Cuatro personas secuestradas en Benín por personal de seguridad de Guinea Ecuatorial fueron ejecutadas en agosto, inmediatamente después de ser condenadas a muerte por un tribunal militar. El mismo tribunal condenó a dos presos de conciencia a largas penas de prisión, aunque un tribunal civil los había absuelto previamente de los mismos cargos. Se condenó a presos de conciencia en juicios sin garantías; algunos quedaron en libertad en aplicación de un indulto presidencial. Se recibieron nuevos informes de detenciones por motivos políticos y de hostigamiento de opositores políticos. Soldados y personal de otros cuerpos de seguridad mataron de forma ilegítima, torturaron e infligieron malos tratos a detenidos y otras personas con impunidad. La libertad de expresión y la prensa continuaban sometidas a restricciones.
En marzo, cuando el Consejo de Derechos Humanos de la ONU adoptó el informe sobre Guinea Ecuatorial en virtud del examen periódico universal de la ONU, el gobierno rechazó todas las recomendaciones relacionadas con la abolición de la pena de muerte y la ratificación del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional.
También en marzo, Iniciativa para la Transparencia de las Industrias Extractivas (EITI) –iniciativa internacional de aplicación voluntaria destinada a promover la transparencia en la extracción de petróleo, gas y minerales– rechazó la candidatura de Guinea Ecuatorial, por no cumplir este país varios requisitos, como la participación en el proceso de la EITI de grupos independientes de la sociedad civil y la presentación de un informe sobre los ingresos procedentes del petróleo.
En junio, el presidente Obiang se comprometió públicamente a mejorar la situación de los derechos humanos, ampliar la libertad de prensa, garantizar la credibilidad judicial e introducir la transparencia y la rendición de cuentas en la industria petrolera. Al terminar el año, ninguno de estos compromisos se había cumplido.
En julio, el presidente Obiang decretó el portugués como tercer idioma oficial del país para respaldar su intento de incorporar a Guinea Ecuatorial como miembro de pleno derecho en la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa, pero esta organización aplazó su decisión al respecto.
En agosto, el Grupo de Trabajo de la ONU sobre la utilización de mercenarios visitó el país por invitación del gobierno. Sin embargo, no se permitió a sus integrantes visitar las cárceles.
En octubre, la UNESCO suspendió de forma indefinida la concesión del premio internacional UNESCO-Obiang Nguema Mbasogo de investigación en ciencias de la vida. La concesión se había aplazado en marzo y en junio debido a la oposición de ONG y personas de todo el mundo.
ArribaA pesar de las reiteradas promesas de mejorar el respeto por los derechos humanos, las autoridades detuvieron y recluyeron arbitrariamente a decenas de opositores políticos. La mayoría quedaron en libertad sin cargos pero algunos seguían recluidos al terminar el año.
En marzo, los presos de conciencia Marcelino Nguema y Santiago Asumu, miembros del partido opositor Unión Popular (UP), y siete ciudadanos nigerianos fueron sometidos a un juicio sin garantías por el Tribunal de Apelación de Malabo, un tribunal de primera instancia. Los nueve encausados –ocho hombres y una mujer– fueron acusados formalmente de intentar asesinar al presidente Obiang, en relación con un presunto ataque contra el palacio presidencial en febrero de 2009. Al comienzo del juicio se retiraron los cargos contra otros ocho miembros de Unión Popular. En abril, el tribunal absolvió a Marcelino Nguema y Santiago Asumu, pero declaró culpables y condenó a los siete nigerianos a sendas penas de 12 años de cárcel. A los nigerianos, que eran comerciantes y pescadores, los habían detenido en el mar y acusado de participar en el ataque contra el palacio.
Pese a haber sido absueltos, Marcelino Nguema y Santiago Asumu permanecieron en la cárcel. En agosto fueron juzgados de nuevo por los mismos cargos por un tribunal militar que los condenó a 20 años de prisión. Otras cuatro personas juzgadas al mismo tiempo fueron condenadas a muerte (véase infra). A ninguno de los seis encausados se les informó de su juicio hasta que llegaron al tribunal. Ninguno fue interrogado por un juez ni acusado formalmente. En cambio, personal de seguridad de alto rango que también intervino en su tortura sí los sometió a interrogatorio.
ArribaJosé Abeso Nsue y Manuel Ndong Anseme, ex oficiales militares, Jacinto Michá Obiang, guardia de fronteras, y Alipio Ndong Asumu, civil, fueron ejecutados en Malabo el 21 de agosto, apenas una hora después de ser condenados a muerte por un tribunal militar en consejo de guerra sumarísimo. Los declararon culpables de intento de asesinato del presidente Obiang, traición y terrorismo. El juicio no reunió las debidas garantías, y las únicas pruebas que se presentaron en el tribunal para probar los cargos fueron las confesiones obtenidas bajo tortura. Los acusados no tuvieron acceso a un abogado defensor. Minutos antes de comenzar el juicio se les asignaron dos oficiales militares sin formación jurídica alguna. La rápida ejecución les negó su derecho a apelar contra la sentencia condenatoria y a pedir el indulto. Se les negó asimismo el derecho a despedirse de sus familias. Una semana después, el presidente Obiang justificó la celeridad de las ejecuciones diciendo que los condenados representaban una amenaza inminente para su vida.
Los cuatro hombres ejecutados habían sido secuestrados en enero por agentes de seguridad de Guinea Ecuatorial en Benín, donde vivían como refugiados desde hacía varios años. Los trasladaron al penal de Black Beach, donde estuvieron recluidos en secreto hasta que se celebró el juicio en agosto. Las autoridades de Guinea Ecuatorial se habían negado a reconocer su detención.
ArribaSoldados y agentes de policía infligieron tortura y malos tratos con impunidad a detenidos y otras personas, especialmente en Bata, a pesar de la legislación que prohibía la tortura. Según los informes, al menos dos personas murieron como consecuencia de tortura. Los cuatro hombres secuestrados en Benín y ejecutados después fueron torturados reiteradamente mientras estuvieron recluidos.
Marcelino Nguema, Santiago Asumu y siete ciudadanos nigerianos quedaron en libertad en octubre en aplicación de un indulto presidencial con motivo del aniversario de la independencia. Otros cinco presos de conciencia que cumplían largas penas de cárcel por un presunto ataque en la isla de Corisco en 2004 fueron puestos en libertad en agosto. No se conocían con certeza las circunstancias de su liberación.
ArribaSoldados y policías fueron responsables, según los informes, de homicidios ilegítimos.
La libertad de prensa continuaba sometida a graves restricciones, y la mayoría de los medios de comunicación estaban controlados por el Estado. Los periodistas que hacían valer su independencia se enfrentaban a actos de hostigamiento, despidos laborales y detenciones.
El gobierno seguía sin proporcionar indemnización ni alojamiento alternativo a los cientos de familias desalojadas por la fuerza de sus hogares en los últimos años. Personas residentes en Bata seguían corriendo el riesgo de ser desalojadas por la fuerza de sus hogares para dejar espacio para proyectos de desarrollo urbano.
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