Rapport 2013
La situation des droits humains dans le monde

Communiqués de presse

27 septembre 2011

Tailandia: Los rebeldes deben dejar de cometer crímenes de guerra contra civiles

Los rebeldes del largo conflicto armado interno del sur de Tailandia deben abandonar de inmediato su campaña de ataques contra la población civil, ha afirmado hoy Amnistía Internacional en un nuevo informe.
“They took nothing but his life”: Unlawful killings in Thailand’s southern insurgency, contiene detalles de ataques deliberados de los rebeldes contra “objetivos blandos”: agricultores, profesores, estudiantes, líderes religiosos y funcionarios. Muchos de los ataques constituyen crímenes de guerra.
Casi 5.000 personas han perdido la vida, y miles más han resultado heridas en las cuatro provincias del extremo meridional de Tailandia en los casi ocho años transcurridos desde que se reavivó la rebelión en esa región.
 “Los rebeldes del sur de Tailandia están extendiendo el terror entre la población civil con ataques deliberados contra personas que no tienen ningún papel en el conflicto; nadie es inmune a los ataques —ha afirmado Donna Guest, directora adjunta del Programa Regional para Asia y Oceanía de Amnistía Internacional—. Los rebeldes deben comprometerse públicamente a dejar de cometer inmediatamente estos homicidios ilegítimos.” 
El informe se basa en testimonios recogidos en 154 entrevistas realizadas a testigos y supervivientes, y familiares y amigos de víctimas entre octubre de 2010 y julio de 2011. Estos testimonios ofrecen información sobre 66 ataques rebeldes contra civiles en tres distritos meridionales de Tailandia: Rangae, en la provincia de Narathiwat; Yarang, en Pattani, y Yaha, en Yala.  
Zakariya Wilson, colector de caucho de 15 años, murió a manos de los rebeldes en el distrito de Yaha en septiembre de 2009. “No tengo ni idea de por qué le mataron, no era más que un niño y un buen chico. Lo único que le quitaron fue la vida”, dijo su padre.
Los rebeldes, en su mayoría musulmanes de origen malayo, se enfrentan violentamente al Estado tailandés, oficial y predominantemente budista, desde enero de 2004. Desde esa fecha y hasta junio de 2011, alrededor de dos tercios de las personas que han perdido la vida en el conflicto eran civiles, en su mayor parte musulmanes a quienes los rebeldes consideran demasiado próximas al gobierno o que se niegan a colaborar con ellos.
 “Parece que los rebeldes atacan a muchas de las mismas personas por las que aparentemente están luchando, destruyendo sus vidas y sus medios de subsistencia —declaró Donna Guest—.  Sus motivos de queja, sean cuales sean, no justifican esta violación grave y sistemática del derecho internacional.”
Los sucesivos gobiernos tailandeses han intentado poner freno a la rebelión con diversas iniciativas políticas, pero ninguno ha logrado ningún avance significativo.
“El nuevo gobierno tailandés debe prestar atención con urgencia al conflicto que se desarrolla en el sur profundo, donde los civiles que viven en la región necesitan protección —afirmó Donna Guest—.  En la región sigue imperando una cultura de impunidad oficial. Deben investigarse todos los homicidios ilegítimos, incluso los presuntamente cometidos por las fuerzas de seguridad, y deben adoptarse medidas al respecto.”
También continúan las torturas y otras violaciones de derechos humanos a manos de las fuerzas de seguridad tailandesas que participan en las labores de contrainsurgencia. Tras un ataque rebelde cometido en enero de 2011 contra una base militar en la provincia de Narathiwat, al menos nueve sospechosos detenidos por las fuerzas de seguridad denunciaron torturas bajo custodia.
Sin embargo, ni un solo funcionario ha rendido cuentas de estas ni de otras presuntas violaciones de derechos humanos, incluido el incidente ocurrido en octubre de 2004 en el distrito de Tak Bai, en el que 78 detenidos murieron asfixiados cuando eran trasladados por los militares en camiones excesivamente llenos.
“El gobierno tailandés tiene la responsabilidad última de garantizar el bienestar de todos los ciudadanos del país. Desde el punto de vista del derecho internacional —y como demuestra una y otra vez la experiencia en Tailandia y en todo el mundo—, todas las estrategias contrainsurgencia deben incluir un fuerte componente de derechos humanos”, concluyó Donna Guest.

Index AI : PRE01/484/2011
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