Document - Syrie. Répression en Syrie, terreur à Tell Kalakh

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ÍNDICE

41. INTRODUCCIÓN

62. LA OPERACIÓN DE SEGURIDAD DE TELL KALAJ �

83. DETENCIONES MASIVAS �

94. TORTURAS Y OTROS MALOS TRATOS �

9DETENIDOS ADULTOS �

11MENORES �

12PERSONAS HERIDAS �

13TRATO INHUMANO Y DEGRADANTE �

145. MUERTES BAJO CUSTODIA �

176. MALOS TRATOS A FAMILIARES �

187. CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES �

22NOTAS FINALES �

��

1. IntroducCIÓN

“Mi padre quedó conmocionado por la muerte de mi hermano […] todos lo estábamos. Cuando fue al hospital militar de Homs para identificar su cadáver, el funcionario le dijo: ‘Es un cerdo que se ahogó.’”�

Hermano de un joven que murió bajo custodia tras ser detenido por las fuerzas sirias en una casa del barrio de AL Hayy al Sharqi de Tell Kalaj.

Como parte de la oleada de protestas que recorre la región de Oriente Medio y el Norte de África en los últimos meses, las manifestaciones relativamente pequeñas celebradas en febrero en Siria se convirtieron en protestas masivas y generalizadas a partir de mediados de marzo.� Éstas se extendieron por todo el país después de que las fuerzas de seguridad hicieran uso de la fuerza excesiva para reprimir lo que en su mayoría eran manifestaciones pacíficas. El 14 de mayo se inició una devastadora operación de seguridad en Tell Kalaj, ciudad de la gobernación occidental de Homs, cerca de la frontera con el Líbano. Según las conclusiones de Amnistía Internacional, decenas de hombres fueron detenidos arbitrariamente y torturados, incluidos algunos que ya estaban heridos, y al menos nueve murieron bajo custodia. La operación de seguridad hizo que miles de personas huyeran al Líbano, algunas de las cuales fueron tiroteadas durante la huida. ��La operación comenzó al día siguiente de la celebración de una gran manifestación en la céntrica plaza de Abu Arab de la ciudad en la que se pidió la caída del régimen. Durante la protesta, 12 miembros del Partido Baás en el poder anunciaron su dimisión como cargos subalternos entre los vítores de la multitud.

Las protestas de Tell Kalaj habían comenzado a finales de marzo de 2011, después de que las fuerzas de seguridad reprimieran con violencia las manifestaciones de la ciudad meridional de Deraa. Inicialmente, en las protestas de Tell Kalaj se reclamaba la libertad de unas 250 personas que, según se creía, estaban detenidas, la mayoría de ellas en régimen de incomunicación, bajo custodia del servicio de Seguridad de la Fuerza Aérea, uno de los diversos cuerpos de seguridad sirios. Según informes, dicho servicio había detenido a varios grupos de personas a finales de 2009 o principios de 2010, en la mayoría de los casos por presunto contrabando entre Siria y el Líbano.

Los informes indican que en abril y mayo de 2011 fueron puestas en libertad unas 70 personas que llevaban meses detenidas sin cargos bajo custodia del servicio de Seguridad de la Fuerza Aérea.� Sin embargo, continuaron las protestas en Tell Kalaj y los manifestantes empezaron a pedir la caída del régimen. Según la información de que dispone Amnistía Internacional, la gran mayoría de las manifestaciones fueron pacíficas, salvo un incidente ocurrido el 27 de abril, después de que Sheij Osama al Akkary, influyente líder religioso local que predica en una mezquita de la ciudad, fue detenido en la Dirección General de Inmigración y Pasaportes de la ciudad de Homs cuando acudió a renovar su pasaporte. Su detención desencadenó enfrentamientos violentos en Tell Kalaj entre sus partidarios y las fuerzas de seguridad, en los que murieron dos miembros de éstas. Amnistía Internacional no ha podido determinar si los partidarios del líder religioso tenían armas de fuego ni si la operación de seguridad iniciada posteriormente en Tell Kalaj tenía relación con estas dos muertes.

image6.jpg image7.jpgSiria ha cerrado sus fronteras a organizaciones como Amnistía Internacional, así como a los periodistas internacionales y a otros observadores independientes. Tampoco ha podido visitar el país el equipo de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos al que el Consejo de Derechos Humanos de la ONU encargó el 29 de abril de 2011 que investigara todas las presuntas violaciones del derecho internacional de los derechos humanos y crímenes cometidos contra la población civil en Siria. Para investigar los informes de abusos cometidos en Tell Kalaj, Amnistía Internacional visitó el Líbano entre el 20 de mayo y el 8 de junio, y pasó la mayor parte del tiempo en la zona fronteriza con Siria, donde realizó entrevistas personales con residentes de Tell Kalaj que habían huido por la frontera. También entrevistó a residentes de la localidad por teléfono en junio, hablando en total con más de 50 personas. Algunas de las personas entrevistadas afirmaron que habían sido sometidas a tortura y otros malos tratos, otras eran familiares de personas que habían perdido la vida o testigos de abusos.

Basándose en estas y otras investigaciones, Amnistía Internacional considera que el ejército y las fuerzas de seguridad sirias cometieron crímenes y otras violaciones durante la operación de seguridad de Tell Kalaj que, teniendo en cuenta el contexto de otros crímenes y violaciones de derechos humanos cometidos en otros lugares de Siria, equivalen a crímenes de lesa humanidad. Ello se debe a que parecen formar parte de un ataque generalizado y sistemático contra la población civil que conlleva la comisión múltiple de diversos crímenes contra múltiples víctimas de un modo organizado y en aplicación de una política estatal de cometer este tipo de ataques. Estos crímenes incluyen asesinatos, torturas, detenciones arbitrarias y otras formas de privación grave de libertad, así como otros actos inhumanos cometidos intencionadamente con el fin de causar un gran sufrimiento o daños graves a la salud mental o física. La mayoría de los crímenes que se exponen en este informe entrarían en la jurisdicción de la Corte Penal Internacional si el Consejo de Seguridad de la ONU decide remitir la situación a la fiscalía de la Corte.

Al igual que ocurre con la documentación de violaciones de derechos humanos cometidas en otras partes de Siria, las personas que hablan con organizaciones internacionales de derechos humanos corren el riesgo de sufrir graves represalias. Por tanto, Amnistía Internacional extrema la cautela al reunir información sobre Siria y hacerla pública, y en este informe, cuando ha sido necesario, no cita el nombre ni facilita ningún otro dato que pueda identificar a las personas entrevistadas o poner en peligro a personas.

2. LA OPERACIÓN DE SEGURIDAD DE Tell Kalaj

El 14 de mayo se reunieron en los accesos a Tell Kalaj fuerzas sirias provistas de vehículos militares que llevaban artillería pesada. Algunos residentes que han huido al Líbano declararon que se colocaron francotiradores en el puesto de seguridad de Radar y en el hospital de Al Bassel, ambos en el barrio de Haret al Borj.

Según testigos, Ali al Basha, de 24 años, murió por la mañana, aparentemente por disparos de francotiradores, en el puesto de seguridad de Radar, desde el que se domina la calle Al Mashfa, por donde caminaba. Mientras yacía en el suelo, la gente se refugió en las calles y callejones laterales durante unos 10 minutos, mientras proseguían los disparos, por lo que nadie pudo prestarle la ayuda que necesitaba con urgencia.

