Las armas fomentan los abusos en Afganistán
3 abril 2008
Estados Unidos y otros Estados pertenecientes a la OTAN están suministrando a Afganistán armas que podrían utilizarse para cometer graves violaciones de derechos humanos, advierte Amnistía Internacional.
En la cumbre de la OTAN que se celebra esta semana (2-4 abril) en Bucarest, la organización está expresando su preocupación en torno a la excesiva cantidad de armas pequeñas, armas ligeras y munición que los Estados miembros de la OTAN y Estados aliados suministran a las fuerzas de seguridad y cuerpo de policía afganos. Existe un peligro sustancial de que todo ese equipamiento se emplee en la comisión de graves violaciones del derecho internacional de los derechos humanos y humanitario.
Amnistía Internacional teme un incremento de la vulnerabilidad de la población civil que se encuentra atrapada en el conflicto armado en el país, ante el incumplimiento por todas las partes implicadas – entre ellas el gobierno afgano, las fuerzas militares internacionales y los talibanes– de las obligaciones legales contraídas a escala internacional.
De acuerdo con información puesta a disposición de Amnistía Internacional, pese a que ya hay millones de armas pequeñas en Afganistán, desde el año 2002 se han importado y redistribuido otras 409.022, cifra que contrasta con el límite establecido para el conjunto de las fuerzas de seguridad afganas (incluidos la policía, el ejército y los servicios de seguridad) de únicamente 182.000 personas.
Tal ritmo de suministro es preocupante, teniendo en cuenta que la población ya está saturada de armas pequeñas y es además objeto de abusos con esas armas. Los procesos para reformar el sector de la seguridad afgano son titubeantes, y siguen sin implementarse salvaguardias esenciales en materia de armas, como la gestión de los arsenales, la formación en derechos humanos, el control del uso de la fuerza y una supervisión transparente.
En la cumbre de la OTAN que se celebra esta semana (2-4 abril) en Bucarest, la organización está expresando su preocupación en torno a la excesiva cantidad de armas pequeñas, armas ligeras y munición que los Estados miembros de la OTAN y Estados aliados suministran a las fuerzas de seguridad y cuerpo de policía afganos. Existe un peligro sustancial de que todo ese equipamiento se emplee en la comisión de graves violaciones del derecho internacional de los derechos humanos y humanitario.
Amnistía Internacional teme un incremento de la vulnerabilidad de la población civil que se encuentra atrapada en el conflicto armado en el país, ante el incumplimiento por todas las partes implicadas – entre ellas el gobierno afgano, las fuerzas militares internacionales y los talibanes– de las obligaciones legales contraídas a escala internacional.
De acuerdo con información puesta a disposición de Amnistía Internacional, pese a que ya hay millones de armas pequeñas en Afganistán, desde el año 2002 se han importado y redistribuido otras 409.022, cifra que contrasta con el límite establecido para el conjunto de las fuerzas de seguridad afganas (incluidos la policía, el ejército y los servicios de seguridad) de únicamente 182.000 personas.
Tal ritmo de suministro es preocupante, teniendo en cuenta que la población ya está saturada de armas pequeñas y es además objeto de abusos con esas armas. Los procesos para reformar el sector de la seguridad afgano son titubeantes, y siguen sin implementarse salvaguardias esenciales en materia de armas, como la gestión de los arsenales, la formación en derechos humanos, el control del uso de la fuerza y una supervisión transparente.

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