Documento - Israel / Líbano. ¿Destrucción deliberada o "daños colaterales"? Ataques israelíes contra la infraestructura civil

[Embargado hasta el 23 de agosto de 2006]

Público

Amnistía Internacional

Israel / Líbano

¿“Daños colaterales” o destrucción deliberada? Ataques israelíes contra la infraestructura civil

Agosto de 2006

Resumen

Índice AI: MDE 18/007/2006

http://web.amnesty.org/library/Index/ESLMDE180072006

Resumen

Durante la reciente guerra entre Hezbolá e Israel, en la que ambos bandos han cometido graves infracciones del derecho internacional humanitario, la actuación del ejército israelí ha causado una destrucción generalizada de las infraestructuras del Líbano, además de la muerte de unos 1.000 civiles. Los indicios iniciales, como el tipo y el alcance de los ataques israelíes, el número de víctimas civiles, el volumen de daños causados y algunas declaraciones de funcionarios israelíes, señalan que esta destrucción no se ha debido a “daños colaterales”, sino que ha sido deliberada y ha formado parte de una estrategia militar.

En el contexto de los ataques contra las infraestructuras del Líbano, Israel ha violado en concreto la prohibición de realizar ataques indiscriminados y desproporcionados. Puede haber violado también la prohibición de otros actos, como los ataques directos contra bienes civiles. Estas violaciones son crímenes de guerra.

Amnistía Internacional pide que las Naciones Unidas lleven a cabo una investigación exhaustiva, independiente e imparcial sobre las infracciones del derecho internacional humanitario que ambos bandos han perpetrado durante el conflicto. La investigación debe analizar en especial la repercusión de este conflicto sobre la población civil, y debe llevarse a cabo para que los responsables de crímenes según el derecho internacional rindan cuentas de sus actos y para garantizar que se facilita a las víctimas una completa reparación.

Este texto resume el documento titulado Israel/Líbano: ¿”Daños colaterales” o destrucción deliberada? Ataques israelíes contra la infraestructura civil (Índice AI: MDE 18/007/2006), publicado por Amnistía Internacional en agosto de 2006. Si desean más información o emprender acciones al respecto, consulten el documento completo. En el sitio web http://www.amnesty.orgencontrarán una amplia selección de materiales de AI sobre éste y otros asuntos. Los comunicados de prensa de la organización pueden recibirse por correo electrónico solicitándolo en la dirección:

http://www.amnesty.org/email/email_updates.html



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TRADUCCIÓN DE EDITORIAL AMNISTÍA INTERNACIONAL (EDAI), ESPAÑA


[Embargado hasta el 23 de agosto de 2006]

Público

Amnistía Internacional


Israel / Líbano



¿“Daños colaterales” o destrucción deliberada? Ataques israelíes contra la infraestructura civil







ÍNDICE





Israel / Líbano

¿“Daños colaterales” o destrucción deliberada? Ataques israelíes contra la infraestructura civil



Los civiles del Líbano y del norte de Israel han sido los mayores perdedores en este ciclo insensato de violencia del que se cumple ahora un mes exactamente [...] Era de suponer que se dejaría al margen a los civiles, pero en este conflicto no ha sido así.

Jan Egeland, secretario general adjunto de la ONU para Asuntos Humanitarios, 10 de agosto de 2006

Introducción

Entre el 12 de julio y el 14 de agosto tuvo lugar un importante enfrentamiento armado entre Hezbolá e Israel, después de que Hezbolá capturara a dos soldados israelíes y matara a otros militares en una incursión a través de la frontera entre Israel y Líbano. Israel llevó a cabo ataques por tierra, mar y aire en todo el Líbano, en los que murieron unos 1.000 civiles. Hezbolá lanzó miles de cohetes contra el norte de Israel y mató a unos 40 civiles. Estos ataques acarrearon el desplazamiento de centenares de miles de civiles en Israel y Líbano.

El siguiente informe resume la evaluación inicial y los motivos de preocupación de Amnistía Internacional sobre la destrucción generalizada de la infraestructura civil del Líbano que ha tenido lugar durante el conflicto. Se basa en información de primera mano obtenida en una visita sobre el terreno realizada por una delegación al Líbano, en entrevistas con decenas de víctimas de los ataques, en declaraciones oficiales y artículos de prensa, en intercambios de impresiones con funcionarios de la ONU, del ejército israelí y del gobierno libanés y en conversaciones con grupos no gubernamentales israelíes y libaneses.

En el informe no se tratan en detalle las implicaciones generales de la campaña de bombardeos. No se evalúa la amplitud de las consecuencias sobre los derechos humanos, incluidas las violaciones del derecho a la vida o de derechos económicos, sociales y culturales como el derecho a la alimentación, a la salud y a la vivienda, y no se abordan las repercusiones económicas a más largo plazo ni los ingentes desplazamientos internos y transfronterizos. No se abordan tampoco los ataques perpetrados por Hezbolá en Israel ni su repercusión sobre la población civil, que serán objeto de otros documentos. En este informe se pone de relieve un aspecto del conflicto, pero se subraya la necesidad de una investigación internacional urgente y exhaustiva sobre la forma como ambas partes han conducido las hostilidades.

