En 2010 se detuvo a más de un centenar de personas presuntamente implicadas en delitos relacionados con la seguridad. La situación jurídica y las condiciones de reclusión de los millares de personas encarceladas en años anteriores por motivos de seguridad, entre ellas presos de conciencia, siguieron estando rodeadas de un gran hermetismo. Al menos dos personas murieron bajo custodia, posiblemente como consecuencia de torturas, y salieron a la luz nuevos datos sobre los métodos de tortura y otros malos tratos empleados contra personas detenidas en nombre de la seguridad. Siguieron imponiéndose y aplicándose penas crueles, inhumanas y degradantes, en especial de flagelación. Las mujeres y las niñas continuaron sufriendo discriminación y violencia, y algunos casos alcanzaron una amplia repercusión en los medios de comunicación. Se detuvo a cristianos y musulmanes por manifestar sus creencias religiosas. Al parecer, vulnerando el derecho internacional humanitario, fuerzas saudíes involucradas en un conflicto en el norte de Yemen efectuaron ataques indiscriminados o desproporcionados, que causaron muertos y heridos entre la población civil. Los trabajadores y trabajadoras migrantes eran objeto de explotación y abusos por parte de sus empleadores. Las autoridades conculcaban los derechos de las personas refugiadas y solicitantes de asilo. Se ejecutó al menos a 27 personas, cifra notablemente inferior a la de los dos años anteriores.
En febrero, el ministro de Justicia indicó que Arabia Saudí tenía la intención de desarrollar un sistema de justicia que incorporara lo mejor de los sistemas judiciales de otros Estados, como un marco legal efectivo contra el terrorismo y la posibilidad de que mujeres abogadas intervinieran ante los tribunales que conocían de las causas por disputas domésticas. Al finalizar 2010, sin embargo, el sistema de justicia seguía careciendo en gran medida de transparencia. El 12 de abril de 2010, el Consejo Superior de Ulemas dictó la Fetua 239, que tipificaba como delito la “financiación del terrorismo”. El edicto concedía a los jueces la potestad de imponer cualquier condena, incluida la pena de muerte.
En mayo, el rey ordenó la formación de un comité encargado de racionalizar los procedimientos basados en la ley islámica (sharia) y restringir los castigos corporales. Se esperaba que se limitaran las flagelaciones a 100 latigazos, lo que acabaría con la discrecionalidad de los jueces, que en algunos casos había dado lugar a penas de decenas de miles de latigazos. Al finalizar 2010, todavía no se había puesto en marcha la reforma.
ArribaSe detuvo a más de un centenar de personas por presuntos delitos relacionados con la seguridad, y seguía sin conocerse con claridad ni revelarse oficialmente la condición jurídica de miles más detenidas en años anteriores.
En julio, al parecer después de que las autoridades decidieran que ya no suponían una amenaza tras haber sido sometidos a un “programa de rehabilitación”, fueron puestos en libertad al menos 12 sospechosos detenidos en años anteriores. A otros 10 –todos, según los informes, ex detenidos de Guantánamo devueltos a Arabia Saudí por las autoridades estadounidenses– se les impusieron en marzo condenas condicionales de entre 3 y 13 años de cárcel y se les prohibió salir de Arabia Saudí durante cinco años. No se conocían detalles del juicio ni de los cargos. Unos 15 saudíes más seguían en Guantánamo bajo custodia estadounidense.
En junio, el viceministro del Interior declaró al periódico Okaz que se estaba juzgando a un gran número de detenidos y que todos ellos recibirían “ el castigo merecido”, pero no facilitó más detalles. Noticias de prensa aparecidas en septiembre daban a entender que se estaban creando tribunales de tres magistrados para juzgar a personas acusadas de delitos punibles con la pena capital, mientras que a las acusadas de otros delitos las juzgarían tribunales integrados por un solo juez. Sugerían también que los tribunales empezarían a funcionar en breve en Yidda y que luego se mudarían a Riad. En octubre se inició el primer juicio en una prisión de Yidda. Entre los 16 acusados figuraban 7 personas que abogaban por una reforma política pacífica y que se encontraban recluidas desde febrero de 2007. El juicio se celebró a puerta cerrada, y las autoridades no dieron a conocer los cargos con precisión. A los acusados no se les permitió el acceso a abogados.
