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“El reasentamiento es como volver a nacer”

Mawaheb Elnour estudiaba Medicina cuando su familia tuvo que huir del conflicto en Libia. Esta es la historia de cómo perdió un hogar y encontró otro, y todo lo que ocurrió entre medias.

Vivía en Trípoli con mis padres, dos hermanos y una hermana, y acababa de terminar mi segundo año de Medicina cuando empezó el conflicto en Libia.

Nuestro barrio sufría constantemente los bombardeos de la OTAN. Nos caía fuego del cielo todos los días. En la calle todo el mundo llevaba armas y las balas volaban.

Cuando vives así, intentas actuar con calma, pero estábamos asustados. Mis padres estaban aterrorizados. Hace unos años huyeron a Libia desde Darfur; ahora estaban otra vez en peligro.

Un día, los bombardeos aéreos fueron tan intensos que se abrieron todas las ventanas y puertas de la casa.

Llegamos al campo de refugiados de Choucha, en Túnez, en mayo de 2011. La primera noche, en el campo de recepción, no pude parar de llorar. ¿Cómo acabamos perdiéndolo todo? ¿Sin casa, viviendo en una tienda de plástico, rodeados de desconocidos?

A la mañana siguiente vi cientos de tiendas blancas sobre la arena del desierto. Ves esos sitios en la televisión y nunca crees que algún día podrías ser tú. Ahora era yo. Quise salir corriendo.

Pasé las primeras noches en Choucha con otra familia porque no había mantas y colchones suficientes en nuestra tienda. La familia dijo que lloraba y gritaba en sueños. Les hice prometer que no se lo dirían a mis padres.

Dos meses después, oí hablar por primera vez del reasentamiento. ¡Me sentí tan feliz de que hubiera una salida! Para ser sincera, no me importaba realmente a dónde fuéramos. Cualquier lugar con un techo de verdad, una cama de verdad y un cuarto de baño de verdad era suficiente. Cualquier lugar donde pudiera sentirme a salvo. Porque lo que más recuerdo de Choucha es que nunca me sentía a salvo. Siempre tenía miedo de algo: escorpiones, serpientes, desconocidos.

Esperamos. El campo siguió creciendo. Todos los meses nos decían: “El mes que viene os marcháis”.

Entonces, después de siete meses en Choucha, nos dijeron: “Mañana os vais a Irlanda”. No podía creerlo. Todos vinieron a felicitarnos. Fue triste dejar atrás a todas esas personas. La mayoría siguen atrapadas en Choucha. Estoy en contacto con ellas cada día.

En Dublín hacía frío y llovía, pero me daba igual. Pasé tanto calor en Choucha todo el tiempo que no me importaba si no volvía a ver el sol nunca más. Aquí todo era verde y hermoso y limpio. Las calles y edificios eran sorprendentes. Y esas grandes palomas por todas partes.

Después de dos meses en un hotel de recepción para solicitantes de asilo nos trasladamos a un pueblo a 30 km. de Dublín. Somos felices. Quiero volver a la universidad y ser neurocirujana. Es lo que siempre he querido hacer. Mientras tanto, trabajo con mi inglés, dibujo y pinto.

Este viaje desde Libia a Choucha y luego a Dublín me hizo darme cuenta de que sí pasan cosas buenas. Pero tienes que encontrar las fuerzas para resistir y no perder la esperanza mientras tanto.

Soy una de las pocas personas afortunadas. Sé que hay muchas que no han tenido la oportunidad que he tenido yo. Tenemos que recordarlas. Nadie merece ser olvidado en Choucha. Todo el mundo necesita esta oportunidad de empezar su vida de nuevo. Esto es lo que quiero deciros: que el reasentamiento es como volver a nacer. Da la vida a quien lo ha perdido todo. Nadie debería ser abandonado.

El reasentamiento es una de las tres soluciones duraderas que promueve la ONU para las personas refugiadas y desempeña una función clave en la respuesta de la comunidad internacional a sus necesidades. Les brinda protección inmediata y una solución duradera. Amnistía Internacional hace campaña para que los Estados ofrezcan más lugares de reasentamiento para los refugiados atrapados.

Información complementaria:

Los derechos de las personas refugiadas y migrantes
Campaña sobre el reasentamiento