Según los familiares del joven y el conductor del vehículo, la misma ambulancia que, más tarde, transportaba a su casa el cadáver de Ali al Basha fue tiroteada en la carretera principal que va desde el pueblo sirio de Al Aarida hasta Tell Kalaj.� En el tiroteo resultaron heridos la madre de Ali al Basha, su hermano y su cuñado, que acompañaban el cuerpo. Amnistía Internacional ha recibido una grabación de vídeo en la que aparece la ambulancia claramente marcada con una media luna roja y el nombre de la asociación. Pueden verse al menos cinco agujeros de bala en un lateral del vehículo.

image8.jpg image9.jpgLa fuerte presencia militar en torno a Tell Kalaj el 14 de mayo y el sonido de los disparos hicieron que muchas familias huyeran. Amnistía Internacional ha sido informada de al menos dos ocasiones en que las fuerzas sirias dispararon contra las familias que huían, hiriendo a algunas personas. Entre ellas figura una mujer de 35 años que recibió un disparo en la parte inferior de la pierna cuando se dirigía a la frontera libanesa junto con varios familiares y miembros de otra familia, todos apiñados en el automóvil de su hermano.� Viajaba en el asiento posterior, con su cuñada en el regazo. Iban por la carretera principal hacia Al Aarida, donde pensaban estacionar el vehículo en el lado sirio de la frontera para entrar en el Líbano cruzando el puente sobre el río Al Kabir. A unos minutos de Tell Kalaj, cerca de la localidad de Mashta Mahli, la carretera estaba bloqueada con grandes piedras; en ese momento comenzaron a dispararles, aparentemente las fuerzas de seguridad ahí apostadas. El hermano de la mujer aceleró y se dirigió a Al Aarida; tras entrar en el Líbano, llevó a la herida a un hospital, donde la atendieron.

Esa noche, en su segundo viaje a Al Aarida, un gran camión que llevaba a decenas de familias asustadas entró en la línea de fuego al llegar al mismo bloqueo de carretera, cerca de Mashta Mahli.� Munira, una niña de siete años, resultó herida en las nalgas y en el muslo y el pie derechos. Su hermano gemelo sufrió heridas en la parte inferior de una pierna.

Durante la jornada del 14 de mayo, las fuerzas sirias también causaron daños a la principal fuente de agua de Tell Kalaj, el depósito de Al Hawooz. Las pocas familias que tenían pozos compartieron el agua con sus vecinos y familiares, y algunos residentes fueron a casas abandonadas para llenar botellas en los depósitos que aún tenían agua.�

A lo largo del 15 de mayo, el ejército bombardeó el barrio de Haret al Borj y las afueras de Tell Kalaj con artillería pesada, operación que repitió la mañana del 16 de mayo.� Amnistía Internacional no documentó ni supo de casos de heridos o muertos causados por este bombardeo, ni pudo evaluar los daños en viviendas y negocios. Sin embargo, el uso de bombardeos de artillería en el curso de una operación policial en un barrio residencial es, a primera vista, una violación flagrante del derecho internacional de los derechos humanos.

SAQUEOS A MANOS DE SOLDADOS

Según testimonios coincidentes de varias familias desplazadas en el norte del Líbano, los soldados, tras su despliegue en Tell Kalaj, saquearon y destrozaron muchas casas y comercios los días 16 y 17 de mayo. “Mariam”�, por ejemplo, que había huido del barrio de Al Hayy al Sharqi el 15 de mayo y estaba viviendo en casa de su hija, en un barrio menos peligroso, decidió arriesgarse a volver a su casa al día siguiente para recoger las tarjetas de identidad de la familia. Cuando llegó a la céntrica plaza de Abu Arab de Tell Kalaj, vio vehículos militares y soldados y observó que había casas y comercios destrozados y que seguían destrozándolos. Se marchó de ahí rápidamente. El 19 de mayo fue de nuevo a comprobar cómo estaba su casa. Dijo a Amnistía Internacional:

Muchas de las casas que vi mientras caminaba hacia la mía habían sido destrozadas. Llegué a mi casa y todo estaba roto o hecho añicos. Habían golpeado mi nevera repetidamente con un instrumento contundente […] Los grifos estropeados […] Tenía un gran mueble de vitrina en el salón con un televisor; lo habían arrojado todo al suelo […] Tenemos que empezar de nuevo desde cero.”

Muchas de las personas entrevistadas se quejaron de que los soldados habían robado dinero en efectivo, incluso en casas que aún estaban ocupadas por familias. “Mona” dijo que su esposo y sus cuñados, que huyeron con sus familias al Líbano, dejaron dinero a sus ancianos padres, que se negaron a marcharse deTell Kalaj:

“Dejaron a sus padres alrededor de un millón de libras sirias [unos 21.000 dólares estadounidenses] en efectivo y mi suegra escondió el dinero en un tarro de trigo partido. Cuando los soldados llegaron a su casa, arrojaron al suelo el contenido de toda la comida guardada, incluido el tarro de trigo partido, encontraron el dinero y se lo llevaron.”

3. DETENCIONES MASIVAS

Los días 16, 17 y 18 de mayo, las tropas sirias realizaron registros casa por casa en Tell Kalaj. Según las conclusiones de Amnistía Internacional, decenas de residentes varones, algunos de ellos mayores de 60 años o menores de 18, fueron detenidos arbitrariamente y algunos fueron torturados o sometidos a otros malos tratos en el momento de la detención o estando bajo custodia, incluido durante el interrogatorio.

Muchos hombres más fueron detenidos cuando intentaban huir de Tell Kalaj una vez que cesó el bombardeo, el 16 de mayo. Las tropas interceptaban a las familias que huían en la carretera de Al Kherbeh, la única vía de salida accesible de Tell Kalaj, separaban a los hombres de las mujeres y luego detenían a los hombres o les dejaban marchar sin explicaciones. También fueron detenidos algunos hombres que se arriesgaron a volver a Tell Kalaj, como un vendedor ambulante de café, detenido en la carretera de Al Kherbeh la última semana de mayo cuando regresaba con su esposa y su hijo para comprobar cómo estaba su casa después de oír que la habían destrozado.

image10.pngTodas las familias de Tell Kalaj con las que se entrevistó Amnistía Internacional en el Líbano tenían al menos un familiar detenido. Entre las personas detenidas había oficiales del ejército retirados, líderes religiosos, abogados, carpinteros, electricistas, conductores, carniceros, estudiantes, tenderos, agricultores, pintores, trabajadores de la construcción y peluqueros.

Descripciones coincidentes de las detenciones practicadas durante los registros casa por casa indican que las palizas comenzaban en el momento en que un hombre abría la puerta, normalmente con un bofetón inmediato en la cara. Según los testimonios recibidos por Amnistía Internacional, las víctimas recibían después puñetazos, bofetadas, puntapiés y golpes con las culatas de los fusiles, alambres retorcidos y porras. Tras la detención, casi siempre les arrastraban afuera, les ataban las manos con cables de plástico y les vendaban los ojos. A algunos les levantaban la camisa para ponérsela sobre la cara y la cabeza y les obligaban a arrodillarse o a tumbarse boca abajo en el suelo. Muchos detenidos fueron llevados a la plaza de Abu Arab o a la de Ibliss, que el ejército utilizaba como puntos de recogida para transportarles después en autobuses o vehículos militares.

