Alemania: Un sueño hecho realidad para los refugiados Alan y Gyan

  • Historia

Por María Serrano, responsable de campañas sobre Migraciones de Amnistía Internacional. @marsemavi 

Muchos aficionados y aficionadas al fútbol viajaron kilómetros para ver jugar al Bayern de Múnich y al Real Madrid en los cuartos de final de la Liga de Campeones en Múnich el 12 de abril. Fueron recompensados con el histórico momento en el que la superestrella del Real Madrid Cristiano Ronaldo marcó su gol número 100 en Europa; el ambiente era electrizante.

Pero uno de esos viajes a Múnich destacó sobre los demás. En la enfervorizada multitud había dos personas —grandes seguidores del Real Madrid— que apenas un año antes no habrían podido soñar siquiera que estarían viendo jugar a sus héroes.

Alan y Gyan Mohammed son dos refugiados cuyo extraordinario viaje desde Siria a Europa terminó finalmente el mes pasado con una emotiva reunión familiar. Alan y su hermana Gyan, maestros en su localidad natal de Al Hasakah, en el nordeste de Siria, padecen distrofia muscular y están confinados en una silla de ruedas.

Siempre han tenido dificultades para desplazarse, pero la guerra no discrimina, así que cuando el grupo armado autodenominado Estado Islámico tomó su ciudad en el verano de 2014, pocas opciones tenían salvo irse.

Por increíble que parezca, Alan y Gyan viajaron por las regiones montañosas de Irak y Turquía sujetos a los costados de un caballo mientras su madre, un hermano y otra hermana empujaban sus pesadas sillas de ruedas por los escarpados caminos. Unos contrabandistas de personas los llevaron a Grecia en un bote inflable que se estropeó una y otra vez.

Rescatados por la guardia costera griega, vivieron durante meses en condiciones muy precarias en el campo de refugiados de Ritsona, en una base militar aislada y abandonada a 80 kilómetros de Atenas. Las temperaturas sofocantes, un futuro enormemente incierto y la separación prolongada de los familiares que ya estaban en Alemania pasaron factura.

Ayer, cuando ocupaban sus asientos en el animado estadio, los hermanos debieron de creer que esos días increíblemente difíciles ocurrieron hace siglos.

“¡Éste es mi sueño!”, dijo Alan. Una radiante Gyan nos contó que su jugador favorito es Luka Modrić, centrocampista del Real Madrid nacido en Croacia que se vio obligado a huir como refugiado cuando estalló la guerra en 1991. Como Gyan, Modrić tuvo que superar circunstancias trágicas para construir una nueva vida y ahora es una inspiración para innumerables personas.

La víspera, Alan y Gyan habían asistido a la sesión de entrenamiento, donde conocieron al equipo —incluidos Modrić, Ronaldo, Zidane y Gareth Bale— y les regalaron camisetas firmadas por los jugadores. Pero no tenían entradas para el partido del día siguiente. De hecho, ya estaban volviendo al centro de acogida donde viven actualmente cuando les llamaron para decirles que tenían entradas, por lo que acudieron a toda prisa al estadio.

Llegaron justo a tiempo... pero se sentaron entre los seguidores del Bayern, entre los que estaba su hermano Ivan. Este, que ayuda a Gyan y a Alan en muchos aspectos de su vida cotidiana, se está adaptando con rapidez a la vida en Alemania y vestía la camiseta azulgrana del equipo contrario que le habían regalado la víspera. Cuando ganó el Madrid, Alan no podía esperar a salir para encontrarse con otros aficionados: “¡Soy madridista!”, reía mientras se mezclaba con la multitud y coreaba:

¡Hala Madrid!

Alan y Gyan ya eran seguidores del Madrid en 2002, cuando Zinedine Zidane marcó su famoso gol en la final de la Liga de Campeones contra el Bayer Leverkusen: vieron el partido en Siria. Esta semana conocieron personalmente a Zidane, así como a Ronaldo, Modrić y otras estrellas del equipo.

En Ritsona, Alan había entrenado a un equipo de fútbol y fue también quien  pidió con más insistencia una pantalla en el campo para que las personas refugiadas pudieran ver un derbi entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid. Ahora, en el centro de acogida, sale a menudo del edificio para buscar wifi y ver sus partidos favoritos.

Estar en el estadio viendo el partido en la vida real fue, como dijo Alan, un sueño hecho realidad.

La historia de Alan y Gyan tiene, lamentablemente, todas las características de la experiencia de las personas refugiadas: viajes largos y tortuosos, la frágil embarcación, las condiciones de miseria de los campos y la incertidumbre sin fin. Pero lo que ocurrió ayer fue un recordatorio de que no son solamente personas refugiadas. Son personas jóvenes y dinámicas, con pasiones y sueños, que sólo quieren continuar con su vida en un entorno seguro, rodeados de sus seres queridos.

Era difícil no conmoverse con su alegría por ser parte de algo que en cierto modo era tan normal y, al mismo tiempo, tan especial; una señal del enorme cambio que ha experimentado su vida. Alan y Gyan no son sólo una estadística; ayer tuvieron la oportunidad de sentirse bien de nuevo.

Esta es la oportunidad que merecen todas las personas refugiadas. Este tipo de historias no deberían ser la excepción. Pero el cierre de la llamada ruta de los Balcanes hacia el norte de Europa, el acuerdo UE-Turquía y la inacción de los líderes europeos a la hora de reasentar a las personas refugiadas ha dejado varadas en Grecia a más de 60.000 personas refugiadas y migrantes que viven en condiciones terribles y en un estado de miedo e incertidumbre constantes.

A pesar de todo lo que han pasado, Alan y Gyan, que han obtenido el estatuto de refugiado en Alemania, son algunos de los afortunados. Tras un viaje de casi tres años están a salvo, empezando a aprender alemán y rodeados de su familia mientras esperan un alojamiento adaptado: son la prueba viviente de que otro final es posible.

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