Rapport 2013
La situation des droits humains dans le monde

31 octobre 2007

No a la pena de muerte: Abolición universal, ya

No a la pena de muerte: Abolición universal, ya

Tres hombres que escaparon a la pena de muerte unieron fuerzas en Nueva York para hacer campaña en favor de la abolición universal de este castigo irrevocable.

Los tres fueron condenados a muerte por crímenes que no habían cometido. Los tres sufrieron la brutal experiencia de vivir pendientes de ejecución. Entre los tres, pasaron 54 años de vida a la sombra de la muerte.

En Uganda, Mpagi Edward Edmary estuvo 20 años en prisión, 18 de ellos como condenado a muerte. Y tomó un vuelo de 18 horas para acudir a la sede de las Naciones Unidas en Nueva York y continuar su lucha en favor de la abolición.

Sakae Menda, que hoy tiene 81 años, viajó desde Japón. Activista incansable, es hoy una de las sólo cuatro personas que han sido absueltas en Japón al ser sometidas a un nuevo juicio y que, por tanto, han recobrado la libertad después de haber estado recluidas en el pabellón de los condenados a muerte.

Ray Krone, de Pensilvania, se convirtió en la centésima persona condenada a muerte en Estados Unidos que ha recobrado la libertad por ser inocente desde que este país reintrodujo la pena de muerte en 1973.

En una sesión celebrada en la sede de la ONU el 16 de octubre y organizada por Amnistía Internacional, los tres hombres relataron de manera muy convincente sus experiencias personales. Cada uno de ellos le recordó a los presentes, entre ellos delegados de la ONU y periodistas, que ni hombres ni mujeres –que no son culpables del presunto crimen– deben ser condenados a muerte como consecuencia de un juicio injusto, una decisión errónea o simple error humano.


Mpagi Edward Edmary fue acusado del asesinato de un hombre al que después se halló con vida y en buena salud. Debido a que un médico había sido sobornado para prestar falso testimonio y afirmar que había realizado una autopsia, el Sr. Mpagi y su hermano –al que también se implicaba (y que también era inocente)–, fueron condenados a muerte.

“La vida del condenado a muerte en Uganda es terrible –contó el Sr. Mpagi en la sala de la ONU–. No se avisaba nunca a nadie de cuándo iban a ejecutarlo. Cada vez nos pillaba por sorpresa. Vivíamos con un terror constante ante cualquier actividad de los guardianes que se saliera de lo común.”

Gracias a la persistencia y determinación de su familia para limpiar su nombre, un comité presidencial de nueve miembros le devolvió la libertad al Sr. Mpagi en el 2000, después de haber pasado años temiendo cada día que podría ser su último.


Sakae Menda fue acusado del asesinato de dos personas. Hizo un relato extraordinario de cómo consiguió recobrar la libertad gracias a su propia persistencia para que lo volvieran a juzgar. Después de seis juicios y 34 años y seis meses en prisión, el Sr. Menda fue absuelto de todos los cargos y puesto en libertad en julio de 1983.

“En mi interrogatorio, los investigadores se dividían en tres equipos y se turnaban para interrogarme –contó el Sr. Menda–. Estaban resueltos a obtener una confesión con coacción, con extorsión, con preguntas capciosas y con fuerza bruta.”

“El 23 de marzo de 1950, [el juez] pronunció la sentencia del tribunal, que me condenaba a muerte, esbozando una sonrisa. Durante el tiempo que estuve encarcelado, pensé mucho en la pena de muerte –continuó el Sr. Menda.– Durante ese tiempo tuve que despedirme de muchos condenados a muerte que fueron ejecutados. De 56 de ellos... y ésos son sólo los que recuerdo.”


Ray Krone contó de manera muy vívida que era un hombre inocente del que una camarera de un bar de Arizona se había enamoriscado. La camarera fue asesinada y él se convirtió en el principal sospechoso del crimen y fue declarado culpable y, por último, condenado a muerte. Todo ello por un crimen que no había cometido. Finalmente, al cabo de dos procesos y pruebas de ADN que confirmaron su inocencia, Ray Krone fue puesto en libertad.

“Lo que me pasó a mí puede sucederle a cualquier persona –dijo el Sr. Krone–. No basta con saber que eres inocente, como yo creía. Cuando quise darme cuenta me estaban condenando a muerte por un crimen que no había cometido.”


Los tres hombres hablaron con calma, autoridad y tenacidad, e instaron a los delegados de la concurrida sesión a que apoyaran la petición de que la ONU adopte una resolución.

Después de la sesión, Edward Edmary reafirmó su opinión sobre la pena de muerte: “La pena de muerte no es un castigo. Un castigo es para reformar. Matando a una persona le niegas la posibilidad de reformarse.”

Es hora de que los Estados miembros de la ONU pongan fin a esta forma de sanción y den el primer paso para lograrlo: el de pedir una suspensión universal de las ejecuciones en noviembre del 2007.

Pour en savoir plus :

No a la pena de muerte: El mundo decide (Artículo, 10 de octubre de 2007)

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