Según los testimonios recibidos por Amnistía Internacional, en los autobuses y vehículos militares los soldados golpeaban a los detenidos y les insultaban a ellos y a sus familias, así como sus creencias religiosas. En por lo menos un autobús, el 18 de mayo, los soldados contaron el número de detenidos apagando un cigarrillo en la nuca de cada uno de ellos. Un delegado de Amnistía Internacional vio la marca de la quemadura en el cuello de un joven de 20 años que había huido al norte del Líbano tras ser puesto en libertad.�

Muchos de los autobuses paraban en pueblos conocidos por su lealtad al presidente Bachar el Assad, como Al Hajar al Abyad, Al Makhtabiyeh y Tell Sarin. Ahí, sacaban a los detenidos de los vehículos y les obligaban a arrodillarse, y luego aparentemente se permitía que los habitantes locales les golpearan, escupieran e insultaran. Por último, llevaban a los detenidos a Homs, donde les interrogaban y, según varias fuentes, les sometían a torturas o a otros malos tratos, principalmente a manos del servicio de Seguridad Militar, otra de las fuerzas de seguridad que operan en Siria. En algunos casos, les trasladaban posteriormente a Damasco.

Las familias no supieron dónde estaban estos detenidos hasta que algunos fueron puestos en libertad a finales de mayo y en junio, o estos ex detenidos les comunicaban que el resto de detenidos seguían en Homs. Cuando se redactan estas líneas, a finales de junio, algunos detenidos durante la operación de seguridad de Tell Kalaj seguían bajo custodia, entre ellos un menor que cumplió 17 años poco días después de su detención.

4. TorturAS Y OTROS MALOS TRATOS

detenidos adultos

Cinco detenidos posteriormente puestos en libertad y los familiares de otros ex detenidos entrevistados por Amnistía Internacional afirmaron que todos los detenidos adultos sufrieron torturas u otros malos tratos, incluso los que ya estaban heridos. Según los testimonios recibidos por Amnistía Internacional, primero llevaron a los detenidos al centro de detención de la Policía Militar conocido como prisión de Al Boloneh, en Homs, donde les golpearon e insultaron y luego les trasladaron al centro de detención del servicio de Seguridad Militar de Homs, donde fueron torturados. Las torturas a las que, según informes, fueron sometidos incluían el método del fantasma (shabah ), consistente en obligar al detenido a mantener una postura en tensión durante largos periodos y golpearlo, en estos casos atándolos por las muñecas a una barra situada a una altura que los obligaba a permanecer de puntillas; descargas eléctricas y la rueda (dulab), en el que se inclina a la víctima para meterla en una rueda y luego se la golpea.

Mahmoud”, de 20 años, detenido el 16 de mayo en el barrio de Haret al Borj y puesto en libertad casi un mes después, contó a Amnistía Internacional las torturas que sufrió en el centro de detención del servicio de Seguridad Militar de Homs:

El interrogador me preguntó si estaba casado. Le dije que no, así que me dijo que iba a cortarme el órgano masculino. Me pegó con fuerza en el cuerpo hasta que me desmayé. Recuperé el conocimiento cuando me arrojaron agua y sin previo aviso me aplicó una descarga eléctrica en los testículos. Fue tan terrible que no puedo describirlo. Creo que estuve cinco días en el servicio de Seguridad Militar de Homs, todo los días pasaba lo mismo. Me ataban en la postura del fantasma y me aplicaban descargas eléctricas en los testículos y en otras partes del cuerpo. A veces yo aullaba de dolor y suplicaba al interrogador que parara, pero a él le daba igual. Me hicieron poner las huellas de los pulgares en unos documentos que no había leído; tenía los ojos vendados.

“Luego me trasladaron a un centro de detención de Damasco, lo que fue más fácil […] Después me enviaron a la prisión central de Homs durante un tiempo hasta que me llevaron por fin ante un juez, no sé su cargo exacto, pero fue amable. Me dijo: ‘Hijo, has participado en cuatro manifestaciones’. Le dije que sólo había participado en dos protestas. El juez dijo que había confesado cuatro. Le expliqué que había confesado solamente dos, lo que era la verdad, y me quejé ante él de que me habían torturado terriblemente y que había tenido que poner la huella del pulgar en documentos que no había leído, pero él no respondió y permaneció en silencio […]

“El abogado pudo sacarnos hasta que empiece mi juicio [...] El abogado me dijo que podía pasar entre tres y cinco años en prisión. Por eso me vine al Líbano y no sé qué hacer.”

“Wael”, joven de 28 años acusado de filmar manifestaciones con su teléfono, fue capturado en su casa del barrio de Al Hara al Gharbiyeh el 16 de mayo junto con otras 50 personas. Todos los detenidos fueron llevados a la prisión de Al Boloneh de Homs, donde les ordenaron que se desnudaran delante de los demás para poder registrar su ropa. Dijo a Amnistía Internacional:

Nos metieron a todos en una gran sala y ahí vi las magulladuras y cortes en la cara de las personas detenidas conmigo, causadas por los golpes que recibimos durante la detención. Todos empezaron a presionarse los brazos con las manos y a mover éstas para quitarse la sensación de entumecimiento de haber tenido las manos atadas; algunos tenían los brazos azules.

“Luego alguien dijo los nombres de los 26 detenidos, incluido el mío, y nos entregó al servicio de Seguridad Militar, que nos llevó a su centro de detención de la plaza de Haj Atef de Homs. Ahí nos pegaron y nos insultaron, llamándonos de todo, como ‘burros” […]

“Me vendaron los ojos, me ataron las manos y me llevaron a un interrogador […] Éste dijo: ‘¿Por qué quieres que caiga el régimen?’ Yo dije: ‘No queremos eso, sólo queremos nuestra libertad’. En cuanto dije eso, empezaron a llover golpes de todas las partes y sentí que me quedaba sin energía, y luego me arrojaron a una sala llena de decenas de detenidos.

“Al día siguiente [...] [el interrogador] me arrastró hasta el guarda y le dijo que me pusiera en la postura del fantasma. Estuve colgado así unas seis horas. El interrogador iba y venía y preguntaba: ‘¿Quién ha convocado la yihad? ¿Quién incitó a la gente de Tell Kalaj contra el régimen?’ Yo decía una y otra vez que nadie. El interrogador me amenazó con aplicarme la misma tortura que a la gente cuyos alaridos de dolor se oían. Luego me echó agua en la espalda y me dio una descarga eléctrica que hizo que mi cuerpo se sacudiera involuntariamente y me golpease contra una pared dura […] Me aplicó descargas eléctricas en el cuerpo cuatro veces durante las seis horas que estuve colgando de las muñecas [..].

