Informe anual 2013
El estado de los derechos humanos en el mundo

15 enero 2011

Livewire. Túnez: el día después

Livewire. Túnez: el día después

Por Diana Eltahawy, investigadora de Amnistía Internacional sobre el norte de África

Túnez, sábado 15 de enero de 2011

 

Tanques en una tranquila mañana de sábado en Túnez. ©AI

Esta mañana, Túnez estaba tranquilísimo, casi apacible. Resultaba difícil creer que sólo un día antes miles de personas habían recorrido las mismas calles pidiendo el fin del gobierno del presidente Zin el Abidín Ben Alí y lo habían conseguido.

Fuimos andando desde el hotel al centro de la ciudad, pasando por la avenida Habib Bourguiba –escenario de la protesta de ayer ante el Ministerio del Interior– para llegar a la oficina de Amnistía Internacional en Túnez.

Si no fuera por los soldados y los tanques que patrullaban las calles, la ausencia de periódicos, y algunos cristales rotos y piedras en el pavimento, no habría parecido más que una mañana excepcionalmente tranquila en una ciudad normalmente ajetreada.

La calma no duró mucho, sobre todo cuando se conoció la noticia de que los tunecinos habían protestado en las calles de todo el país la noche anterior, a pesar del toque de queda y de la autorización de disparar en el acto concedida a las fuerzas armadas y de seguridad.

Exigían la dimisión de Mohammed Ghannouchi, que apenas unas horas antes había asumido el poder convirtiéndose en presidente. Los manifestantes consideraban que la maniobra era inconstitucional y dejaba abierta la posibilidad del regreso de Ben Alí.

Mientras tanto, Ben Alí se había refugiado en Arabia Saudí tras el rechazo de Francia, posiblemente su aliado más firme en Europa, que sin duda era consciente de que su estrecha relación con el presidente derrocado podría perjudicar aún más su imagen.

Los tunecinos siguen enfurecidos por la declaración del presidente Sarkozy, durante su visita a Túnez, sobre el creciente clima de libertad en el país, cuando en realidad estaban asfixiados por la represión.

Una vez más, el poder de las calles tunecinas fue ayer asombroso. Antes del mediodía se comunicó en un anuncio oficial que el presidente del Parlamento iba a asumir poderes presidenciales temporalmente, hasta la celebración de elecciones dentro de 60 días.

Los tunecinos, que llevaban 23 años con el mismo presidente, acababan de tener tres presidentes en un periodo de 24 horas.

Casi inmediatamente después del anuncio oímos disparos en el exterior de la ventana de la oficina de Amnistía Internacional que da a la principal estación de ferrocarril de Túnez.

Vimos a policía antidisturbios que se dirigía hacia la avenida Habib Bourguiba, y un contacto nos llamó para advertirnos de que saliésemos del centro de la ciudad por razones de seguridad.

Cuando caminábamos hacia el Palacio de Justicia, el principal juzgado de Túnez, en donde nos íbamos a encontrar con abogados que acaban de mantener una reunión extraordinaria para responder al desarrollo de los acontecimientos, vimos que la ciudad ya no estaba en calma.

Pasamos al lado de policías que registraban y apaleaban a un joven en la calle, y que obligaban a otros a arrodillarse en el pavimento ante un furgón policial.

A pesar de la tensión, el ambiente delante del juzgado era de júbilo. Abogados de derechos humanos, algunos de ellos ex presos de conciencia, debatían sobre el futuro del país.

Los abogados han estado en primera línea de la lucha por los derechos humanos en el país, y algunos han pagado un alto precio por su activismo. Uno de ellos nos dijo que, a pesar del enorme alivio que sentía ante el fin del gobierno de Ben Alí, temía que se produjese una situación de anarquía.

De hecho, en Túnez, al igual que en muchas otras ciudades del país, bandas de hombres no identificados han atacado, saqueado y destrozado edificios públicos y residencias privadas.

Todos nuestros interlocutores, de todos los espectros políticos, desde la izquierda a islamistas, culpaban a elementos del entorno de Ben Alí. Sostenían que sus partidarios, sobre todo en el sector de la seguridad, pretendían mostrar a los tunecinos y al mundo que, sin Ben Alí, Túnez corre peligro de convertirse en un Estado fracasado, sin ningún tipo de orden público.

Miembros de una ONG de derechos humanos nos llevaron a Ariana, un barrio residencial de Túnez, para mostrarnos las consecuencias de la destrucción. Vimos tres comisarías de policía y varios supermercados vacíos salvo por algunos escombros. Aún salía humo de una de las comisarías destrozadas e incendiadas durante la noche.

También nos encontramos con una escena diferente: jóvenes armados con palos, porras de metal, cadenas y espadas patrullaban las calles por si se producían más ataques, en toda una zona que nuestros guías describieron como un “barrio de clase trabajadora”.

En el exterior de la principal comisaría de policía de Ariana presencié una escena especialmente impactante. Jóvenes y niños con palos de madera, algunos de ellos con aspecto de no tener más de 10 años, permanecían codo con codo al lado de soldados y policías y, al contrario de lo que me ocurría a mí, ni se inmutaban ante la vista de pistolas y ametralladoras.

Al volver al hotel, antes del toque de queda fijado para las 5 de la tarde, apenas habíamos tenido tiempo de asimilar lo ocurrido durante el día cuando oímos disparos. Se oyeron de forma intermitente durante un par de horas, hasta que la ciudad se volvió a quedar en silencio, aunque continúa el sonido de los helicópteros volando en círculos.

El futuro político de Túnez sigue siendo incierto. Mientras tanto, el actual gobierno debe esforzarse al máximo por proteger a los tunecinos de nuevos actos violentos –al margen de quienes sean los autores–, y garantizar que, para ello, sólo recurre a la fuerza de modo proporcionado y cuando sea estrictamente necesario para salvar vidas.

También debe controlar las fuerzas de seguridad y supervisar el aparato de seguridad y el sistema de justicia, los dos brazos de la represión en Túnez. Quizás entonces puedan confiar los tunecinos en que se ha pasado una página de su historia de gobierno mediante la fuerza y la represión.

Hacer un comentario (enlace a la versión en inglés de Livewire)

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