Vladislav Sharkovsky y Emil Ostrovko fueron detenidos en 2018, cuando ambos tenían 17 años, por un delito menor, no violento, relacionado con las drogas. En primer lugar, no deberían haber entrado nunca en la cárcel, igual que sucede con muchos otros jóvenes en Bielorrusia. Su estado de salud es malo y, con la propagación de la COVID-19, el riesgo para su salud y la de muchos otros presos es cada vez mayor.

