Los testimonios de víctimas de la violencia política en Kenia

Un agricultor de 47 años

 Un agricultor de 47 años Vivo en los alrededores de Eldoret. El lunes 31 de diciembre, los nandis [una comunidad étnica de Kenia] incendiaron mi casa. Era un grupo de unos 200.

Llegaron al lugar donde vivo y, tras presentarse en mi casa a la una de la mañana, me dijeron que saliera. Les oír decir: "Éste es el enemigo". Estaba solo, y al ver a un grupo tan numeroso de jóvenes, salí corriendo de inmediato. Me atacaron mientras huía.

Empezaron a tirarme flechas a la altura de las manos y me golpearon la cabeza con un machete. Caí al suelo y nadie me ayudó a levantarme. Me golpearon también una pierna con un palo. No sabía que me la habían roto, pero me di cuenta al tratar de levantarme.

Reconocí a uno de los que me agredieron porque era el cobrador del autobús que va a la ciudad. Le oí decir: "Dejad en paz al viejo", y entonces se marcharon.

Luego vi a una mujer y le hice señas con las manos. Le dije que buscara ayuda. Encontraron un vehículo y me llevaron a la Cruz Roja, y después a un hospital. Ni siquiera podía mantenerme en pie. En el hospital me atendieron.

No he visto a la policía desde que me agredieron, no se presentó en el hospital. Lo que hace falta ahora es que me ponga mejor y pueda trabajar. Soy conductor y necesito las piernas para hacer mi trabajo. Los dirigentes tienen que calmar a la población para que podamos vivir en paz.

Mi casa ardió por completo y todo quedó destruido, así que no tengo a donde ir. No puedo volver a la misma casa porque no conozco los planes de esta gente. Quizá digan: "No los hemos matado". Si vuelvo, pueden matarme. Deseo vivir en paz, así que tal vez vuelva al sitio donde residía antes, pues no tengo ningún otro adonde ir.
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Una joven de 22 años residente en Kangemi, un asentamiento informal de Nairobi

 Una joven de 22 años residente en Kangemi Eran las seis y media de la tarde del 31 de diciembre de 2007 y había salido a hacer unas compras. Cuando volví, encontré la puerta de casa cerrada con llave, así que llamé para que me abrieran. En ese momento, tres agentes de policía que pasaban por la calle me dispararon.

Caí al suelo de inmediato y me di cuenta de que las piernas no me sostenían. Lo recuerdo como si fuera ahora. Un guardia de seguridad, que es masai, salió corriendo hacia donde estaban los agentes y les dijo: "¿Por qué le habéis disparado?" Eran de la policía administrativa e iban uniformados. No los conozco personalmente. Pasaban por allí y llevaban fusiles AK-47.

Levanté la cabeza y miré a mi alrededor, pero no vi a nadie cerca con armas de fuego, sólo a la policía. No hicieron nada por ayudarme y se fueron.

Aquel día la situación era muy mala debido a los disturbios. Todas las puertas de las casas estaban cerradas, no había nadie por la calle y estaba empezando a anochecer. Yo llevaba pantalones, así que debieron pensar que era alguien peligroso, por eso me dispararon. 

Como la inseguridad era tan grande y había por todas partes numerosos jóvenes muy violentos, no pasaba ningún automóvil, ya que nadie quería poner en peligro el suyo, ni siquiera para llevarme a un hospital.

Así que mis vecinos me trasladaron a casa, y allí pasé la noche hasta que me llevaron al hospital al día siguiente. Cuando me dispararon, el cuerpo se me quedó insensible de inmediato, no sentía nada.

Me pusieron hielo en una pierna. Después empecé a sentir dolor. El dolor se volvió casi insoportable, y todo el tiempo sangraba mucho. Al llegar al hospital por la mañana, me llevaron enseguida a la sala de rayos X. Las radiografías mostraron que tenía la pierna rota en numerosos sitios.

Me llevaron al quirófano para extraerme las esquirlas de hueso que se habían quedado clavadas. Ahora están esperando a que desaparezca la infección para operarme y colocarme una pieza de metal.

