Informe anual 2013
El estado de los derechos humanos en el mundo

2 abril 2009

Los líderes del G-20 deben proteger a los pobres

Los líderes del G-20 deben proteger a los pobres
La cita del año de Rahm Emanuel, jefe de gabinete del presidente Obama (“no podemos desaprovechar una crisis grave”), parece insustancial si se la saca de contexto. Pero tiene razón. Hacen falta situaciones extremas para obligar a tomar decisiones que vayan en contra de los intereses políticos normales a corto plazo.

En efecto, gobiernos como los del Reino Unido y los Estados Unidos están cargando a sus contribuyentes con cuantiosas deudas para sacar de apuros a sus bancos y su sector financiero, gastando sumas de dinero inimaginables en épocas normales (al menos 8,4 billones de dólares, y el gasto no ha terminado) para corregir los resultados de la autocomplacencia, la ideología y la codicia.

Encontrar la oportunidad en una crisis es algo más que un eslogan político con gancho. Es la oportunidad de que la reunión de los líderes del G-20 el 2 de abril adopte decisiones a largo plazo en beneficio de las personas y el planeta.

Los desastres a los que hacen frente los países ricos del G-20 se ven eclipsados ya por las catástrofes a las que se han de enfrentarse los más pobres. Más de 20 millones de personas han perdido su empleo en China desde octubre. El Banco Mundial predice que 53 millones de personas se sumirán de nuevo en la pobreza, además de los 150 millones afectados por la crisis alimentaria del pasado año. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) apunta que se perderán 200 millones de puestos de trabajo.

Mientras que los países ricos generaban esta conmoción masiva, los países pobres serán con diferencia los más afectados y durante mucho más tiempo. Están sufriendo ya enormes reducciones en las remesas de dinero, los precios de  las materias primas, los tipos de cambio, el acceso al crédito, los volúmenes comerciales y las condiciones de intercambio. Sólo en 2008-2009, los países en desarrollo han perdido 750.000 millones de dólares en PIB y 800.000 millones de dólares de afluencia de capital.

Para millones de los ciudadanos más pobres del mundo, y en particular las mujeres, los niños y las niñas, los resultados de la reunión del G-20 en Londres son una cuestión de vida o muerte. Un número aún mayor de personas hacen frente a una enorme amenaza para sus derechos humanos, como es el caso de la vivienda y la educación. El aumento de la pobreza pondrá en peligro la seguridad mundial al avivar el malestar social y los conflictos. Algunos gobiernos podrían recurrir a métodos severos para reprimir la disidencia y la agitación laboral, como se ha visto en el último año en la respuesta a las protestas por cuestiones alimentarias. Las perspectivas de un acuerdo sobre el clima global en Copenhague parecen haber disminuido. Con sólo 100 meses para invertir la tendencia de las emisiones de carbono antes de que estemos condenados a repercusiones irreversibles y potencialmente catastróficas, simplemente no podemos permitirnos que estas conversaciones fracasen.

El verdadero desafío para los líderes del G-20 es adoptar un nuevo tipo de política. Deben elevarse por encima del habitual enfoque competitivo y nacionalista que suelen llevar a las negociaciones internacionales. Necesitamos colaboración, no actuaciones al límite. Necesitamos reflexión, planificación y compromiso a largo plazo en el ámbito global.

Es especialmente importante que el G-20, no tanto una Coalición de los Dispuestos como una Coalición de los Especialmente Invitados, recuerde que, aun siendo cierto que representan el 85 por ciento de la economía mundial, sus acciones afectarán a los 170 países no representados, entre ellos los más pobres y vulnerables.

Estabilizar y reactivar la economía mundial debe ser la prioridad a corto plazo. La agenda más amplia –y la que brinda mayores oportunidades– debe ocuparse de la protección del medio ambiente y de garantizar los derechos básicos de subsistencia de las personas (a la alimentación, la educación, la vivienda, la salud, empleos dignos y medios de vida sostenibles). Hay que reconstruir la economía mundial de modo que sea mejor que antes. Necesitamos también un estímulo político que promueva las libertades básicas y la rendición de cuentas de los gobiernos y las empresas.