“Me llevó a otra habitación y ordenó a alguien que me atara las manos a la espalda. Luego trajo la rueda de un vehículo y me dobló para meterme los pies, la cabeza y el cuello en la rueda. Me puso boca arriba para que los pies quedaran hacia arriba y usó un palo con cuerdas a ambos lados para juntarlos. Luego me pegó con fuerza en las plantas de los pies con una porra. Mientras me pegaba, gritaba: ‘¿Quién incitó a la gente de Tell Kalaj contra el régimen?’ En ese momento grité de dolor y luego le respondí: ‘En Tell Kalaj todos eran incitadores, en Tell Kalaj todos eran incitadores’. ’[…]

“Me trasladaron con un grupo de detenidos a la prisión de Al Qabun, de la Policía Militar, en Damasco, donde estuve unas cuatro horas y luego me llevaron a la Sección Palestina [centro de detención del servicio de Seguridad Militar de Damasco], donde nos recibieron con una bienvenida especial de golpes y juramentos. Un hombre de nuestro grupo había estado haciendo declaraciones a Al Yazira como testigo presencial y en cuanto le identificaron, se lo llevaron a una celda de aislamiento y más tarde me dijeron que le habían tenido en la postura del fantasma los ochos días que estuvo ahí [...]

“Cuando nos pusieron por fin en libertad, un alto cargo de la prisión nos advirtió de que si hablábamos con alguien de quién estaba en prisión o de lo que había ocurrido, volveríamos a prisión.”

Said”, funcionario público retirado de 66 años, fue detenido en su casa del barrio de Al Hara al Gharbiyeh la madrugada del 16 de mayo, en pijama y zapatillas, y permaneció bajo custodia hasta el 22 de mayo. Dijo a Amnistía Internacional que durante el tiempo que estuvo detenido le negaron su medicación para la hipertensión y que ni los soldados que le capturaron ni los funcionarios de la Seguridad Militar de Homs tuvieron ninguna consideración a su edad. Sin embargo, dijo que el interrogador del centro de detención del servicio de Seguridad Militar, que le interrogó durante horas, fue en general educado. Cuando se quejó de que los guardias le pegaban e insultaban, el interrogador denunció dicha conducta y dijo que les ordenaría que pararan, lo que así ocurrió.�

MENORES

Durante las detenciones masivas de Tell Kalaj fueron detenidos al menos tres menores de edad, uno de los cuales sigue bajo custodia cuando se redacta este informe. Una niña de 16 años dijo a Amnistía Internacional que el 16 de mayo los soldados detuvieron a su familia en la carretera de Al Kherbeh, cuando huían de Tell Kalaj, y que se llevaron a su hermano de 17 años. La joven dijo que siete soldados lo arrastraron a un lado de la carretera y le golpearon, y que la amenazaron con dispararla si no regresaba al automóvil y se marchaba. Sus padres confirmaron a Amnistía Internacional que su hijo estaba aún detenido el 23 de junio de 2011. La muchacha dijo a Amnistía Internacional:��“Cuando se lo llevaron, empecé a chillar y gritar, pidiéndoles que le dejaran marchar. Un soldado me apuntó con el rifle y dijo: ‘¡Niña descarada! ¡Métete en el automóvil o te disparo! Juro por Dios que te disparo’. Mi abuela y el conductor me empujaron hacia el vehículo […] vi a los soldados pegándole con las culatas de los rifles y dándole puntapiés; a él y a otros cinco hombres que estaban boca abajo en el suelo.”

Según dos detenidos puestos en libertad a los que se entrevistó por separado, los otros dos menores detenidos en la operación de seguridad, que según informes tenían menos de 16 años, fueron trasladados a Homs tras la detención y recluidos en la prisión de Al Boloneh y en el centro de detención del servicio de Seguridad Militar hasta que fueron puestos en libertad. Amnistía Internacional no pudo ponerse en contacto con los niños ni con sus familiares inmediatos, ni pudo averiguar si habían sufrido malos tratos. Sin embargo, parece que al menos uno de los dos niños oyó los gritos de otras personas torturadas. Uno de los ex detenidos, que dijo que estuvo con el niño en el centro de detención del servicio de Seguridad Militar de Homs, dijo a Amnistía Internacional:��“[El niño] se quedó aterrorizado cuando oyó los alaridos. Empezó a suplicar a los miembros de la seguridad que no le torturaran, diciendo: ‘Os diré todo lo que sé, no me peguéis, por favor.’”

PERSONAS HERIDAS

“Wassim”, un joven de 21 años detenido junto con sus amigos en una vivienda del barrio de Al Hayy al Sharqi el 17 de mayo, dijo que un soldado le clavó una bayoneta en las nalgas. Lo llevaron al hospital de Al Bassel, ocupado por las fuerzas sirias desde el 14 de mayo, y luego al hospital militar de Homs. Dijo a Amnistía Internacional:

“Cuando me metieron en el hospital de Al Bassel, los enfermeros y enfermeras, que llevaban uniformes verdes o blancos, me insultaron y pegaron. Recuerdo que una mujer que llevaba un uniforme blanco se quitó el zapato y me golpeó tan fuerte en la cabeza que empecé a sangrar.

“Me llevaron a una habitación y ahí alguien me echó por toda la cara una botella de alcohol quirúrgico. Empecé a toser mucho, y una enfermera que llevaba un uniforme verde me reprendió y me dijo: ‘Cerdo, estás fingiendo que estás inconsciente’.

“Me quitaron la ropa y me pidieron que me pusiera boca abajo, pues mis heridas estaban en la parte de atrás de las caderas y me ataron los pies juntos con un cable de plástico. Unas personas me vendaron los ojos y se quedaron junto a mi cabeza, fumando y tirándome la ceniza de los cigarrillos en la sien y luego me pegaron en las pantorrillas con un palo.

“Me dejaron en la cama en esa postura todo el día siguiente y luego me llevaron en ambulancia al hospital militar de Homs. Cuando llegamos ahí, un soldado dijo a quienes me estaban sacando de la ambulancia que me habían sorprendido disparando contra unos soldados, lo que no era verdad.

“Los enfermeros y enfermeras me insultaron de nuevo y me pegaron con fuerza, y una enfermera me dio varios puñetazos con toda su fuerza en el pecho. Algunos se quitaron los zapatos y me pegaron en la cara con ellos. Oí muchas voces preguntando: ‘Conque quieres libertad, ¿eh?’

“Me examinaron y luego alguien me cosió las heridas sin anestesia. Grité ahogadamente de dolor y me estremecí; el médico o una enfermera pusieron una gasa en las dos heridas y luego llegó un hombre que empezó a pegarme en las heridas y me ordenó que me levantara. Él y otros me arrastraron por el suelo y luego me llevaron a un centro de detención en Homs. Ahí, los guardias me arrojaron al suelo y dijeron: ‘Estaba disparando contra el ejército’ [ …]

“Enseñé [mis heridas al interrogador] y empezaron a pegarme en las heridas y también en otras partes del cuerpo hasta que pensé que iba a morir. Luego sentí un líquido caliente que caía desde mis heridas hasta la pierna […]

“[Los guardias] me llevaron ante alguien que me ordenó que me tumbara en el suelo boca abajo con los pies hacia arriba y me pegó con fuerza con un palo en las plantas de los pies. También me dio puntapiés en el cuerpo y me acusó de ser un saboteador y un espía.” �

“Wassim” fue puesto en libertad el 13 de junio tras poner la huella del pulgar en unos documentos que dijo que no había leído.

