Informe anual 2013
El estado de los derechos humanos en el mundo

10 diciembre 2010

Liu Xiaobo: El precio de vivir en la verdad

Liu Xiaobo: El precio de vivir en la verdad

Por Jean-Philippe Béja, sinólogo especialista en China.

“Dedico este premio a todas aquellas almas perdidas que han sacrificado sus vidas por la lucha pacífica en favor de la paz, la democracia y la libertad” -Liu Xiaobo, tras conocer en prisión que iba a ser galardonado con el Premio Nobel de la Paz

La decisión del Comité del Nobel de conceder este año el Premio de la Paz a Liu Xiaobo es, sin lugar a dudas, un tributo a la memoria del movimiento prodemocrático de 1989 que el gobierno chino ha intentado anular constantemente durante los últimos 20 años.

“Junio de 1989 fue un cambio de rumbo decisivo en mis 50 años de trayectoria vital”, declaró Liu durante su juicio en diciembre de 2009.

Esta trayectoria había sido bastante tranquila hasta aquel día. Nacido en Changchun, en el norte de China, el 28 de diciembre de 1955, Liu Xiaobo, había llevado una vida similar a la del resto de su generación.

Hijo de un profesor universitario, durante la Revolución Cultural se trasladó con sus padres al campo de Mongolia Interior, donde permaneció desde 1969 hasta 1973. Después, pasó más de dos años en una comuna rural en su provincia natal de Jilin, y en 1976 consiguió trabajo como obrero de la construcción en Changchun.

Cuando en 1977 el dirigente del Partido Comunista Hua Guofeng introdujo de nuevo el examen nacional de ingreso en la universidad, Xiaobo fue admitido en el departamento de Chino de la Universidad de Jilin. Se graduó en 1982, e ingresó en la Universidad Normal de Pekín, donde recibió el título de doctor en 1988.

Liu Xiaobo no participó en el movimiento prodemocrático de finales de los años 70. Mientras que Wei Jingsheng y sus compañeros luchaban por la democracia, a Liu sólo le interesaban la literatura, escribir poemas y leer sobre filosofía occidental.

Se convirtió en un crítico literario de renombre cuando, en 1986, escribió un artículo denunciando la dependencia de los escritores chinos con respecto al Estado y su incapacidad de pensar por sí mismos. El artículo tuvo una enorme repercusión, y Liu fue calificado como la “caja de sorpresas” del panorama literario de China.

En la efervescente atmósfera intelectual de finales de los años 80, sus ideas provocadoras captaron la atención de la intelligentsia, y lo invitaron a dar conferencias por toda China y en el extranjero.

Liu trabajaba como profesor visitante en la Universidad de Columbia de Nueva York cuando el movimiento prodemocrático de 1989 estalló en China. A diferencia de muchos de sus compañeros, que buscaban la forma de salir del país, Liu regresó a China de inmediato y pasó la mayor parte de su tiempo en la Plaza de Tiananmen.

A pesar de sus continuas críticas a los líderes estudiantiles, estos lo respetaban y mantuvieron debates abiertos con él. La víspera de la matanza, Liu inició una huelga de hambre con tres compañeros para protestar contra la represión inminente del Ejército de Liberación Popular. La noche del 3 de junio, negoció una evacuación pacífica de la Plaza de Tiananmen con el ejército.

Encontró refugio en un complejo diplomático, pero no podía soportar la idea de estar a salvo mientras los ciudadanos de Pekín y los estudiantes eran perseguidos. Por ello, abandonó su apartamento y fue arrestado el 6 de junio. Calificado como uno de los “cerebros” del movimiento, pasó 20 meses en la cárcel de Qincheng en Pekín.

Cuando fue puesto en libertad, era una persona completamente nueva. Dejó de escribir sobre literatura y se unió a la lucha por la democracia, publicando artículos en los medios de comunicación de Hong Kong en los que criticaba al gobierno chino, y poniendo en marcha peticiones para denunciar las violaciones de derechos humanos.

La matanza del 4 de junio había cambiado totalmente su perspectiva. Aunque fue criticado por disidentes tras decir en una entrevista concedida a un medio de comunicación estatal que él no había presenciado las muertes en la Plaza ha dedicado la mayor parte de sus energías a la lucha por preservar la memoria de la matanza, si bien mostrándose contrario a mentir simplemente por el hecho de despertar el entusiasmo del movimiento democrático.

La matanza cambió su visión del pueblo llano en China. El mismo hombre que se había interesado principalmente por los debates con las elites, ahora había descubierto el coraje, la inteligencia y la sutileza política de las personas comunes: el lao bai xing.

