Informe anual 2013
El estado de los derechos humanos en el mundo

17 enero 2011

Livewire. Desaparecido en Túnez: ¿sabrá por fin Ramdana lo que le ocurrió a su esposo?

Livewire. Desaparecido en Túnez: ¿sabrá por fin Ramdana lo que le ocurrió a su esposo?




Los manifestantes han pedido empleos, mejores condiciones de vida y el fin de la corrupción. © Particular


Por Hassiba Hadj Sahraoui, del equipo de Amnistía Internacional sobre el norte de África

Me encontraba inmersa en la actividad derivada de un mes de disturbios en Túnez y de 24 horas de protestas que derrocaron al gobierno tunecino cuando recibí una llamada telefónica de una mujer que había conocido en 2007, en un viaje previo al país.

Conocí a Ramdana Mlouhi en diciembre de 2007, en una visita de Amnistía Internacional para investigar los abusos cometidos en nombre de la lucha contra el terror. Era la primera vez que Ramdana hablaba con una organización de derechos humanos.

Su esposo, Abbes, lleva desaparecido desde su detención por las fuerzas de seguridad en abril de 2005. Antes de su detención, Abbes Mlouhi, contable jubilado, había recibido diversas citaciones para acudir al Ministerio del Interior por su participación en una congregación islámica.

En la mañana del 11 de abril de 2005, cuando reparaba su automóvil en el exterior de su casa, miembros de las fuerzas de seguridad vestidos de civil simplemente aprehendieron a Abbes Mlouhi y se lo llevaron. Ramdana Mlouhi nunca volvió a verle.

En pocas palabras, había sido objeto de desaparición forzada y se había convertido en víctima de la represión de la disidencia llevada a cabo por las autoridades tunecinas en nombre de la seguridad, dirigida por un aparato de seguridad del Estado que utilizaba el pretexto de la lucha contra el terrorismo para aplastar a todo aquel remotamente considerado como una amenaza para el sistema.

Ramdana, acompañada por su hija, me contó cómo había empezado a buscar a su esposo con discreción. El silencio con que se encontró la hizo sentirse cada vez más inquieta y frustrada. Siempre que se ha dirigido a las autoridades tunecinas en busca de información sobre su esposo, Ramdana Mlouhi se ha encontrado con un muro de silencio: sus cartas no han recibido respuesta, y sus visitas a las prisiones de Túnez y al Ministerio del Interior no han dado fruto.

Una vecina, con la que yo me había reunido el día anterior para hablar sobre su esposo, detenido ilegalmente, le había hablado de la delegación de Amnistía Internacional. Ramdana explicó que, durante los días posteriores a la detención de su esposo, tenía miedo de que la policía la hostigara si presentaba una denuncia, porque llevaba un pañuelo en la cabeza.

Comprendí su temor, puesto que, días antes, había oído historias similares de boca de mujeres jóvenes a las que la policía había detenido y obligado a firmar declaraciones en las que aceptaban no llevar pañuelos en la cabeza.

Me contó que por eso había venido a hablar conmigo. Me mostró justificantes de la oficina de correos de las cartas enviadas al presidente ben Alí, al Ministerio del Interior, al Ministerio de Justicia y a la Fiscalía.

Estaba muy serena, y pidió que Amnistía Internacional hiciese algo. Se le dijo que podríamos ayudarla.

Después de nuestra reunión hablé con varios abogados tunecinos de derechos humanos y les pregunté si llevaban casos similares.

La desaparición forzada de Abbes Mlouhi no coincidía con la constante de abusos cometidos por las fuerzas de seguridad tunecinas. En efecto, agentes de paisano que se niegan a identificarse detienen a personas, que pueden permanecer recluidas durante días, por no decir semanas, e incluso meses, generalmente en dependencias del Ministerio del Interior. Pero siempre acaban compareciendo ante un juez y las trasladaban a prisión.

Todos sospechábamos que las cosas podían haberse torcido terriblemente durante el interrogatorio de Abbes, y temíamos que podría haber muerto bajo custodia.

Amnistía Internacional escribió a las autoridades tunecinas en relación con Abbes Mlouhi y remitió el caso a la ONU. Hemos seguido planteando el caso a la menor oportunidad. Seguimos esperando una respuesta.

La desaparición de Abbes Mlouhi ha obligado a Ramdana Mlouhi a criar sola a su hija, que ahora tiene nueve años. Ramdana Mlouhi me contó que, cada vez que se reciben noticias de excarcelaciones de presos, su hija reza para que su padre sea uno de ellos.

Ramadana solía llamarme cada tres o cuatro meses para saber si me había enterado de algo.

Cuando comenzaron los disturbios en Túnez me llamó para preguntarme si me había enterado de lo que pasaba en el país, y me preguntó qué estaba haciendo Amnistía Internacional para responder a las muertes de manifestantes. Me rogó que no olvidase a su esposo.

Volvió a llamarme minutos después del anuncio de la marcha de Ben Alí, con la enorme ilusión de que su esposo volvería a aparecer.

Ramdana Mlouhi lleva más de cinco años planteando valientemente la misma pregunta a las autoridades: ¿qué le ha ocurrido a mi esposo? A pesar de los años de búsqueda, nunca ha abandonado la esperanza de encontrarlo vivo y de que pronto volverá con ella.

Cuando habló con Amnistía Internacional el viernes se preguntaba si este nuevo periodo de la historia de Túnez ofrecería las respuestas que lleva tanto tiempo esperando. Es un sentir que se repite por todo el país, mientras los tunecinos, confinados en sus hogares por el toque de queda, esperan para ver cuál es el próximo paso que dan las autoridades tunecinas.

Después de años de tormento, Ramdana Mlouhi merece una respuesta de las autoridades. Si su esposo está vivo, deben decirle dónde está y permitirle, como mínimo, visitarlo. Si está muerto, Ramdana tiene que saber la verdad y ver cómo se procesa a los responsables de su muerte.

Sin duda las próximas semanas decidirán si finalmente se mete en vereda a las fuerzas de seguridad tunecinas o si las autoridades les vuelven a ordenar que continúen con la represión.

La historia de Ramdana Mlouhi es una de las incontables historias similares que tunecinos de a pie han contado a Amnistía Internacional a lo largo de los años. Las autoridades tunecinas deben emprender una reforma integral de las fuerzas de seguridad, a fin de garantizar que por fin empiezan a respetar y defender los derechos que se les ha encomendado proteger.

La población tunecina se pregunta si las autoridades cumplirán ahora sus promesas de reforma de los derechos humanos. No cabe duda de que los tunecinos de todo el país miran al futuro, pero también están empezando a plantear preguntas inquisitivas sobre el pasado.

Se están volviendo a contar abiertamente historias de sufrimiento a manos de las fuerzas de seguridad tunecinas, que las autoridades han ocultado durante mucho tiempo.

Esta vez, sin embargo, las historias se cuentan con la esperanza de que la agitación política en Túnez traiga por fin consigo verdad, justicia y reparación por los 20 años de abusos que caracterizaron el gobierno de Zin el Abidín Ben Alí.

Hacer un comentario (enlace a la versión inglesa de Livewire)

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