Informe anual 2013
El estado de los derechos humanos en el mundo

25 noviembre 2011

Opinión: Es hora de implicar a la mujer en la reconstrucción posconflicto

Opinión: Es hora de implicar a la mujer en la reconstrucción posconflicto

© Amnistía Internacional


Marianne Mollmann, asesora general de política de Amnistía Internacional

En los últimos meses ha habido numerosos avances en la participación de la mujer en entornos posconflicto; al menos sobre el papel.

En septiembre, las líderes mundiales se reunieron en Nueva York para hablar de las ventajas de implicar a la mujer en la política, sobre todo después de una guerra. En octubre, el Consejo de Seguridad de la ONU pidió una mayor participación de la mujer en la resolución de conflictos y la consolidación de la paz. Y apenas la semana pasada, la Asamblea General de la ONU adoptó una resolución en la que se enumeraron las obligaciones de los Estados respecto de la promoción de la participación de la mujer en todos los entornos, sobre todo en los países en transición política.

La realidad, sin embargo, es absolutamente diferente.

El 20 de octubre, los líderes mundiales se reunieron con el gobierno de transición de Libia para debatir el envío de donaciones y apoyo a este país tras el conflicto. Antes de la conferencia de donantes, la sociedad civil y los expertos de la ONU expresaron gran preocupación por el hecho de que la delegación oficial libia estuviera integrada, en una abrumadora mayoría, por varones. Algunos denunciaron también el esfuerzo del gobierno libio para mantener alejadas a las representantes de la sociedad civil femenina.

Y ahora que se va a celebrar el décimo aniversario de la caída del régimen talibán de Afganistán, que se conmemorará con una conferencia de donantes en Bonn el 5 de diciembre, no está claro si el gobierno afgano incluirá a mujeres en su delegación oficial, ni si se permitirá que los grupos afganos de mujeres tengan una voz y una participación significativas. El caso de Afganistán es especialmente irónico, pues una justificación clave para la intervención internacional en primer lugar fue la atroz actuación de los talibanes respecto de los derechos de la mujer.

Quizá no debería seguir sorprendiéndonos la lentitud de caracol con que se cumplen las promesas sobre la mujer en situaciones de conflicto. Incluso respecto de la violación en la guerra, posiblemente la cuestión de derechos de la mujer menos polémica, determinados Estados, así como la comunidad internacional, caminan arrastrando los pies.

No hay ningún conflicto en la historia reciente en el que mujeres y niñas no hayan sido víctimas de la violencia sexual, sea en forma de tortura, como método para humillar al enemigo o con la intención de extender el terror y la desesperación. Aun así, hicieron falta décadas de informes sobre atroces actos de violencia sexual en situaciones de conflicto de todo el mundo para que el Consejo de Seguridad de la ONU crease una oficina con el fin de reunir información y presionar para que se adoptasen medidas.

Algunos países que han salido de un conflicto, como Costa de Marfil y Bosnia y Herzegovina, no penalizan adecuadamente la violación en sus leyes nacionales. En términos más generales, la inmensa mayoría de los países no enjuicia y aborda ni la violación ni la violencia contra las mujeres.

Las mujeres y niñas que denuncian la violencia sexual sufren la estigmatización, el ostracismo y la incredulidad de las autoridades, que no investigan sus casos, y los de sus propias familias y comunidades, que culpan a las víctimas de los abusos.

Aun así, hay algo en el actual clima de cambio que infunde esperanza. Es evidente que existe una enorme diferencia entre las revoluciones de la Primavera Árabe y el movimiento Occupy que recorre toda Norteamérica. Por ejemplo, aunque la policía ha usado, casi sin duda, la fuerza indebida contra algunos de los participantes de Occupy en Nueva York y otros lugares, los manifestantes de ese movimiento no han de temer por sus vidas. Esto no es así para quienes presionan a favor del cambio en Siria, Yemen, Egipto, Libia y otros países.

Pero la reclamación de igualdad es un elemento unificador de las peticiones más esgrimidas por los movimientos populares en todas partes. Por tanto, con independencia de dónde estemos y de si sentimos afinidad por alguno de estos movimientos, al conmemorar el 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, recordémonos mutuamente que igualdad significa también igualdad para las mujeres.

Estos últimos meses han estado llenos de palabras y de renovadas promesas sobre la participación de la mujer, sobre todo en entornos posconflicto. Aunque a todos nos incumbe asegurarnos de que estas promesas se cumplen, los gobiernos tienen la obligación especial de garantizar la igualdad. Esto es cierto tanto si el gobierno representa a un país que acaba de salir de un conflicto como si el país sigue experimentando elevados niveles de violencia en general o es un país pacífico que simplemente estudia su apoya económico al cambio. El cambio es posible. Es esencial un cambio que garantice la igualdad. Sólo tenemos que comprometernos a hacer que ese cambio se produzca.

Más información

16 días de activismo contra la violencia de género (micrositio sobre derechos de las mujeres)
Women's fight for justice continues (blog, 25 de noviembre de 2011)

Tema

Women 

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