Informe anual 2013
El estado de los derechos humanos en el mundo

3 junio 2014

Los “más buscados” de Tiananmen: Cuatro inspiradores activistas recuerdan la represión – Segunda parte

Los “más buscados” de Tiananmen: Cuatro inspiradores activistas recuerdan la represión – Segunda parte
El 3 de junio, podías oler el gas lacrimógeno de Tiananmen desde varias calles de distancia. Recuerdo que caminaba por allí y veía a todas esas personas heridas. Vi a un médico gritando: '¡Soy médico, no me disparen!', mientras trataba de ayudar a algunos de los heridos
Fuente: 
Shao Jiang.
Si siguiera en China, no podría hacer nada. La policía me seguiría, y no podría ponerme en contacto con nadie. Fuera de China al menos puedo hablar con libertad
Fuente: 
Wang Dan

 

En la segunda de una serie de dos partes, dos de las personas cuyos nombres estaban entre los “más buscados” a causa de su papel en las protestas de 1989 en Tiananmen cuentan sus experiencias a Amnistía Internacional. 

Véase la primera parte.

Shao JiangShao Jiang: “En China aún no se puede hablar de lo que sucedió”

Cuando Shao Jiang y un pequeño grupo de amigos se reunían en secreto en un dormitorio universitario cerca de Pekín en 1989, jamás imaginaron que estaban haciendo historia.

Shao, por aquel entonces líder estudiantil de 18 años, solía distribuir clandestinamente revistas en favor de la democracia y organizaba charlas en su universidad, en las que se criticaba la corrupción en el seno del Partido Comunista.

“Al principio era un grupo muy pequeño.  Teníamos que tener mucho cuidado y trabajar de noche. Solíamos hablar a algunos medios extranjeros sobre lo que sucedía en China. Todo se hacía en secreto”, explica desde Londres, donde vive en el exilio. 

Lo que empezó como una serie de reuniones informales rápidamente creció. Para 1989 se había creado un movimiento formado por estudiantes de todo el país y, poco después, surgió la idea de organizar una protesta en la plaza de Tiananmen.

Vestido con una camiseta con la icónica imagen de Tiananmen de un hombre de pie delante de un tanque, Shao Jiang describe los días de las protestas y la represión que les siguió como si fuera ayer. 

“Jamás antes había pasado algo así. Al principio eran sólo unos cuantos estudiantes, y luego se fue uniendo mucha gente”, explica.

“El 3 de junio, podías oler el gas lacrimógeno de Tiananmen desde varias calles de distancia. Recuerdo que caminaba por allí y veía a todas esas personas heridas. Vi a un médico gritando: '¡Soy médico, no me disparen!', mientras trataba de ayudar a algunos de los heridos.”

Tras la represión, Shao Jiang volvió a su dormitorio, recogió algunas de sus pertenencias y escondió todas sus revistas políticas. Al igual que muchas otras personas, se escondió, asustado por lo que le sucedería si la policía lo encontraba. 

Consiguió eludir a las autoridades chinas durante tres meses, hasta que lo detuvieron cuando trataba de salir del país. 

Finalmente lo dejaron en libertad unos meses después. Tras años de acoso por parte de las autoridades a causa de su trabajo, consiguió trasladarse a Reino Unido, donde ahora hace campaña en favor de la justicia para Tiananmen. 

“En los primeros 10 años después de Tiananmen, la gente tenía mucho miedo. En China aún no se puede hablar realmente de lo que sucedió. Lo que Tiananmen nos enseñó fue que incluso las acciones pequeñas pueden dar grandes resultados. Sigo trabajando por la justicia y los derechos humanos porque China sigue necesitando un cambio.”

Wang DanWang Dan: "No me arrepiento"

Tras la represión de la plaza de Tiananmen, Wang Dan ocupó el número uno de la lista de “más buscados” de China, y después pasó seis años en prisión. 

Antes de eso, en la primavera de 1989, era un estudiante de 20 años de la Universidad de Pekín, donde organizaba charlas sobre democracia. 

“Yo sólo era uno de los [muchos] líderes durante el movimiento. No sé por qué me pusieron en el número uno de la lista”, explica con voz suave. 

“Éramos una generación preocupada por la situación política. Nos preocupaba nuestro futuro político. Pedíamos al gobierno que estableciera instituciones democráticas para impedir la corrupción.”

El 26 de abril de 1989, el gobierno, en un editorial del People’s Daily, calificó a los estudiantes de “contrarrevolucionarios”. Para Wang Dan, aquel fue un momento crítico que sólo sirvió para reforzar la determinación de los estudiantes. 

“Aquel editorial nos enfureció. Antes de aquello, estábamos casi a punto de volver a las aulas. Nos calificaban de enemigos del gobierno.” 

El gobierno hizo caso omiso de las peticiones de los estudiantes, que pedían una retractación pública de las afirmaciones contenidas en el editorial. 

“[El gobierno] confiaba en que, con el tiempo, perderíamos nuestra voluntad de luchar. Por eso fuimos a la plaza de Tiananmen y nos pusimos en huelga de hambre. Necesitábamos un grado de protesta más fuerte.”

Las huelgas de hambre comenzaron el 13 de mayo y obtuvieron un apoyo generalizado entre los trabajadores corrientes, hasta convertir un movimiento de estudiantes en un auténtico movimiento popular. 

“No me preocupaba el futuro. Jamás pensamos que el gobierno enviaría tropas contra su propio pueblo. Pensábamos que sólo querían asustarnos.” 

Cuando las tropas abrieron fuego la noche del 3 de junio, Wang Dan estaba en su dormitorio de la universidad. 

“Mi compañero de clase me llamó desde algún lugar cercano a la plaza de Tiananmen. Me dijo: ‘La represión ha comenzado. Ha muerto gente’. Traté de ir a Tiananmen, pero la policía había cortado la carretera.

“Estaba conmocionado. Durante tres o cuatro días, no pude decir una palabra.” 

Gracias a la ayuda de sus amigos, Wang Dan pudo esconderse durante varias semanas, pero las autoridades dieron con él el 2 de julio. 

Wang Dan cumplió casi cuatro años de prisión antes de ser puesto en libertad en 1993. Podría haberse marchado de China, pero decidió quedarse y defender la democracia. 

“Quería continuar mi lucha. Por la gente que había muerto, tenía la obligación de hacer más. Veía que aún había una posibilidad de lograr cambios. Por eso decidí quedarme.” 

Menos de dos años después, Wang Dan estaba de vuelta en prisión, esta vez con una condena de 11 años. 

Dos años después, quedó en libertad condicional por razones de salud con la condición de que se marchara al exilio. 

“Marcharme fue una decisión difícil. Era muy duro saber que no vería a mi familia. Pero, si me negaba a marcharme, me quedaría en la cárcel. Desde allí no habría podido hacer nada.” 

Wang Dan estudió en Harvard y Oxford y ahora enseña ciencias políticas en una universidad de Taiwán. 

“Si siguiera en China, no podría hacer nada. La policía me seguiría, y no podría ponerme en contacto con nadie. Fuera de China al menos puedo hablar con libertad.”

“Jamás me arrepentiré de lo que sucedió. Nuestro futuro requiere sacrificios. No me arrepiento. Fue una gran revelación; la democracia llegó al alma de la población normal de China. Iluminó a las generaciones futuras.” 

Tema

Activistas 
Libertad de expresión 

País

China 

Región

Asia y Oceanía 

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