El sacrificio del pueblo le hizo actuar de acuerdo con sus principios. Liu Xiaobo, como Vaclav Havel, estaba convencido de que el arma más efectiva contra el gobierno era “vivir en la verdad”. “Negarse a mentir en la vida pública es la fuerza más efectiva para minar la tiranía”, dijo.

Se negó a utilizar seudónimos para poder publicar sus artículos, y aceptó que quedaría al margen del sistema.

Desde que salió de la cárcel en 1991 hasta su último arresto en 2008, ha vivido bajo la atenta mirada de la policía. Pero esto no le ha impedido actuar de acuerdo con sus ideales.

Liu Xiaobo ha trabajado mano a mano con las Madres de Tiananmen, cuyo objetivo es forzar al gobierno a reconocer la matanza y rehabilitar a las víctimas.

Ha puesto en marcha peticiones contra el arresto de escritores encarcelados por los textos que han publicado en Internet. Ha escrito en defensa de los trabajadores que protestaron contra la corrupción de los jefes de sus fábricas, y ha organizado llamamientos en defensa de los derechos de los trabajadores migrantes.

El que fue profesor en la universidad también se ha ganado el respeto de personas adscritas al sistema; la coherencia de sus ideas y su coraje a lo largo de los últimos 20 años han impresionado a muchos en China, incluidos algunos miembros del Partido.

Liu Xiaobo ha organizado llamamientos con activistas de 1989, con jóvenes intelectuales víctimas de la represión del gobierno, y con miembros veteranos del Partido que antes estuvieron aliados con el líder reformista del Partido Hu Yaobang, cuya muerte en 1989 provocó las manifestaciones estudiantiles. Durante este tiempo, Liu se ha ganado el aprecio de los diferentes grupos y generaciones del movimiento prodemocrático.

Sus escritos en apoyo de la floreciente “defensa de derechos” en China, el llamado movimiento weiquan, así como sus intervenciones a favor de los trabajadores y jóvenes intelectuales, lo han convertido en una figura clave de la sociedad civil emergente de China.

Todos, independientemente de su profesión o condición social, admiran su coraje y coherencia. Liu no ha dudado en ir a la cárcel por sus ideas. Cuando en 1996 el veterano disidente Wang Xizhe le pidió que firmase un llamamiento dirigido al Partido Comunista y al Kuomintang de Taiwán para contribuir a la salvación de China, aceptó: “No estaba convencido, pero sentía un gran respeto por Wang Xizhe”. El precio que tuvo que pagar por ello fueron tres años en el programa de reeducación por el trabajo. Pero ni siquiera esto lo detuvo en su lucha por la democracia.

A finales de la primera década de 2000, trabajó con otros para organizar la “Carta 08”, un manifiesto inspirado en la Carta 77 de Checoslovaquia que pedía la introducción de una democracia real en China mediante la separación de poderes, el fin del gobierno de partido único, y un sistema federal.

Liu no fue el único que participó en la elaboración del borrador del manifiesto, pero desempeñó un papel fundamental en la recogida de firmas. Su arresto hizo que la Carta adquiriese una gran difusión, y hasta ahora ha sido firmada por más de 10.000 ciudadanos chinos de toda profesión o condición social.

El movimiento de la Carta 08 no es una organización que amenace de alguna forma la inamovilidad del Partido Comunista en el poder. Tan sólo es un síntoma de que en muchos círculos el deseo de una democracia real va en aumento.

No obstante, los líderes comunistas tienen una opinión diferente. Consideran que se trata de un intento subversivo, y Liu Xiaobo ha pagado las consecuencias. La sentencia de 11 años que se le impuso el día de Navidad de 2009 es una de las más duras que se han dictado por el delito de “incitar a la subversión del poder del Estado”.

La subversión es la descripción menos adecuada que puede darse de las actividades de Liu Xiaobo; él siempre ha actuado abiertamente.

De hecho, aunque hubiese querido actuar clandestinamente, el hecho de estar sometido a vigilancia policial desde su puesta en libertad en 1991 lo habría hecho imposible.

Seamos realistas: Liu Xiaobo ha sido encarcelado porque sus ideas se oponen a las de los poderes facticos.

Más información

Liu Xiaobo’s empty chair holds more than the Chinese realise (blog, 10 de diciembre de 2010)
China debe poner fin a la campaña de represión con motivo de la concesión del Nobel (noticia, 8 de diciembre de 2010)

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Presos y presas de conciencia 

País

China 

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