Desde que comenzó el conflicto, Amnistía Internacional ha enviado delegaciones a Israel y Líbano y ha formulado un llamamiento público al gobierno israelí y a Hezbolá para que cumplan los principios del derecho internacional humanitario. Miembros y simpatizantes de Amnistía Internacional en todo el mundo han llevado a cabo acciones en favor de un alto el fuego, han pedido una vía de escape segura para los civiles atrapados y han instado a Israel y Líbano a que permitan que un organismo imparcial e independiente lleve a cabo una investigación sobre el tipo de ataques efectuados por Israel y Hezbolá.

¿“Daños colaterales” o destrucción deliberada?

Durante las más de cuatro semanas de bombardeos terrestres y aéreos de Líbano por parte de las fuerzas armadas israelíes, las infraestructuras del país sufrieron daños catastróficos. Las fuerzas israelíes destruyeron edificios, reduciendo a escombros barrios enteros y convirtiendo pueblos y ciudades en ciudades fantasmas, al huir sus habitantes de los bombardeos. Resultaron destruidos por completo carreteras principales, puentes y gasolineras. En los ataques aéreos murieron familias enteras en sus casas o en sus vehículos cuando huían de los ataques contra sus pueblos. Decenas de personas permanecieron enterradas bajo los escombros de sus casas durante semanas, al no poder la Cruz Roja ni otras organizaciones de salvamento acceder a las zonas debido a los continuos ataques israelíes. Al volver a sus hogares, centenares de miles de libaneses que huyeron de los bombardeos se enfrentan ahora al peligro que representan las municiones sin explotar.

Entre el 12 de julio y el 14 de agosto, las fuerzas aéreas israelíes lanzaron más de 7.000 ataques aéreos contra unos 7.000 objetivos situados en el Líbano, mientras que las fuerzas navales llevaron a cabo otros 2.500 bombardeos.1Los ataques, aunque generalizados, se concentraron especialmente en ciertas zonas. Además del número de víctimas humanas –cifra estimada en 1.183 muertos, alrededor de una tercera parte menores,2 4.054 heridos y 970.000 libaneses desplazados3– la infraestructura civil resultó gravemente dañada. El gobierno libanés calcula que han sido destruidos en parte o en su totalidad 31 “puntos vitales” (como aeropuertos, puertos, plantas potabilizadoras de agua y depuradoras de residuos e instalaciones eléctricas), así como unos 80 puentes y 94 carreteras.4Resultaron alcanzadas más de 25 estaciones de servicio5y unas 900 empresas comerciales. El número de propiedades residenciales, oficina y tiendas completamente destruidos supera la cifra de 30.000.6Durante los ataques israelíes, dos hospitales del gobierno resultaron completamente destruidos en Bint Jbeil y Meis al-Jebel, y otros tres gravemente dañados.7

En un país de menos de cuatro millones de habitantes, más del 25 por ciento de la población salió a las carreteras para desplazarse a otros lugares. Se estima que 500.000 personas buscaron refugio sólo en Beirut, en muchos casos en parques y espacios públicos, sin agua ni aseos.

La delegación de Amnistía Internacional que visitó el sur del Líbano informó que prácticamente en todos los pueblos se repetía el mismo panorama: las calles, sobre todo las principales, estaban salpicadas de cráteres de obuses de un extremo a otro. En algunos casos, se identificaron impactos de bombas de racimo. Se escogieron casas para atacarlas con misiles de precisión y, como consecuencia de ello, fueron destruidas en parte o en su totalidad. Se atacaron de forma deliberada instalaciones comerciales como supermercados, tiendas de alimentación, autoservicios y gasolineras, a menudo con obuses y municiones de precisión que causaron incendios y destruyeron sus existencias. Con la electricidad cortada y la interrupción del suministro de alimentos y otros productos a los pueblos, la destrucción de los supermercados y de las gasolineras desempeñó un papel crucial en la salida forzada de los lugareños. La falta de gasolina les impidió también obtener agua, ya que las bombas de agua necesitan electricidad o generadores alimentados con gasolina.

Portavoces del gobierno israelí han insistido en que las fuerzas israelíes estaban atacando las posiciones de Hezbolá y sus instalaciones de apoyo y que los daños a la infraestructura civil eran accidentales o se debían a que Hezbolá estaba utilizando a la población civil como “escudo humano”. Sin embargo, el tipo y alcance de los ataques, así como el número de víctimas civiles y el volumen de los daños causados, hacen que esta justificación suene falsa. Los indicios señalan firmemente que la amplia destrucción de obras públicas, sistemas de suministro de energía, viviendas de civiles e industrias era deliberada y que formaba parte de la estrategia militar, en lugar de constituir “daños colaterales”, es decir, daños accidentales a personas o bienes civiles debidos a ataques contra objetivos militares.