Mis familiares intentaron denunciar el incidente a la policía, pero el jefe les dijo que debía ser yo quien presentara la denuncia después de que me atendieran y me dieran de alta. Cuando salga de aquí, quisiera denunciar el incidente al jefe; éste ha dicho que me dará una carta para que acuda a un tribunal e intente conseguir una indemnización. Me encargo de los hermanos y ahora no puedo trabajar, así que necesito obtener una indemnización.
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Un hombre de 37 años que trabaja en las plantaciones de flores de Navaisha

 Un hombre de 37 años que trabaja en las plantaciones de flores de Navaisha Soy luo. Nací en Sera, más allá de Kisumu. Llevo algún tiempo trabajando aquí, en Navaisha, de temporero. Antes he trabajado en fincas de Navaisha propiedad de kikuyus sin ningún problema. Comíamos y trabajábamos juntos.

Hace poco vi unos folletos en los que se decía: "No queremos ver por aquí a luos ni a  luhyas". Creíamos que era una broma, que no se trataba de nada serio. Algunos días después, concretamente el viernes 24 de enero, hubo al parecer una reunión de kikuyus en la que dijeron que no querían ver a ningún luo. Me enteré de la reunión porque los aguadores iban por ahí hablando de ella.

El viernes 24 de enero por la tarde, vi acercarse a mi barrio a un numeroso grupo de kikuyus. Acudí al campamento del jefe, pero éste no estaba, así que hablé con uno de sus policías. Me confirmó que tenían noticia de ese grupo y que iban a venir más agentes de refuerzo. Me dijo que volviera a casa, así que regresé. Esa noche dormí bien, pero al día siguiente, sábado, el grupo empezó a matar a gente.

Cuando los vi me encontraba cerca del campamento del jefe. Me dirigí a su casa con otras ocho personas más o menos. Vimos lo que sucedía mientras buscábamos refugio. Vi cómo daban machetazos a la gente. Se lo dije a la policía y ellos también lo vieron.

Esa gente cortaba cabezas y hablaba al mismo tiempo con la policía, así de sencillo. Todo sucedía a unos 100 metros de donde estábamos. Vi participar en la matanza a tres profesores de la escuela primara de Marera.

Quemaron a tres personas mientras estábamos allí. Había una casa perteneciente a un luo. Mientras la policía estuvo allí, protegiendo la casa, no la incendiaron. Pero el que mandaba a los policías se llevó a un agente llamado Mohamed. Éste era el que había evitado que incendiaran la casa.

Así que, cuando el agente se alejó, la incendiaron. La multitud quemó a tres personas dentro de la casa. Nosotros estábamos allí, lo vimos. Esas personas no salieron de la casa, murieron dentro de ella. Los agresores rompieron la puerta, se quedaron quietos un momento, y luego rociaron todo con gasolina y esperaron hasta que la casa se desplomó.
La policía volvió cuando la casa ya había ardido por completo. Nos ordenaron a los que estábamos allí que apagáramos el fuego, pero les contestamos qué cómo íbamos a hacerlo. La policía no nos tomó declaración sobre lo que habíamos visto.

Después de quemar la casa, la muchedumbre intentó agredirnos a los que estábamos en el campamento del jefe, intentó lincharnos. Querían que la policía se fuera; hablaron con los agentes en kikuyu, idioma del que sólo sé algunas palabras. Pero ese policía, Mohamed, se dio cuenta de sus intenciones y no estaba dispuesto a consentirlo. Quería protegernos, así que lo dispuso todo para sacarnos de aquel sitio.

Después subimos a un vehículo que nos trasladó a la ciudad. No llevábamos nada encima, ninguna pertenencia. Cuando llegamos a la ciudad, vimos barricadas en algunos lugares. En ellas estaban colocando piedras y cabezas humanas. Vi más de una cabeza humana.

Luego nos condujeron a la comisaría, y permanecimos allí una semana, al aire libre, a la intemperie, sin ningún refugio donde guarecernos, con la lluvia y el sol cayendo sobre nuestras cabezas. Después, concretamente el martes 5 de febrero de 2008, nos llevaron al campo de desplazados internos de Naivasha.
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