa los dos primeros pisos de un gran edificio de la calle comercial más concurrida de Estambul, con un jardín rodeado por enormes muros. Hacía buen tiempo y había menos gas lacrimógeno en el jardín, aunque lo había por todas partes.

Todo estaba cerrado, pero después de anunciarlo en los medios sociales, mucha gente comenzó a enviarnos cosas. Al cabo de tres horas teníamos enormes cantidades de alimentos envasados, leche y medicamentos básicos.

Detenidos en autobuses

No dormimos. Recibimos una cantidad increíble de llamadas relacionadas con malos tratos en centros de detención y con insuficiencia de abogados. Facilitamos a la gente los números de los abogados que se habían ofrecido voluntarios para ayudar.

Como no se nos permitía acceder a los centros de detención, tres abogados del Colegio de Abogados de Estambul dijeron que documentarían las denuncias de tortura o malos tratos para nosotros. Documentaron la detención de hasta 60 personas en autobuses con capacidad para 40. Muchas necesitaban tratamiento médico pero estuvieron recluidas allí sin agua ni alimentos durante horas.

Un abogado voluntario y un activista de Amnistía Internacional se pusieran sus máscaras y salieron a busca. Encontraron una tienda abierta y compraron todo lo que les quedaba. El comerciante sólo nos cobró la mitad del precio marcado, y también encontró algunos alimentos. Encontraron un taxi, lo transportaron todo a la jefatura central de la policía de Estambul y se lo entregaron a las personas detenidas que llevaban tres horas sin agua.

Un hospital en la oficina

El sábado por la mañana, todo seguía lleno de gas lacrimógeno. Entonces la Asociación Médica Turca dijo que necesitaba un tercer hospital improvisado. Enviaron a más de 20 estudiantes de medicina voluntarios, que explicaron cómo atender a la gente y cómo organizar la oficina.

Una familia con una niña de 5 años acudió a nosotros, conmocionada y aterrorizada. No tenían nada que ver con las protestas. El padre era limpiador en una oficina en las inmediaciones de la plaza Taksim. Había llevado a su familia con él, pensando que en la oficina estarían seguros. Pero estaba cerrada y se encontraron en la calle sin máscaras antigás. Comenzaron a correr y la niña se puso a llorar.

El gas lacrimógeno produce la sensación de que te quemas, es como fuego. Nuestros voluntarios prestaron a la niña los primeros auxilios y le dieron galletas y zumo de naranja. Estuvo llorando durante al menos 40 minutos. Pero teníamos papel y lápices de colores y pudo ver dibujos animados en YouTube. ¡Así que los medios sociales funcionan de verdad! Cuando la situación estuvo más calmada pudieron marcharse.

Incendio de tiendas de campaña

La situación estuvo en calma hasta el martes 28 de mayo, a las 5 de la mañana, cuando la policía asaltó un pequeño campamento de tiendas de campaña en una esquina del parque Gezi. Quemaron las tiendas y lanzaron gas lacrimógeno. ¡A las 5 de la mañana! ¡Estaban durmiendo en sus tiendas, no protestando!

Después de ese asalto, las protestas no hicieron más que crecer y crecer. Pero no pensamos que durarían 17 días. El viernes y el sábado fueron los peores días en la zona de Taksim, donde está situada nuestra oficina. Desde nuestras ventanas veíamos a cientos de policías, y temimos que se dieran cuenta de que habíamos organizado un hospital improvisado. Pero por supuesto también habríamos acogido a los policías heridos.

Cuando fui a la farmacia, un joven estaba tendido en el suelo enfrente del establecimiento, herido y sangrando. Personas con el uniforme blanco de los médicos lo rodearon. Entonces la policía disparó gas lacrimógeno directamente contra todos nosotros. Comencé a correr y sigo sin saber qué les ocurrió a esas personas. Me siento culpable, pero fue algo instintivo. Todos tenemos historias parecidas.

Una amiga mía de la universidad llamó para decirme que un bote de gas lacrimógeno había entrado en la casa de sus vecinos por una ventana, mientras ellas estaba sentada en su salón. La policía disparó contra ellos indiscriminadamente. Estuvo llorando durante horas, y la ayudamos a encontrar un abogado.

Y en una mezquita que también servía de hospital improvisado, donde había personas con fracturas de brazos y piernas, el personal médico no podía entrar ni salir porque la policía lanzaba gas hacia la entrada.

Una decisión difícil

En total, unas 100 personas recibieron tratamiento en nuestra oficina, la mayoría para los efectos del gas lacrimógeno o pequeños cortes. Derivamos a personas que tenían fracturas en brazos o piernas causadas por golpes con porras de la policía tras caerse a causa del gas lacrimógeno.

Seguimos trabajando en nuestra acción y petición de Twitter y recibiendo solicitudes de asistencia letrada gratuita. Hasta ahora he hablado con medios de comunicación de 15 países distinto, incluida China.

Fue una decisión difícil asumir la responsabilidad de la salud y la seguridad de todas las personas que estaban en la oficina. Pero soy activista de los derechos humanos y la gente necesitaba un lugar seguro adonde ir.

Actúa

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Aumenta la represión policial descontrolada en Turquía (noticias, 11 de junio de 2013)

Puedes seguir al personal de Amnistía Internacional en Twitter para actualizaciones en directo de la situación sobre el terreno en la plaza Taksim:

@muratcekic @pilkiz @andrewegardner