Eslovenia niega derechos a la comunidad romaní

“El agua es para mí más importante que ninguna otra cosa”, declaró Lili Grm, de Dobruška vas, a Amnistía Internacional.

 

Casi toda la población eslovena tiene acceso a agua apta para el consumo, sin embargo, algunas comunidades romaníes se ven obligadas a ir a buscar el agua que necesitan –para beber, cocinar y para su higiene personal– a arroyos contaminados o a los grifos públicos de gasolineras y cementerios, a veces a varios kilómetros de distancia de sus casas. Lili nos ha contado que cuando su esposo enferma, tiene que traer el agua ella sola; debe andar más de dos kilómetros para conseguir 25 litros de agua. “Esos días no cocino, ni lavo. A veces estamos sin agua todo el día”. La falta de agua y de sistemas de saneamiento afecta en especial a las mujeres romaníes, ya que son las encargadas de lavar la ropa y de ocuparse de la higiene de sus hijos, y les cuesta mucho esfuerzo encontrar la intimidad necesaria para satisfacer sus propias necesidades en materia de higiene y saneamiento.

No obstante, la falta de acceso al agua y al saneamiento es sólo un aspecto de las condiciones de vivienda extremadamente inadecuadas que existen en muchas comunidades romaníes de Eslovenia. La mayoría de la población romaní vive segregada en asentamientos aislados sólo para romaníes o en barrios marginales, y carece de seguridad de tenencia. Las autoridades locales no les permiten hacer mejoras de ninguna clase en sus viviendas, y viven en constante peligro de desalojo forzoso. Bojan, de Žabjak, nos dijo: “No nos dicen nada sobre lo que pasará con el asentamiento, sólo que demolerán cualquier construcción que levantemos. Construí esta cabaña hace años y nadie dijo nada entonces. Ahora, cuando le pido ayuda al Centro de Trabajo Social para comprar algunos tablones de madera, me dicen que no tiene sentido puesto que tendré que tumbar la cabaña de todas formas”.

Las pésimas condiciones de vida en muchos asentamientos afectan negativamente a otros derechos humanos. Sus habitantes enferman con frecuencia y padecen sarpullidos y diarrea. Los niños y niñas no asisten a la escuela por miedo a que se burlen de cómo huelen. Marjan Hudorovi?, de Gori?a vas, en Ribnica, ha dicho a Amnistía Internacional: “El Estado dice que los niños y niñas tienen que ir a la escuela, pero nadie se pregunta si tienen la posibilidad de ir limpios. Nadie se pregunta cómo harán sus deberes en invierno: oscurece muy pronto y no tenemos electricidad”.

Muchas familias romaníes no tienen otra opción que vivir en esas condiciones. Otras comunidades, así como las autoridades locales, les impiden comprar o alquilar una vivienda, con lo que les dificultan aún más la posibilidad de mudarse a casas o apartamentos fuera de los asentamientos exclusivamente romaníes. El alcalde de Semi?, por ejemplo, afirmó que la población local “no acepta en absoluto a la comunidad romaní” y que los no romaníes “nunca venderían o alquilarían a los romaníes”. La discriminación por parte de la comunidad no romaní es lo corriente.

Eslovenia posee los conocimientos específicos, la experiencia y los recursos necesarios para garantizar que las comunidades romaníes disfruten de los mismos derechos humanos que el resto de la población eslovena, pero el gobierno aún dista mucho de cumplir plenamente con sus obligaciones.