Una muerte bajo custodia en Francia pone de relieve las acusaciones de abusos policiales
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Brutalidad policial en Francia.
© Amnistía Internacional
17 julio 2009
La semana pasada, un joven de origen argelino murió en Francia en oscuras circunstancias tras pasar una noche bajo custodia policial. La muerte se produce tres meses después de la publicación de un informe de Amnistía Internacional en el que se detallaban violaciones de derechos humanos perpetradas por policías franceses, a menudo contra miembros de minorías étnicas, en las que se reflejaba una constante de impunidad.
El 8 de julio, según noticias difundidas por los medios de comunicación, Mohammed Benmouna, de 21 años, murió tras ser detenido por cargos de extorsión. La policía señaló que, después de intentar ahorcarse en el calabozo en el que se encontraba detenido, había entrado en coma. Mohammed Benmouna falleció en un hospital.
Durante tres noches, jóvenes de la pequeña localidad meridional francesa de Firminy, donde Mohammed Benmouna trabajaba de cajero en un supermercado, provocaron disturbios e incendios en protesta por su muerte. La policía disparó al parecer gases lacrimógenos y balas de plástico.
La familia de Mohammed Benmouna presentó una demanda con el fin de esclarecer las circunstancias de su muerte y determinar si se estaban ocultando presuntos malos tratos policiales.
Según el fiscal local del Estado, Jacques Pin, una autopsia había confirmado que Mohammed Benmouna había muerto por asfixia y que el cadáver no presentaba señales de violencia. Una segunda autopsia confirmó la asfixia como causa de la muerte.
El señor Pin señaló que no existía ningún vídeo de Mohammed Benmouna durante su permanencia en la comisaría, ya que la cámara de su calabozo se encontraba al parecer estropeada. El servicio de asuntos internos de la policía ha abierto una investigación.
En el informe publicado el 2 de abril por Amnistía Internacional, Public Outrage: Police Officers above the Law in France, se revelaba que rara vez se investigan de manera efectiva las denuncias de homicidios ilegítimos, palizas, insultos racistas y uso excesivo de la fuerza, formuladas contra policías franceses.
En el informe se señalaba también que los procedimientos de investigación de las quejas presentadas en Francia contra la policía no cumplen las normas establecidas en el derecho internacional. Cada vez más a menudo, a las personas que presentan quejas por malos tratos policiales se las acusa formalmente de delitos como insultos o agresión a un agente de policía. Según las investigaciones de Amnistía Internacional, la gran mayoría de las quejas proceden de ciudadanos extranjeros o de ciudadanos franceses pertenecientes a minorías étnicas.
Uno de los casos recogidos en el informe de Amnistía Internacional era el de Abou Bakari Tandia. En diciembre de 2004, este migrante irregular originario de Malí entró en coma en un calabozo de la comisaría de Courbevoie, París, tras ser detenido para comprobar su identidad. Poco después murió sin haber recuperado el conocimiento. En el informe forense se afirmaba que la muerte se había producido por una insuficiencia orgánica múltiple, pero no se indicaba la causa de ésta.
En marzo de 2005, el fiscal cerró la investigación sobre la muerte sin emprender ninguna otra acción, ya que no había encontrado “pruebas en las que sustentar un procesamiento”.
En abril de ese mismo año, el caso se reabrió después de que la familia de Abou Bakari Tandia presentara una demanda civil por “torturas y malos tratos con resultado de muerte”. Por esas mismas fechas se comunicó a la familia de Abou Bakari Tandia que la cámara de su celda no funcionaba la noche de su detención porque un detenido había arrancado los cables. Después se demostró que esto no era cierto.
Han pasado más de cinco años y siguen sin esclarecerse las circunstancias de la muerte de Abou Bakari Tandia.
Amnistía Internacional ha pedido a las autoridades francesas que adopten medidas para reformar el actual sistema de investigación de denuncias sobre violaciones de derechos humanos a manos de funcionarios encargados de hacer cumplir la ley y creen una comisión independiente de quejas contra la policía dotada de atribuciones y recursos suficientes para llevar a cabo investigaciones exhaustivas y eficaces.
