Violencia política en Nicaragua sin control

24 noviembre 2008

La violencia entre simpatizantes de partidos políticos opuestos en Nicaragua crece en una espiral sin control tras las elecciones municipales de este mes.

Cientos de simpatizantes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), en la oposición, se enfrentaron en Managua el 18 de noviembre con palos, piedras, morteros de fabricación casera, pistolas y machetes. Muchas personas resultaron heridas, aunque no hay cifras oficiales.

El PLC, se ha negado a aceptar los resultados publicados hasta ahora, que atribuyen la mayoría de los cargos municipales al FSLN, incluida la alcaldía de Managua. Los enfrentamientos se han recrudecido por acusaciones de fraude electoral.

“Los partidos políticos deben ser más duros en su condena de los actos de violencia perpetrados por sus simpatizantes y buscar una solución negociada a las disputas sobre los resultados electorales –ha dicho Kerrie Howard, directora adjunta del Programa Regional para América de Amnistía Internacional–. El partido del gobierno tiene una especial responsabilidad de llamar a la calma, especialmente a sus simpatizantes, dada su obligación de proteger a los ciudadanos.”

En los días previos a las elecciones del 9 de noviembre, en la capital, Managua, y otras ciudades se produjeron actos de violencia esporádicos en los que participaron partidarios de las dos principales facciones políticas.

Antes de las elecciones ya había una gran tensión, en parte por la negativa del gobierno a permitir la presencia de grupos de observadores internacionales y locales en los comicios.

Los profesionales del periodismo también han sido blanco de la violencia por la cobertura que han dado a los sucesos y, según informan los medios de comunicación, al menos 20 han sido agredidos, y cinco emisoras de radio independientes han sido atacadas.

“Es preciso que se permita a la prensa informar sobre las elecciones sin temor a represalias. Los medios de comunicación no deben ser un objetivo en el lodazal de la violencia política”, ha dicho Kerrie Howard.

“La credibilidad del gobierno está en juego: los cargos políticos y sus simpatizantes deben ser conscientes de su obligación de respetar y defender los principios del Estado de derecho y el respeto de los derechos humanos asegurándose de que no se produce una escalada de la violencia.”