Informe anual 2013
El estado de los derechos humanos en el mundo

10 julio 2009

El gobierno británico debe investigar su intervención en torturas perpetradas en el extranjero

El gobierno británico debe investigar su intervención en torturas perpetradas en el extranjero

Al aumentar los indicios de que las autoridades británicas se beneficiaron de las torturas perpetradas contra presuntos terroristas por servicios de información extranjeros, Amnistía Internacional ha reiterado su petición de que el gobierno del Reino Unido lleve a cabo una investigación pública y completa con el fin de identificar y pedir cuentas a los responsables.

Durante un debate parlamentario celebrado el martes 7 de julio, el ex portavoz de Interior de la oposición, David Davis, describió una serie de acciones llevadas a cabo por las autoridades británicas que en su opinión comportaron que agentes de los servicios de información paquistaníes torturaran al ciudadano británico Rangzieb Ahmed.

David Davis afirmó que las autoridades británicas permitieron de forma deliberada que Rangzieb Ahmed se trasladara del Reino Unido a Pakistán en 2006, a pesar de contar con pruebas suficientes para acusarlo y juzgarlo por graves delitos terroristas, y que el gobierno británico avisó de su llegada a las autoridades paquistaníes.

Señaló también que los servicios de información británicos escribieron a sus homólogos paquistaníes “sugiriéndoles” que detuvieran a Rangzieb Ahmed y que esta indicación condujo directamente a su detención e interrogatorio. Según David Davis, agentes de la policía y de los servicios de información británicos colaboraron con las autoridades paquistaníes elaborando y facilitándoles una lista de preguntas para el interrogatorio.

Rangzieb Ahmed ha afirmado que fue objeto de torturas bajo custodia paquistaní. Ha señalado que lo golpearon con palos, cables y látigos de goma, lo sometieron a actos sexuales vejatorios y le impidieron dormir. Pruebas forenses independientes confirmaron que le habían arrancado varias uñas. Rangzieb Ahmed ha afirmado también que informó a dos agentes de los servicios de información británicos –que lo visitaron cuando se encontraba detenido– de que lo habían torturado.

Investigaciones llevadas a cabo por Amnistía Internacional y otras organizaciones indican que las personas bajo custodia del Servicio de Información paquistaní corren grave peligro de sufrir torturas u otros malos tratos. Dicho organismo utiliza la tortura de manera generalizada y este hecho se encuentra muy bien documentado, por ejemplo, por los testimonios de personas que han estado bajo su custodia y algunos informes de la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán, organización no gubernamental. Amnistía Internacional ha señalado que las autoridades británicas deben actuar sobre la base de que toda persona bajo custodia del Servicio de Información o de otros organismos de información paquistaníes estará expuesta con toda probabilidad a sufrir torturas y otros malos tratos.

Una de estas personas es Salahuddin Amin, que estuvo bajo custodia paquistaní en 2004. Según su abogado, agentes del Servicio de Información paquistaní lo interrogaron en el mismo centro en el que estuvo detenido finalmente Rangzieb Ahmed. Su abogado indicó a Amnistía Internacional lo siguiente: “En 2004, el Servicio de Información paquistaní recluyó, torturó y obligó a confesar por la fuerza a Salahuddin Amin antes de que fuera devuelto al Reino Unido y detenido a su llegada. Las autoridades británicas conocían ya estos hechos en 2005, es decir, mucho antes de que se permitiera a Rangzieb Ahmed trasladarse del Reino Unido a Pakistán”.

“Los crecientes indicios de que el Reino Unido cerró los ojos ante torturas y abusos e intentó beneficiarse al parecer de los resultados de estos malos tratos plantea graves interrogantes sobre el modo como el Reino Unido entiende y respeta sus obligaciones en virtud del derecho humanitario y las normas de derechos humanos”, ha señalado Amanda Cumberland, investigadora del equipo de la Unión Europea de Amnistía Internacional.

Amnistía Internacional ha indicado que las investigaciones penales sobre este incidente y otros similares no deben centrarse sólo en el papel desempeñado por agentes de rango inferior que trabajan en primera línea. “Tenemos que saber si se autorizó a agentes británicos a cerrar los ojos ante torturas y malos tratos y en qué medida se hizo. Se debe pedir cuentas también a toda persona que haya autorizado y aprobado deliberadamente actos incompatibles con la obligación contraída por el Reino Unido de impedir y combatir la tortura y otros malos tratos”, ha señalado Amanda Cumberland.

Además de imponer otras obligaciones, la Convención de la ONU contra la Tortura exige que todo acto de cualquier persona bajo jurisdicción británica que constituya “complicidad o participación en la tortura” sea perseguido penalmente.

Otros incidentes similares ponen de manifiesto la necesidad de llevar a cabo investigaciones públicas de carácter más amplio. Amnistía Internacional tiene conocimiento de que, como consecuencia de la información facilitada por las autoridades británicas, se detuvo a varios hombres que posteriormente fueron entregados a la Agencia Central de Investigación (CIA) y sufrieron torturas a manos de agentes de este organismo.

Jamil el Banna y Bisher al Rawi, residentes en el Reino Unido, tras ser detenidos en Gambia fueron puestos bajo custodia estadounidense en Afganistán antes de reaparecer finalmente en Guantánamo.

En el caso de Binyam Mohammed, residente también en el Reino Unido, el interrogatorio al que lo sometieron agentes británicos en Pakistán fue el preludio de su entrega, primero a Marruecos y después a Afganistán, países en los que fue torturado y recluido en un lugar secreto antes de permanecer detenido varios años en Guantánamo.

Khaled al Maqtari, ciudadano yemení detenido en 2004 por fuerzas estadounidenses en Irak, afirma que agentes británicos lo interrogaron cuando todavía tenía en el cuerpo señales claramente visibles de golpes. Según él, los agentes no lo maltrataron, pero ninguno de ellos se preocupó de averiguar lo que le había ocurrido. Lo condujeron, en cambio, por los oscuros callejones de Bagdad y le pidieron que identificara lugares sospechosos antes de devolverlo al amanecer a la prisión de Abu Ghraib. Tres días más tarde desapareció en una cárcel secreta de la CIA y no volvió a aparecer hasta más de dos años después.

“El gobierno del Reino Unido debe iniciar una investigación completa, independiente y pública sobre las denuncias según las cuales las autoridades británicas han estado implicadas de distintas formas en torturas perpetradas contra detenidos en el extranjero”, ha señalado Amanda Cumberland.

Más información

Pakistan: Human rights ignored in the "war on terror" (informe, 28 de septiembre de 2006)

Tema

Detención 
Law Enforcement 
Prison Conditions 
Tortura y malos tratos 

País

Pakistán 
Reino Unido 

Región

Europa y Asia Central 

Campañas

Seguridad con Derechos Humanos 

@amnestyonline on twitter

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