El gobierno georgiano tiene que poner fin a los abusos de la policía

Miembro de Amnistía Internacional manifiestándose con uniforme de camuflaje y pasamontañas para llamar la atención sobre el anonimato de que disfrutan los autores de abusos en Georgia. Londres, 11 de marzo de 2008.

Miembro de Amnistía Internacional manifiestándose con uniforme de camuflaje y pasamontañas para llamar la atención sobre el anonimato de que disfrutan los autores de abusos en Georgia. Londres, 11 de marzo de 2008.

© © Amnistía Internacional


13 marzo 2008

Pese a la tormenta de viento y lluvia del pasado martes 11 de marzo, miembros de Amnistía Internacional celebraron una vigilia frente a la Embajada de Georgia en Londres.

Representantes de la organización hicieron frente al mal tiempo para instar a las autoridades georgianas a que pongan fin a la impunidad con que la policía comete abusos.

También exhortaron al gobierno georgiano a que introduzca el uso de distintivos de identificación para todas las fuerzas policiales, como medida de protección contra la tortura y los malos tratos.

En la vigilia –de una hora de duración–, Barrie Hay, uno de los manifestantes y coordinador para el Cáucaso Meridional de la Sección Británica de Amnistía Internacional, vistió uniforme de camuflaje y pasamontañas como símbolo del anonimato que disfrutan los autores de abusos al permitírseles ocultar totalmente su identidad.

“Considero que el anonimato de los agentes de policía aumenta el riesgo de tortura u otros malos tratos y perpetúa la impunidad”, señaló Barrie Hay. Al final de la vigilia, entregó al personal de la embajada una petición escrita de la organización y varios distintivos de identificación simulados.

El acto se realizó con motivo de los sucesos de Georgia del 7 de noviembre de 2007, tras los cuales se acusó a la policía de haber utilizado fuerza excesiva para dispersar a los manifestantes que pedían la dimisión del presidente Mikheil Saakashvili.

En las masivas manifestaciones también se pedía la celebración de elecciones al Parlamento, cambios en las normas que rigen las elecciones y la liberación de varios presos a los que los manifestantes consideraban presos políticos.

Al parecer, los agentes de policía, muchos de ellos con el rostro oculto, emplearon porras, balas de goma, gas lacrimógeno y cañones de agua para disolver tres concentraciones en la capital, Tiflis.

Testigos presenciales afirmaron que las fuerzas policiales golpearon y propinaron patadas a decenas de manifestantes, y al parecer también agredieron al Defensor del Pueblo georgiano. Según las estadísticas oficiales, más de 550 manifestantes y 34 agentes de policía tuvieron que ser hospitalizados.

Los sucesos de noviembre provocaron numerosos llamamientos de organizaciones internacionales y de algunos gobiernos para que las autoridades georgianas promuevan una investigación efectiva sobre las denuncias de uso excesivo de la fuerza.

El 28 de febrero de 2008, la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos pidió a las autoridades “que hicieran público el proceso y los resultados de la investigación interna llevada a cabo por el Ministerio del Interior lo antes posible, y que informasen a la opinión pública sobre las deficiencias sistémicas además de sobre las responsabilidades personales de los funcionarios del Estado implicados”. Sin embargo, las autoridades no han hecho nada al respecto hasta la fecha.

Amnistía Internacional también ha recibido un gran número de denuncias de abusos policiales en los últimos años, sobre todo al practicar detenciones y dispersar manifestaciones. Anna Sunder-Plassmann, investigadora de Amnistía Internacional sobre Georgia, ha dicho que “aunque 39 agentes han sido encarcelados por tortura u otros malos tratos desde que Mikheil Saakashvili asumió al poder en 2004, la impunidad persiste en medio de denuncias que indican que las investigaciones no se realizan adecuadamente”.

En muchos casos de presuntos abusos policiales, las fuerzas no llevaban distintivos de identificación y, además, los agentes del departamento de operaciones especiales del Ministerio del Interior a menudo llevaban máscaras.