Tanto “Wassim” como “Mahmoud” hablaron a Amnistía Internacional por separado de “Walid”, un joven herido de Tell Kalaj que, según dijeron, fue torturado con la aplicación de un pincho de hierro caliente en los testículos en un centro de detención no identificado de Homs, probablemente dirigido por el servicio de Seguridad Militar. “Wassim” dijo:

“Oí a algunos de los hombres dando alaridos de dolor y miré por debajo de la venda que tenía en los ojos y vi a uno de los interrogadores calentando un pincho de hierro en un fuego de gas. Temblé de miedo pensando que iba a venir hacia mí y quemarme. Pero luego se dirigió hacia otro hombre, [‘Walid’], que tenía una herida en el muslo y estaba desnudo en una cama y le puso el pincho en los testículos. [‘Walid’] aulló de dolor y empezó a gritar: ‘¡Se lo suplico, no, por favor!’”

“Mahmoud” conoció a “Walid” en la prisión central de Homs en junio y dijo que no podía permanecer de pie debido a sus heridas.

TRATO INHUMANO Y DEGRADANTE

Los detenidos denunciaron que los soldados sirios y los miembros de las fuerzas de seguridad les vejaron y ofendieron menospreciándoles a ellos y a sus familiares, así como su religión.

Un hombre que fue detenido el 16 de mayo dijo a Amnistía Internacional que tras la detención le obligaron a arrodillarse en la carretera y luego un soldado con el pelo gris le echó una ventosidad en la cara. Poco después, mientras el hombre estaba de pie con las manos atadas esperando con otros detenidos a subir a un vehículo militar en el barrio de Al Hara al Gharbiyeh, un soldado le metió un palo entre las nalgas. Luego, dijo, los detenidos fueron llevados a un pueblo próximo conocido por su lealtad al presidente El Assad, donde hombres y mujeres les golpearon. Dijo a Amnistía Internacional que cuando volvía al autobús:

“Un soldado me pegó y me llamó hijo de puta. Cuando estaba aún en el suelo, el soldado dijo: ‘Di: soy un hijo de puta’. No lo dije. Me golpeó con fuerza y se unieron otros a él con palos y puntapiés mientras repetía su orden tres veces y cada vez yo guardaba silencio, lo que desencadenaba más golpes. Estaba a punto de desmayarme, así que me arrastraron hasta el vehículo y me amenazaron con ocuparse de mí más tarde.”�

Otro detenido que fue aprehendido el 16 de mayo y puesto en libertad el 13 de junio, dijo a Amnistía Internacional que cuando estaba en el centro de detención del servicio de Seguridad Militar de Homs, dos miembros de los servicios de seguridad le ordenaron que se tumbara boca abajo. Luego se sentaron sobre su espalda mientras fumaban en una pipa de agua y le hicieron preguntas provocadoras sobre el tipo de ropa que llevaban su madre y su hermana.�

Varios detenidos más contaron que los soldados ofendieron sus creencias religiosas preguntándoles quién era su Dios y obligándoles a cambiar la palabra “Alá” por “Bachar”, el nombre del presidente. Uno dijo que un grupo de soldados ordenó a los detenidos que dijeran que Bachar era su Dios. Con los ojos vendados y las manos atadas, los detenidos guardaron silencio, dijo, por lo que les golpearon con lo que parecía una barra de metal, y algunos perdieron el conocimiento.

5. MUERTES BAJO CUSTODIA

Al menos nueve hombres murieron bajo custodia tras ser detenidos durante la operación de seguridad de Tell Kalaj, según testigos que vieron a los hombre cuando les detenían las fuerzas sirias o mientras estaban detenidos.�

Ahmed Hamsho, abogado de unos 30 años, fue detenido en un control, probablemente cerca del pueblo de Al Hajar al Abyad, entre el 14 y el 18 de mayo, cuando se dirigía a recoger a su esposa, según los vecinos y un ex detenido que le reconoció en el centro de detención del servicio de Seguridad Militar de Homs.� El ex detenido dijo a Amnistía Internacional que vio a Ahmed Hamsho, a quien conocía bien, en una celda hacinada del centro de Seguridad Militar pocos días después del comienzo de la operación de seguridad. Dijo que Ahmed estaba consciente, pero en mal estado: echaba espuma por la boca y tenía un corte profundo en el pecho e hinchazones en la cabeza. Afirmó que Hamsho le dijo que le habían acuchillado en el pecho cuando los soldados le arrastraron por un pueblo y la multitud le golpeó. El ex detenido dijo que él y otras personas intentaron limpiar la herida del pecho con sus camisas. Los guardias se dieron cuenta y sometieron al ex detenido al método de tortura de la rueda mientras le preguntaban qué le había contado Ahmed Hamsho. La última vez que el ex detenido vio a Ahmed Hamsho suplicó a los guardias que le estaban pegando que le dejaran en paz, luego Ahmed se quedó en silencio y se lo llevaron rápidamente. El cadáver de Ahmed Hamsho fue entregado a su familia a finales de mayo.

Según informes, los hermanos Majd y So’dat al Kurdy, los hermanos Abd al Rahman y Ahmed Abu Libdeh, y Mohamed Adel Halloum, Kifah Haidar, Oqba al Sha’ar y Mohamed al Rajab —la mayoría de ellos de unos 20 años de edad— fueron aprehendidos por los soldados el 17 de mayo junto con decenas de hombres más, durante la operación de seguridad de Tell Kalaj. Sus familiares y amigos dijeron a Amnistía Internacional que los ocho hombres se habían escondido el día anterior, después de ver que los soldados capturaban y golpeaban a los hombres. Los ocho estaban en el piso superior de una casa del barrio de Al Hayy al Sharqi de Tell Kalaj cuando llegaron los soldados y les ordenaron que salieran. Al parecer, Majd al Kurdy, Abd al Rahman Abu Libdeh, Mohamed Adel Halloum y Mohamed al Rajab decidieron entregarse. Según informes, cuando abrieron la puerta, los soldados empezaron a disparar e hirieron a Majd al Kurdy en una mano y a Abd al Rahman Abu Libdeh en un hombro. Mohamed Adel Halloum y Mohamed al Rajaba cayeron al suelo, pero no está claro si resultaron heridos. So’dat al Kurdy y Ahmed Abu Libdeh corrieron escaleras abajo para ver qué les había pasado a sus hermanos, junto con Kifah Haidar y Oqba al Sha’ar. Los informes indican que también les dispararon y cayeron al suelo. No está claro si todos fueron alcanzados por balas o si alguno intentó cubrirse. Sin embargo, Ahmed Abu Libdeh parecía inconsciente, con un disparo en la cintura. Mientras los hombres yacían en el suelo, los soldados les arrastraron presuntamente afuera al mismo tiempo que les golpeaban, y luego les ataron las manos con cuerdas de plástico y les vendaron los ojos antes de llevárselos.

Unas dos semanas después, las autoridades dijeron a las familias que acudieran a un hospital militar de Homs para identificar los cadáveres de los ocho. Según informes, no dieron ninguna explicación sobre la muerte de los hombres. Poco después, entregaron los cuerpos a sus familias en bolsas de nylon. Los cadáveres de Majd y So’dat al Kurdy fueron entregados y enterrados el 29 de mayo; los de Abd al Rahman y Ahmed Abu Libdeh, el 30 de mayo; los de Kifah Haidar, Mohamed Adel Halloum y Oqba al Sha’ar, el 31 de mayo; y el de Mohamed al Rajab, el 6 de junio.