Se detuvo a decenas de musulmanes y cristianos debido a sus creencias religiosas o por manifestarlas. Se persiguió a miembros de la comunidad chií por organizar reuniones de oración, celebrar fiestas religiosas chiíes e infringir presuntamente las restricciones sobre la construcción de mezquitas y escuelas religiosas chiíes.
Las autoridades mantenían un gran hermetismo en lo tocante a las personas recluidas y al trato y a las condiciones en los centros de reclusión, pero se conocieron informes según los cuales hubo al menos dos muertes bajo custodia, posiblemente como consecuencia de torturas u otros malos tratos.
Un hombre que había estado recluido en 2007 y 2008 en la prisión de Ulaysha, en Riad, por presuntos delitos contra la seguridad contó a Amnistía Internacional que, tras su detención, lo habían tenido durante 27 días esposado y con grilletes antes de que le quitaran las esposas y le permitieran ducharse por primera vez. Señaló también que lo habían interrogado por la noche durante más de un mes y que éste era un procedimiento habitual con los sospechosos de delitos relacionados con la seguridad.
ArribaSe imponían y ejecutaban de manera habitual, como condena principal o suplementaria, penas consistentes en castigos corporales, en especial de flagelación.
Las mujeres seguían estando discriminadas en la ley y en la práctica y siendo víctimas de violencia intrafamiliar y de otros tipos. La ley no reconocía a las mujeres la misma condición que a los hombres, y las normas sobre la tutela masculina comportaban que la mujer dependiera del hombre en lo referente al matrimonio, el divorcio, la custodia de los hijos y la libertad de circulación. Por esta razón, las mujeres eran vulnerables a la violencia dentro del hogar, que los hombres podían perpetrar con impunidad.
En noviembre se eligió a Arabia Saudí miembro del consejo de un nuevo organismo de la ONU creado para promover los derechos de las mujeres.
ArribaDebido al sistema de patrocinio que regulaba el empleo de ciudadanos extranjeros, éstos seguían expuestos a sufrir explotación y abusos a manos de empleadores privados y públicos, y sus posibilidades de obtener reparaciones eran escasas o nulas. Largas jornadas de trabajo, impago de salarios, denegación del permiso para volver al país de origen tras la finalización del contrato y actos de violencia, en especial contra las trabajadoras domésticas, eran algunos de los abusos más comunes.
En noviembre de 2009, fuerzas saudíes se vieron implicadas en el conflicto que enfrentaba al gobierno yemení y a los rebeldes partidarios del clérigo Al Huthi en la región yemení de Sada (véase el apartado sobre Yemen). Se registraron enfrentamientos entre partidarios armados del clérigo y las fuerzas saudíes, y éstas llevaron a cabo ataques aéreos contra ciudades y pueblos de Sada. Al parecer, algunos de estos ataques fueron indiscriminados o desproporcionados y causaron muertos y heridos entre la población civil, por lo que habrían vulnerado el derecho internacional humanitario. Los ataques cesaron en febrero de 2010, cuando el gobierno yemení y los rebeldes de Al Huthi acordaron un alto el fuego.
ArribaEn junio y julio, las autoridades devolvieron a Somalia a 2.000 ciudadanos somalíes, a pesar de la continuación del conflicto armado en este país y de los llamamientos formulados por el ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados. Las personas devueltas eran en su mayoría mujeres.
El número de ejecuciones registradas descendió por segundo año consecutivo. Se ejecutó al menos a 27 personas, disminución notable frente a las 69 ejecuciones registradas en 2009 y las 102 registradas en 2008. Entre las personas ejecutadas había 6 ciudadanos extranjeros.
Al menos 140 personas se encontraban condenadas a muerte, en algunos casos por delitos no violentos, como apostasía y brujería.
Arabia Saudí fue uno de los pocos Estados que votaron en diciembre en contra de una resolución de la Asamblea General de la ONU en la que se pedía una moratoria de las ejecuciones en todo el mundo.
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