Todo conjunto de medidas de estímulo debe poner en su centro la equidad y la seguridad. Debe ser global, no sólo para los países ricos. La ONU ha pedido que el 1 por ciento de los paquetes de estímulo de todos los países ricos se destine a los países en desarrollo. Políticas efectivas para fomentar el gasto en protección social, infraestructuras, agricultura y capital humano podrían ayudar a los países pobres a regresar a una senda de crecimiento sostenible y a impedir que se suman en una pobreza y una deuda aún más graves.  

Se calcula que se necesita un mínimo de 41.000 millones de dólares de ayuda para los países de bajos ingresos (basado en un paquete de estímulo del 5 por ciento de su PIB). Incluso sumando a esto la promesa de la cumbre del G-8 en Gleneagles de aumentar el gasto en ayuda en 50.000 millones de dólares en 2010, supondría menos de la mitad del rescate combinado de AIG.  

Se calcula que los países desarrollados deben asignar al menos 140.000 millones de dólares anuales de fondos públicos para que los países en desarrollo puedan acelerar el cambio a tecnologías limpias, reducir sin demora la destrucción de bosques tropicales y ayudar a las comunidades pobres a adaptarse al inevitable cambio climático. La reunión del G-20 debería fomentar el impulso de la transición a una economía baja en carbono. Se trata de sumas astronómicas, pero sólo una mínima parte de lo que se ha destinado al rescate de bancos. No es ya aceptable que estas cuestiones se dejen a un lado simplemente por su costo.

Apoyamos con firmeza las peticiones de reformar las Junta de Gobernadores del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional (FMI). Acogemos con satisfacción las propuestas recientes de reducir las condiciones de préstamo del FMI que exigen a los gobiernos de los países pobres recortar servicios básicos para sus ciudadanos. Es esencial que el G-20 adopte medidas concertadas contra los paraísos fiscales y la corrupción.
    
Los líderes del G-20 deben infundir una sensación de esperanza y la creencia de que es posible aprovechar estas oportunidades si nos comprometemos y actuamos con urgencia. El presidente Obama ha sido elegido en la creencia generalizada de que el cambio es posible. Esta clase de esperanza es esencial para superar la actual crisis de confianza que nos paraliza. Nuestros líderes políticos sólo podrán recuperar la confianza de la opinión pública demostrando que tienen la voluntad de resolver los problemas con ambición, justicia y urgencia.   


Irene Khan – secretaria general, Amnistía Internacional
Dr. Gerd Leipold – director ejecutivo, Greenpeace International
Jeremy Hobbs – director ejecutivo, Oxfam International
Dr. Dean Hirsch – presidente internacional, World Vision International
Dr. Robert Glasser – secretario general, Care International
Charlotte Petri Gornitzka – secretaria general, Alianza Internacional Salvemos a los Niños
Nigel Chapman – director ejecutivo, Plan International
Ramesh Singh – director ejecutivo, Ayuda en Acción

Tema

Economic, Social and Cultural Rights 

País

Reino Unido 
EE. UU. 

Región

América 

@amnestyonline on twitter

Noticias

29 mayo 2014

Una mujer mexicana es violada en un autobús policial, mientras los agentes lo jalean; un nigeriano sigue sufriendo jaquecas cuatro años después de que la policía le golpeara... Más »

29 mayo 2014

Una mujer mexicana es violada en un autobús policial, mientras los agentes lo jalean; un nigeriano sigue sufriendo jaquecas cuatro años después de que la policía le golpeara... Más »

03 junio 2014

En la segunda de una serie de dos partes, dos de las personas cuyos nombres estaban entre los “más buscados” a causa de su papel en las protestas de 1989 en Tiananmen cuentan... Más »

11 julio 2014

Sasha, activista ucraniano de 19 años, fue secuestrado a punta de pistola por separatistas en Luhansk y golpeado una y otra vez durante 24 horas.

Más »
07 julio 2014

La condena de un destacado abogado y defensor de los derechos humanos saudí a 15 años de prisión ha asestado un nuevo golpe al activismo pacífico y la libertad de expresión en... Más »