Las personas que asistieron a los funerales dieron testimonios similares por separado a Amnistía Internacional sobre los cadáveres, que vieron al menos parcialmente desnudos porque los dolientes habían abierto las bolsas de nylon. Dijeron que los cuerpos de Majd y So’dat al Kurdy tenían cortes en el pecho y largos tajos verticales en los muslos, así como lo que parecían heridas de bala en la parte de detrás de las piernas. La cara de Majd al Kurdy estaba muy desfigurada, pero pudo ser identificado por un tatuaje en el brazo derecho con el nombre de su novia.�

Majd y So’dat al Kurdy participaron activamente en manifestaciones contra el régimen en Tell Kalaj. Amnistía Internacional ha visto imágenes en vídeo en los que se ve a ambos hermanos en la manifestación del 13 de mayo de la plaza de Abu Arab y en las que Majd corea consignas contra el presidente El Assad con un altavoz en la mano. Más tarde, en la manifestación, unos 12 cargos subalternos del Partido Baás en el gobierno salieron uno a uno y anunciaron su dimisión. Cuando le llegó su turno, Majd dijo: “Anuncio mi dimisión del corrupto Partido Baás.”

Dos testigos entrevistados por separado afirmaron que la piel de la parte derecha de la cara de Kifah Haidar parecía quemada o arrancada, dejando el hueso a la vista, y que tenía lo que parecía una herida de bala en el pecho.� Los cadáveres de Mohamed Adel Halloum y Abd al Rahman Abu Libdeh tenían cortes en el pecho.

Hay dos fotografías y una secuencia de vídeo en las que se muestran los cuerpos de Ahmed Abu Libdeh, Abd al Rahman Abu Libdeh y Mohamed al Rajab. A pesar de las limitaciones de estas imágenes, un patólogo forense que las examinó para Amnistía Internacional dijo que podía haber lesiones traumáticas en los tres; Abd al Rahman Abu Libdeh, en concreto, tenía señales de un traumatismo causado por un objeto contundente cuando aún estaba con vida. En la declaración escrita dirigida a Amnistía Internacional en relación con el caso de Abd al Rahman Abu Libdeh, el forense concluyó:

“Hay una decoloración verduzca en la piel del torso, pero las partes más grandes del cuerpo y la cara carecen de esta característica. La decoloración muestra un patrón llamativo, pues hay una mancha oscura lineal en los bordes inferiores del cuello. Podría deberse a una cuerda colocada en ese lugar cuando la víctima estaba con vida. La dirección de la marca no encaja con un ahorcamiento normal, sino con la víctima cabeza abajo o con un objeto pesado atado al cuello. El brazo izquierdo parece deformado, posiblemente debido a una fractura. Hay varias excoriaciones en los dos hombros y en la cara resultado de un traumatismo con un objeto contundente cuando la víctima estaba con vida.”

Las circunstancias de la muerte de estos ocho hombres siguen siendo confusas. Parece que los soldados aprehendieron a la mayoría de ellos, cuando no a todos, con vida, aunque heridos, en algunos casos de gravedad, el 17 de mayo. No se sabe nada más hasta que fueron vistos los cadáveres, casi dos semanas después, en el hospital militar de Homs.

Dados los numerosos informes sobre torturas y muertes bajo custodia en circunstancias sospechosas en otros lugares de Siria durante el alzamiento de 2011, a Amnistía Internacional le preocupa que las nueve muertes bajo custodia aquí expuestas fueran reusltado de torturas u otros malos tratos. Estos y otros informes deben investigarse de forma exhaustiva, imparcial e independiente, y toda persona implicada en la comisión de los crímenes debe comparecer ante la justicia.

6. MALOS TRATOS A FAMILIARES

Los padres supieron de la muerte de sus hijos por el alcalde y el mukhtar, funcionario municipal que emite los certificados de nacimiento y de muerte, de Tell Kalaj, con quienes aparentemente se pusieron en contacto las autoridades. Algunas familias recibieron datos contradictorios sobre la suerte de sus hijos y el lugar donde estaban los cadáveres, lo que aumentó su aflicción. Además, los familiares dijeron a Amnistía Internacional que cuando acudieron a identificar los cuerpos les insultaron y les presionaron para que dijeran que su familiar había sido asesinado por “bandas armadas” si querían recibir el cuerpo. No se informó a las familias de las circunstancias ni de las causas de la muerte.

Al conocer la muerte de sus hijos, las mujeres de las familias de tres de los ocho jóvenes que murieron bajo custodia tras ser detenidos el 17 de mayo visitaron el hospital de Al Bassel, que había sido tomado por el ejército el 14 de mayo. Los empleados del centro les dijeron que no tenían ningún cadáver en el depósito debido a los cortes de electricidad impuestos en Tell Kalaj durante la operación de seguridad.

Algunas mujeres fueron a Homs para intentar encontrar los cadáveres, mientras los varones de la familia estaban detenidos o se quedaban en Tell Kalaj por temor por su seguridad si viajaban. Las madres de dos de los fallecidos fueron infructuosamente a Homs tres veces entre el 20 y el 25 de mayo, intentando averiguar dónde estaban los cuerpos. En un momento determinado, llamaron al fiscal de Homs, que dijo que sus hijos estaban vivos y detenidos, lo que les hizo albergar esperanzas. Dos días después, sin embargo, les comunicó que en realidad estaban muertos. Una de las madres contó así el trato que recibieron en los hospitales de Homs durante su búsqueda:

“Preguntamos por nuestros hijos en el hospital militar, el molazim awwal [oficial de rango equivalente al de teniente] miró los papeles que tenía y dijo que los nombres por los que preguntábamos no estaban ahí. Habló con impaciencia y a veces nos gritó cuando insistimos. Nos ordenó que nos marchásemos, y mi familiar le suplicó que nos ayudara, diciendo que yo era una madre en duelo y que tenía diabetes y dificultades para caminar. Él dijo: ‘¿Qué quieres? ¿Qué sea yo quien la obligue a caminar?’”�

Los familiares varones de los fallecidos que finalmente fueron a identificar los cadáveres fueron insultados. El hermano de una de las víctimas dijo que en el hospital militar de Homs les dijeron: “Sois unos perros que venís a recoger perros”. Otro hombre dijo a Amnistía Internacional que el oficial del hospital militar le dijo a su padre que su hijo fallecido era “un cerdo que se había ahogado”.

Dos familias dijeron que para que les entregaran el cuerpo se vieron obligados a presentar una declaración escrita en la que decían que su familiar había muerto a manos de elementos armados de la oposición.� Otros familiares contaron que tuvieron que prometer no llamar “mártires” a los fallecidos cuando anunciaran sus funerales en la mezquita.� También afirmaron que les dijeron que no podían asistir más de 10 personas y que el cortejo fúnebre debía ser silencioso (los musulmanes suelen corear “no hay más Dios que Alá” mientras recorren a pie el trayecto desde la casa de la familia hasta el cementerio).�

7. ConclusionES Y RECOMENDACIONES

Amnistía Internacional considera que los crímenes cometidos en Tell Kalaj, teniendo en cuenta el contexto de otros crímenes y violaciones de derechos humanos cometidos en otros lugares de Siria, equivalen a crímenes de lesa humanidad, pues parecen formar parte de un ataque generalizado y sistemático contra la población civil que conlleva la comisión múltiple de diversos crímenes contra múltiples víctimas de un modo organizado y en aplicación de una política estatal de cometer este tipo ataques. Estos crímenes incluyen asesinatos, torturas, detenciones arbitrarias y otras formas de privación grave de libertad, así como otros actos inhumanos cometidos intencionadamente a fin de causar un gran sufrimiento o daños graves a la salud mental o física. Si estos crímenes, así como la violencia física y la destrucción de propiedades personales, fueron cometidos a causa de la oposición política al régimen de los residentes de Tell Kalaj, también equivaldrían al crimen de lesa humanidad de persecución.

