Una nigeriana le planta cara a Shell. Apóyala.

La nigeriana Esther Kiobel se está enfrentando a una de las mayores empresas petroleras del mundo —Shell— en la etapa final de su lucha por que se haga justicia por el asesinato de su esposo. Lleva 22 años detrás de esta empresa, a la que acusa de connivencia en la ejecución de su marido en 1995.

La búsqueda de petróleo que lleva a cabo Shell ha devastado las antaño fértiles tierras del delta del Níger. Las comunidades han quedado en la indigencia tras decenios de contaminación. Los vertidos de petróleo han causado estragos en las tierras cultivables y los ríos; han contaminado el agua y puesto en grave riesgo la salud de la población. En la década de 1990, parecía que Shell no se detendría ante nada para conseguir beneficios. La empresa instó al gobierno militar de Nigeria a que se ocupara de las protestas ecologistas, sabiendo perfectamente lo que ello podía significar. Las fuerzas armadas mataron y torturaron a personas en una brutal campaña de represión que culminó en el vergonzoso juicio y posterior ahorcamiento en 1995 de nueve ciudadanos nigerianos, entre ellos Barinem Kiobel, el esposo de Esther.

La vida de Esther quedó destrozada con la muerte de su esposo. Temiendo por su vida, huyó de Nigeria con sus hijos y nunca dejó de luchar por probar la inocencia de su esposo.

Este mes, Esther va a llevar a Shell ante los tribunales de Países Bajos, en lo que será un tenso enfrentamiento de David contra Goliat. Shell ha hecho cuanto está en su poder para que las denuncias de Esther no llegaran a la opinión pública. Sin embargo, ella no va a dejar que la hagan sentirse pequeña. Nosotros y nosotras tampoco debemos permitirlo.

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