Informe anual 2013
El estado de los derechos humanos en el mundo

27 octubre 2009

El día que vinieron las excavadoras...

El día que vinieron las excavadoras...
Mahmoud al Alam, agricultor de Cisjordania, no olvidará el día en que las excavadoras del ejército israelí le cortaron el suministro de agua… y destruyeron su medio de vida.

El pueblo de Beit Ula, donde vive Mahmoud, no está conectado a la red palestina de suministro de agua. Por ello, esta comunidad, situada al noroeste de Hebrón, depende del agua de lluvia, que recoge y almacena en cisternas cavadas en la tierra.

Sus nueve nuevas cisternas construidas en 2006, en el marco de un proyecto de mejora de la seguridad alimentaria financiado por la Unión Europea, eran el orgullo del pueblo. Eran esenciales para la supervivencia de las nueve familias que hacían uso de ellas… hasta que llegaron las excavadoras.

"[El ejército israelí] lo destruyó todo. Subieron y bajaron con la excavadora varias veces y lo arrancaron todo”, recuerda Mahmoud al Alam.

Bastaron unas horas para echar por tierra años de duro trabajo. Las cisternas se habían construido con la ayuda de dos organizaciones no gubernamentales locales, los Comités Palestinos de Ayuda a la Agricultura y el Grupo Hidrológico Palestino.

Las cisternas proporcionaban agua para regar 3.200 árboles recién plantados, en su mayoría olivos, almendros, limoneros e higueras. Los agricultores habían sufragado una importante parte del coste global del proyecto.

“Invertimos mucho dinero y trabajamos muy duro –explicó Mahmoud al Alam–. La tierra es buena y el proyecto era estupendo. Pensamos mucho cuál sería la mejor forma de colocar las terrazas, construir las cisternas y utilizar la tierra, y plantamos árboles que necesitan poca agua […] los árboles jóvenes estaban creciendo bien.”

Lo ocurrido en Beit Ula es uno de los muchos ejemplos del hostigamiento a que someten las fuerzas israelíes a las comunidades palestinas de la región.

El 4 de junio de 2009, el ejército israelí destruyó las viviendas y los corrales para el ganado de 18 familias palestinas de Ras al Ahmar, aldea de la zona del valle del Jordán de Cisjordania.

Se vieron afectadas más 130 personas, muchas de las cuales eran niños y niñas. Un hecho especialmente grave fue que los soldados confiscaron la cisterna, el tractor y el remolque que los habitantes de la aldea utilizaban para proveerse de agua. Los dejaron sin techo bajo el que guarecerse ni agua en las fechas más calurosas del año.

El 28 de julio de 2007, los soldados de un control israelí de seguridad confiscaron el tractor y la cisterna a Ahmad Abdallah Bani Odeh, habitante de la aldea de Humsa.

Un oficial del ejército israelí dijo a Amnistía Internacional que se estaban confiscando bienes esenciales para obligar a la población de la zona, declarada por el ejército “zona militar cerrada”, a marcharse de allí.

En otro pueblo palestino, el ejército destruyó una cisterna de agua de lluvia de la comunidad con el pretexto de que se había construido sin permiso. Para emprender proyectos hídricos es preciso solicitar permiso a las autoridades israelíes, que raras veces se lo conceden a las comunidades palestinas.

En los últimos años, a muchas familias palestinas del valle del Jordán les han destruido reiteradamente las viviendas y confiscado las cisternas. Ellas han vuelto a levantar cada vez sus hogares, consistentes en tiendas y simples chozas hechas con láminas metálicas y plásticas.

Dada su determinación de seguir en sus tierras a pesar de las durísimas condiciones de vida, el ejército israelí les ha restringido cada vez más el acceso al agua para obligarlas a abandonar la zona.

Inam Bisharat, madre de siete hijos, del pueblo de Hadidiya, contó a Amnistía Internacional: “Vivimos en condiciones durísimas, sin agua, electricidad ni servicios”.

“La falta de agua es el mayor problema. Los hombres pasan la mayor parte del día [yendo a] conseguir agua y no siempre pueden traerla. Pero no tenemos más remedio que hacerlo. Necesitamos un poco de agua para sobrevivir y que no se nos mueran las ovejas. Sin agua no hay vida.”

“El ejército [israelí] nos ha aislado completamente [...]. No hemos elegido vivir así; a nosotros también nos gustaría tener bonitas casas, jardines y granjas, pero estos privilegios son sólo para los colonos israelíes [...]. Ni siquiera nos permiten tener servicios básicos.”

La falta de agua ha obligado ya a muchas familias palestinas a marcharse del valle del Jordán, y la supervivencia de las comunidades está cada vez más amenazada. En Beit Ula, el sustento de Mahmoud al Alam corre similares riesgos.

"Me duele mucho ver la destrucción cada vez que vengo aquí. Todo aquello por lo que trabajamos ha desaparecido. ¿Por qué querría nadie hacernos esto? ¿Qué se consigue con ello?”, pregunta.

Tema

Exige Dignidad 
Economic, Social and Cultural Rights 
Poverty 

País

Israel y los Territorios Palestinos Ocupados 
Autoridad Palestina 

Región

Oriente Medio y Norte de África 

Campañas

Exige Dignidad 

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