Las quemaduras o la aplicación de descargas eléctricas en los testículos de los presos son parte del crimen de lesa humanidad de tortura, pero también podrían constituir un crimen de lesa humanidad de esterilización forzada, si se comete como parte de un ataque generalizado o sistemático contra la población civil y causa la privación de la capacidad biológica reproductiva de las víctimas.

Desde que comenzaron las protestas masivas en marzo de 2011, Amnistía Internacional ha investigado y documentado homicidios ilegítimos, torturas, detenciones arbitrarias y otras violaciones de derechos humanos contra ciudadanos sirios y de otras nacionalidades en todo el país, y viene afirmando que esto indica la existencia de una constante de crímenes generalizados y sistemáticos que constituyen crímenes de lesa humanidad. La organización ha instado en reiteradas ocasiones a las autoridades sirias a que realicen investigaciones exhaustivas, sin demora e imparciales sobre los crímenes y las violaciones de derechos humanos cometidos en todo el país. Sin embargo, las autoridades sirias no las han hecho y parece que no están dispuestas a hacerlas. Hasta ahora, el presidente Bachar el Assad no ha dado ninguna indicación en sus discursos públicos de que las autoridades estén investigando crímenes y otros abusos contra los derechos humanos o de que tengan la intención de exigir responsabilidades a los miembros del ejército y de las fuerzas de seguridad presuntamente responsables.�

Ante estos motivos de preocupación de la máxima gravedad, las autoridades sirias deben modificar por completo su actitud y adoptar una serie de medidas urgentes para impedir que se cometan en el futuro más crímenes y otras violaciones de derechos humanos contra la población civil siria y evitar cualquier privación de sus derechos fundamentales a las personas por su oposición política al régimen. En concreto, Amnistía Internacional pide a las autoridades sirias:

En relación con las operaciones de seguridad

Que pongan fin al uso de la artillería y de otras armas pesadas en las operaciones de seguridad, pues es contrario a las normas internacionales sobre el uso de la fuerza por funcionarios encargados de hacer cumplir la ley.

En relación con las personas detenidas

Que pongan en libertad a todas las personas detenidas arbitrariamente y a las personas detenidas por participar en manifestaciones pacíficas o por expresar opiniones disidentes.

Que pongan en libertad de forma inmediata e incondicional a todas las personas menores de edad detenidas por el ejercicio pacífico de sus derechos; que garanticen que los menores sólo están encarcelados como último recurso y durante el menor tiempo posible; y que, hasta que sean puestos en libertad, separen a los menores detenidos de los adultos a menos que se considere que lo contrario sirve al interés superior del menor.

Que faciliten atención médica inmediata a todos los detenidos heridos, les traten humanamente y exijan responsabilidades a los profesionales de la salud que nieguen a los detenidos heridos el tratamiento médico necesario o que les torturen o inflijan otros malos tratos.

Que garanticen que a todos los detenidos por haber cometido presuntamente un delito reconocido internacionalmente se les permite recibir visitas periódicas de su familia y abogados, y son enjuiciados sin demora en actuaciones que cumplan todas las normas internacionales de imparcialidad procesal.

Que garanticen que las declaraciones obtenidas bajo tortura u otros malos tratos, u otras coacciones, no se utilizan en ningún tipo de actuaciones.

En relación con el trato a los familiares

Que impartan instrucciones claras a las autoridades militares, de seguridad, médicas, judiciales y a otras autoridades pertinentes para que traten con dignidad a las familias de las personas fallecidas en las protestas o bajo custodia o en otras circunstancias no explicadas relacionadas con el alzamiento, y entreguen los cadáveres de los fallecidos a las familias sin imponer condiciones arbitrarias y sin demoras indebidas.

Que hagan rendir cuentas a cualquier persona o autoridad que presione u obligue a los familiares a presentar declaraciones falsas sobre las circunstancias de la muerte de un familiar a cambio de entregarles el cuerpo, y que reconozcan este tipo de actos cometidos por personas con autoridad como un delito o como obstrucción a la justicia.

En relación con las investigaciones nacionales

Que establezcan una comisión independiente para que realice investigaciones exhaustivas, sin demora e imparciales sobre los casos de los nueve hombres de Tell Kalaj que murieron bajo custodia en lo que parecen casos de ejecución extrajudicial, y sobre cualquier otro caso en los que las quejas de los familiares u otros informes fidedignos sugieran una muerte no natural; y que garanticen que estas investigaciones cumplen plenamente los Principios Relativos a una Eficaz Prevención e Investigación de las Ejecuciones Extralegales, Arbitrarias o Sumarias, de la ONU.

Que garanticen que las quejas e informes de torturas u otros malos tratos, incluidos los cometidos contra menores de 18 años, son investigados sin demora y efectivamente en cumplimiento de todos los Principios Relativos a la Investigación y Documentación Eficaces de la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, de la ONU; incluso si no hay quejas, teniendo en cuenta las pruebas de peso de que se han cometido torturas u otros malos tratos, los investigadores, que deben ser independientes de los presuntos autores y del organismo al que éstos pertenezcan, deberán tener acceso a investigaciones realizadas por peritos médicos imparciales y otros peritos o tener autoridad para encargarlas.

Que hagan comparecer ante la justicia, en juicios justos y sin recurso a la pena de muerte, a las personas identificadas como participantes en homicidios ilegítimos, torturas, encarcelamientos u otras formas de privación grave de libertad en violación de las normas fundamentales del derecho internacional, y en otros actos inhumanos de carácter similar cometidos intencionadamente para causar un gran sufrimiento o daños graves a la salud mental o física, así como en otras violaciones de derechos humanos.

En relación con la colaboración con los órganos internacionales

Que presten plena colaboración y acceso sin trabas al equipo de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos al que el Consejo de Derechos Humanos de la ONU encargó el 29 de abril de 2011 la tarea de investigar todas las presuntas violaciones del derecho internacional de los derechos humanos y crímenes cometidos contra civiles.

Que inviten y faciliten el acceso sin dilación a los titulares del mandato de los procedimientos especiales de la ONU pertinentes, como el relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias y el relator especial sobre la cuestión de la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes (que tiene una solicitud de visita pendiente desde 2005), a fin de que realicen investigaciones independientes sobre presuntas ejecuciones extrajudiciales, torturas y otras violaciones graves de derechos humanos.

Que permitan el acceso a Siria a Amnistía Internacional y a otros observadores internacionales de derechos humanos y agencias humanitarias.

Al mismo tiempo, Amnistía Internacional reitera su llamamiento al Consejo de Seguridad de la ONU para que:

Remita la situación de Siria al fiscal de la Corte Penal Internacional, puesto que los crímenes cometidos por las autoridades sirias en Tell Kalaj y en otras partes del país podrían entrar en su jurisdicción.

