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Pistolas Taser: potencialmente letales y propensas al abuso

Agentes de policía de Pittsburgh usan pistolas Taser contra un manifestante inmovilizado, agosto de 2005

Agentes de policía de Pittsburgh usan pistolas Taser contra un manifestante inmovilizado, agosto de 2005

© Matt Toups/Pittsburgh Indymedia


16 diciembre 2008

Las afirmaciones del sector del armamento según las cuales las armas incapacitantes tipo Taser son seguras y no letales no soportan un examen minucioso. Así lo ha manifestado Amnistía Internacional hoy, 16 de diciembre, mientras pedía a los gobiernos que suspendan el uso de estas armas o lo limiten a situaciones que pongan en peligro la vida.

El llamamiento se ha producido al tiempo que la organización presenta uno de los informes más detallados que se han elaborado hasta la fecha sobre la seguridad de estas armas incapacitantes. Según expone el informe, titulado USA: Less than lethal?, el número de personas muertas tras recibir una descarga de arma Taser en Estados Unidos entre 2001 y agosto de 2008 asciende a 334.

“Las Taser no son armas ‘no letales’, como se empeñan en decir”, ha manifestado Angela Wright, investigadora de Amnistía Internacional sobre Estados Unidos y autora del informe. “Pueden matar, y sólo deben utilizarse como último recurso.”

“El problema de las Taser es que se prestan de forma inherente a cometer abusos, ya que son fáciles de llevar y fáciles de utilizar, y pueden infligir un fuerte dolor con sólo pulsar un botón y sin dejar señales importantes.”

El estudio de Amnistía Internacional –que incluye información sobre 98 autopsias– concluye que el 90 por ciento de las personas muertas tras recibir la descarga de una Taser estaban desarmadas, y muchas no parecían constituir una amenaza seria.

Muchas fueron sometidas a descargas repetidas o prolongadas –muy superiores al ciclo “estándar” de cinco segundos–, o fueron aplicadas por más de un agente al mismo tiempo. Hubo incluso personas a las que se les aplicaron descargas por no cumplir una orden policial tras haber quedado incapacitadas por una primera descarga.

En al menos seis de los casos de muerte, las Taser se utilizaron contra personas que sufrían algún tipo de dolencia manifestada en desvanecimientos o ataques. Entre ellas, un médico que se había estrellado con su auto al sufrir un ataque epiléptico. Este médico murió tras recibir repetidas descargas en el arcén de la autopista cuando, confuso y aturdido, no cumplió las órdenes de los agentes.

La policía también ha utilizado Taser contra escolares, mujeres embarazadas e incluso una persona anciana que sufría demencia.

En marzo de 2008, una niña de 11 años con trastornos de aprendizaje recibió descargas de una Taser cuando propinó a un policía un puñetazo en la cara. El policía había acudido a la escuela en el condado de Orange, Florida, cuando la niña mostró un comportamiento alterado, empujando pupitres y sillas y escupiendo al personal.

Los estudios existentes –muchos de ellos financiados por el propio sector de armamento– han concluido que el peligro de estas armas es generalmente bajo en adultos sanos. Sin embargo, estos estudios tienen un alcance limitado y han señalado la necesidad de conocer más a fondo los efectos de estos dispositivos en personas vulnerables, como las que se encuentran bajo los efectos de drogas estimulantes o las que tienen problemas de salud.

Estudios recientes realizados con animales han concluido que el uso de este tipo de armas de electrochoque pueden causar arritmias mortales en cerdos, lo que suscita dudas adicionales sobre su uso en humanos. Además, recientemente se ha informado de que casi el diez por ciento de las 41 Taser probadas en un estudio encargado por la Canadian Broadcasting Corportation aplicaban una corriente considerablemente mayor que la que el fabricante indicaba como posible, lo que subraya la necesidad de una verificación y unas pruebas independientes de estos dispositivos.

Aunque la mayoría de las 334 muertes producidas en todo Estados Unidos se han atribuido a factores como consumo de drogas, los forenses han concluido que las descargas de las Taser fueron causa o factor contribuyente de al menos 50 de estas muertes.

“Nos preocupa enormemente que se hayan distribuido armas Taser para uso general antes de que se hayan realizado pruebas rigurosas e independientes de sus efectos”, ha manifestado Angela Wright.

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