"Con independencia de cual fuera la causa de la muerte de Mohammed Benmouna, incidentes como éste demuestran de manera inequívoca la necesidad de llevar a cabo investigaciones exhaustivas, independientes e imparciales –ha señalado David Diaz-Jogeix, subdirector del Programa para Europa y Asia Central de Amnistía Internacional–. Dichas investigaciones son esenciales para poner fin a la impunidad de las graves violaciones de derechos humanos que puede cometer la policía y despejar toda sombra de duda en el caso de que las acusaciones sean infundadas.”
El 8 de julio, según noticias difundidas por los medios de comunicación, Mohammed Benmouna, de 21 años, murió tras ser detenido por cargos de extorsión. La policía señaló que, después de intentar ahorcarse en el calabozo en el que se encontraba detenido, había entrado en coma. Mohammed Benmouna falleció en un hospital.
Durante tres noches, jóvenes de la pequeña localidad meridional francesa de Firminy, donde Mohammed Benmouna trabajaba de cajero en un supermercado, provocaron disturbios e incendios en protesta por su muerte. La policía disparó al parecer gases lacrimógenos y balas de plástico.
La familia de Mohammed Benmouna presentó una demanda con el fin de esclarecer las circunstancias de su muerte y determinar si se estaban ocultando presuntos malos tratos policiales.
Según el fiscal local del Estado, Jacques Pin, una autopsia había confirmado que Mohammed Benmouna había muerto por asfixia y que el cadáver no presentaba señales de violencia. Una segunda autopsia confirmó la asfixia como causa de la muerte.
El señor Pin señaló que no existía ningún vídeo de Mohammed Benmouna durante su permanencia en la comisaría, ya que la cámara de su calabozo se encontraba al parecer estropeada. El servicio de asuntos internos de la policía ha abierto una investigación.
En el informe publicado el 2 de abril por Amnistía Internacional, Public Outrage: Police Officers above the Law in France, se revelaba que rara vez se investigan de manera efectiva las denuncias de homicidios ilegítimos, palizas, insultos racistas y uso excesivo de la fuerza, formuladas contra policías franceses.
En el informe se señalaba también que los procedimientos de investigación de las quejas presentadas en Francia contra la policía no cumplen las normas establecidas en el derecho internacional. Cada vez más a menudo, a las personas que presentan quejas por malos tratos policiales se las acusa formalmente de delitos como insultos o agresión a un agente de policía. Según las investigaciones de Amnistía Internacional, la gran mayoría de las quejas proceden de ciudadanos extranjeros o de ciudadanos franceses pertenecientes a minorías étnicas.
Uno de los casos recogidos en el informe de Amnistía Internacional era el de Abou Bakari Tandia. En diciembre de 2004, este migrante irregular originario de Malí entró en coma en un calabozo de la comisaría de Courbevoie, París, tras ser detenido para comprobar su identidad. Poco después murió sin haber recuperado el conocimiento. En el informe forense se afirmaba que la muerte se había producido por una insuficiencia orgánica múltiple, pero no se indicaba la causa de ésta.
En marzo de 2005, el fiscal cerró la investigación sobre la muerte sin emprender ninguna otra acción, ya que no había encontrado “pruebas en las que sustentar un procesamiento”.
En abril de ese mismo año, el caso se reabrió después de que la familia de Abou Bakari Tandia presentara una demanda civil por “torturas y malos tratos con resultado de muerte”. Por esas mismas fechas se comunicó a la familia de Abou Bakari Tandia que la cámara de su celda no funcionaba la noche de su detención porque un detenido había arrancado los cables. Después se demostró que esto no era cierto.
Han pasado más de cinco años y siguen sin esclarecerse las circunstancias de la muerte de Abou Bakari Tandia.
Amnistía Internacional ha pedido a las autoridades francesas que adopten medidas para reformar el actual sistema de investigación de denuncias sobre violaciones de derechos humanos a manos de funcionarios encargados de hacer cumplir la ley y creen una comisión independiente de quejas contra la policía dotada de atribuciones y recursos suficientes para llevar a cabo investigaciones exhaustivas y eficaces.
"Con independencia de cual fuera la causa de la muerte de Mohammed Benmouna, incidentes como éste demuestran de manera inequívoca la necesidad de llevar a cabo investigaciones exhaustivas, independientes e imparciales –ha señalado David Diaz-Jogeix, subdirector del Programa para Europa y Asia Central de Amnistía Internacional–. Dichas investigaciones son esenciales para poner fin a la impunidad de las graves violaciones de derechos humanos que puede cometer la policía y despejar toda sombra de duda en el caso de que las acusaciones sean infundadas.”
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