Imponga un embargo de armas completo a Siria para impedir la transferencia de todo tipo de armas, municiones y material relacionado y el envío de personal.

Ordene la congelación de los activos de Bachar el Assad y de otras personas que puedan estar implicadas en ordenar o perpetrar abusos graves contra los derechos humanos.

NOTAS FINALES�

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Amnistía Internacional es un movimiento mundial, formado por 3 millones de simpatizantes, miembros y activistas de más de 150 países y territorios, que hacen campaña para acabar con los abusos graves contra los derechos humanos.

Nuestra visión es la de un mundo en el que todas las personas disfrutan de todos los derechos humanos proclamados en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en otras normas internacionales de derechos humanos.

Somos independientes de todo gobierno, ideología política, interés económico y credo religioso. Nuestro trabajo se financia en gran medida con las contribuciones de nuestra membresía y con donativos.

Amnesty International

International Secretariat

Peter Benenson House

1 Easton Street

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REPRESIÓN EN SIria: terror En Tell Kalaj

Amnesty International Publications

Publicado originalmente en 2011 por Amnesty International Publications

International Secretariat

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1 Easton Street

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Reino Unido

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© Amnesty International Publications 2011

Índice: MDE 24/029/2011

Idioma original: inglés.

Edición española a cargo de:

EDITORIAL AMNISTÍA INTERNACIONAL (EDAI)

Valderribas, 13.

28007 Madrid

España

Todos los derechos reservados. Esta publicación tiene derechos de autor, si bien puede ser reproducida por cualquier medio, sin pago de tasas, con fines educativos o para llevar a cabo acciones de protección y promoción de los derechos humanos, pero no para la venta. Los titulares de los derechos de autor solicitan que se les comuniquen los usos mencionados con el fin de evaluar sus efectos. Para la reproducción de este texto en cualquier otra circunstancia, su uso en otras publicaciones o su traducción o adaptación, deberá obtenerse el permiso previo por escrito de la editorial, y podrá exigirse el pago de una tasa.

Munira, de 7 años, herida cuando huía de Tell Kalaj con su familia.

© Amnistía Internacional

Oqba al Sha’ar, uno de los al menos nueve hombres que se cree que han muerto bajo custodia. © Particular

Abd al Rahman Abu Libdeh, uno de las decenas de hombres detenidos el 17 de mayo. Dos semanas después entregaron su cadáver a su familia. © Particular

So'dat al Kurdy, cuyo cadáver tenía cortes en el pecho y los muslos.

© Particular

Majd al Kurdy, que pudo ser identificado por un tatuaje en el brazo con el nombre de su novia. © Particular

Mohamed al Rajab, cuyo cuerpo fue devuelto a su familia el 6 de junio. © Particular

Ahmed Abu Libdeh, uno de los hombres que se cree que murieron bajo custodia. Las familias dijeron que les insultaron cuando fueron a identificar los cuerpos. © Particular

Kifah Haidar, que tenía el lado derecho de la cara aparentemente quemado o arrancado. © Particular

� Entrevista telefónica realizada por Amnistía Internacional el 14 de junio de 2011.

� Las manifestaciones contra el régimen comenzaron a principios de febrero, pero no atrajeron a muchas personas y el número de miembros de las fuerzas de seguridad fue significativamente superior hasta mediados de marzo, cuando miles de ciudadanos salieron a la calle en la ciudad meridional de Deraa.

� La información sobre los detenidos bajo custodia del servicio de Seguridad de la Fuerza Aérea, como el número de personas detenidas y el de personas puestas en libertad, así como las fechas aproximadas y los motivos de la detención, fue facilitada a Amnistía Internacional por diversas fuentes de Tell Kalaj, entre ellas detenidos puestos en libertad por el servicio de Seguridad de la Fuerza Aérea poco antes de la operación de seguridad de Tell Kalaj, familiares de personas que seguían detenidas, un funcionario público local y un religioso local.

� Amnistía Internacional entrevistó a un familiar de Ali al Basha en el norte del Líbano el 3 de junio de 2011 y al conductor de la ambulancia en Wadi Khaled, el norte del Líbano, el 23 de mayo de 2011.

� Amnistía Internacional entrevistó a la mujer herida el 23 de mayo de 2011.

� Amnistía Internacional entrevistó a supervivientes y familiares de los niños heridos en Wadi Khaled, norte del Líbano, el 24 de mayo de 2011.

� El depósito de agua de Al Hawooz fue reparado por el Estado unas dos semanas después de resultar dañado, según residentes de Tell Kalaj que hablaron con Amnistía Internacional en junio de 2011.

� Información obtenida en varias entrevistas realizadas por Amnistía Internacional a finales de mayo y principios de junio de 2011 a residentes de Tell Kalaj que habían huido al Líbano.

� Al igual que otros nombres entrecomillados, no es su nombre real.

� Amnistía Internacional se reunió con él y le entrevistó en el norte del Líbano el 6 de junio de 2011.

� Entrevista telefónica realizada por Amnistía Internacional el 20 de junio de 2011.

� Entrevista telefónica realizada por Amnistía Internacional el 9 de junio de 2011.

� Entrevista telefónica realizada por Amnistía Internacional el 20 de junio de 2011.

� Entrevista telefónica realizada por Amnistía Internacional el 23 de junio de 2011.

� Entrevista telefónica realizada por Amnistía Internacional el 9 de junio de 2011.

� Entrevista telefónica realizada por Amnistía Internacional el 13 de junio de 2011.

� Entrevista telefónica realizada por Amnistía Internacional el 9 de junio de 2011.

� Entrevista telefónica realizada por Amnistía Internacional el 20 de junio de 2011.

� Amnistía Internacional entrevistó a testigos en el norte del Líbano el 2 de junio de 2011 y por teléfono los días 13 y 22 de junio de 2011.

� Amnistía Internacional entrevistó a sus vecinos en el norte del Líbano el 6 de junio de 2011 y realizó una entrevista telefónica con el detenido una vez que salió en libertad el 22 de junio de 2011.

� Amnistía Internacional entrevistó a tres testigos en persona y por teléfono el 31 de mayo y el 2 de junio de 2011.

� Amnistía Internacional entrevistó por teléfono a uno de los testigos el 13 de junio de 2011 y al segundo el 14 de junio de 2011.

� Entrevista telefónica realizada por Amnistía Internacional el 16 de junio de 2011.

� Entrevistas telefónicas realizadas por Amnistía Internacional los días 16 y 22 de junio de 2011.

� Amnistía Internacional entrevistó a familiares en el norte del Líbano el 2 de junio de 2011 y realizó entrevistas telefónicas los días 14 y 16 de junio de 2011.

� Un familiar de un hombre que murió en el hospital dijo que indicaron a la familia que no debía haber más de 10 personas en el cortejo fúnebre; el familiar de otro de los hombres que murió bajo custodia dijo que comunicaron a la familia que no debían asistir al funeral más de 20 personas.

� El presidente El Assad se ha dirigido a la nación en tres ocasiones desde que comenzaron las protestas masivas en marzo de 2011: la primera el 30 de marzo, la segunda el 16 de abril y la tercera el 20 de junio.