Declaraciones de autoridades militares israelíes parecen confirmar que la destrucción de infraestructuras fue en realidad un objetivo de la campaña militar. El 13 de julio, poco después del comienzo de los ataques aéreos, el teniente general Dan Halutz, jefe del Estado Mayor de la Fuerza de Defensa Israelí (FDI), observó que se podría incluir todo Beirut entre los objetivos si los cohetes de Hezbolá seguían alcanzado el norte de Israel: “Nada está a salvo [en el Líbano], tan sencillo como eso”,8afirmó. Tres días después, según el periódicoJerusalem Post, un oficial de alta graduación de la FDI amenazó con que Israel destruiría las centrales eléctricas libanesas si Hezbolá disparaba misiles de largo alcance contra instalaciones estratégicas situadas en el norte de Israel.9El 24 de julio, un oficial de alta graduación de las fuerzas aéreas israelíes manifestó en una rueda de prensa a los periodistas que el jefe del Estado Mayor de la FDI había ordenado al ejército destruir 10 edificios de Beirut por cada cohete katiusha que alcanzara Haifa.10La Asociación por los Derechos Civiles en Israel condenó después estas declaraciones.11Según el New York Times, el jefe del Estado Mayor de la FDI señaló que el objetivo de los ataques aéreos era presionar a las autoridades libanesas y lanzar un mensaje al gobierno libanés de que debía asumir la responsabilidad de las acciones de Hezbolá. Calificó a Hezbolá de “un cáncer” del que el Líbano debía deshacerse, porque “en caso contrario, el país pagará un precio muy alto”.12

Además de varias declaraciones de funcionarios israelíes, la destrucción generalizada de apartamentos, casas, servicios de suministro de agua y electricidad, carreteras, puentes, fábricas y puertos indica una política dirigida a castigar al gobierno libanés y a la población civil con el fin de conseguir que se volvieran en contra de Hezbolá. Ni siquiera cuando se evidenció que las víctimas de los bombardeos eran sobre todo civiles, lo que ocurrió desde los primeros días del conflicto, los ataques israelíes disminuyeron ni su tipo pareció cambiar.

Derecho internacional humanitario y crímenes de guerra

El derecho internacional humanitario rige la forma de conducir la guerra y trata de proteger a la población civil, a otras personas que no participan en las hostilidades y los bienes civiles. En un conflicto armado, las fuerzas militares deben distinguir entre objetivos civiles, que no pueden ser atacados, y objetivos militares, que pueden serlo en ciertas condiciones. Este principio de diferenciación es uno de los pilares de las leyes de la guerra.

Objetivos militares son aquellos que “por su naturaleza, ubicación, finalidad o utilización contribuyan eficazmente a la acción militar o cuya destrucción total o parcial, captura o neutralización ofrezca en las circunstancias del caso una ventaja militar definida”. Son bienes de carácter civil “todos los bienes que no son objetivos militares”. En ciertas circunstancias, los bienes considerados normalmente “bienes de carácter civil” pueden ser objetivos militares legítimos si “se utiliza[n] para contribuir eficazmente a la acción militar”. Sin embargo, en caso duda sobre tal uso, debe presumirse que el bien es civil.

Los ataques directos contra bienes civiles están prohibidos, así como los ataques indiscriminados. Son ataques indiscriminados los que afectan a objetivos militares y bienes civiles sin distinción. Una forma de ataque indiscriminado es tratar como un único objetivo militar bienes militares claramente separados y diferenciados situados en una urbe, ciudad, pueblo o concentración de civiles. Si se determina que hay combatientes en dos edificios de una zona residencial, el bombardeo de toda la zona sería ilegal.

También están prohibidos los ataques desproporcionados, es decir, aquellos en los que los “daños colaterales” se considerarían excesivos en relación con la ventaja militar que se pretende obtener. Israel sostiene que la ventaja militar en este contexto “no es la derivada de un ataque específico, sino la de la operación militar en su conjunto”.13

Esta interpretación es demasiado amplia. Las interpretaciones excesivamente amplias de lo que constituye un objetivo militar o una ventaja militar se utilizan a menudo para justificar ataques cuyo objetivo es dañar la economía de un Estado o desmoralizar a la población civil. Estas interpretaciones socavan la inmunidad civil. No puede constituir una ventaja militar legítima aquélla que es simplemente “una ventaja potencial o indeterminada”. Si la debilitación de la determinación a luchar de la población enemiga se considerara un objetivo legítimo de las fuerzas armadas, las guerras no tendrían ningún límite.

Israel ha lanzado ataques generalizados contra infraestructuras civiles públicas, como centrales eléctricas, puentes, carreteras principales, puertos y el aeropuerto internacional de Beirut. Se presume que estos bienes son civiles. Funcionarios israelíes indicaron a Amnistía Internacional que el posible uso militar de ciertos productos, como la electricidad y la gasolina, los convierte en blancos militares legítimos. Sin embargo, aun el caso de que se pudiera argumentar que algunos de estos bienes podrían considerarse objetivos militares (porque cumplen un doble fin), Israel tiene la obligación de garantizar que el ataque de estos bienes no viola el principio de proporcionalidad. Por ejemplo, una carretera que puede utilizarse para el transporte militar sigue siendo un bien primordialmente civil por su propia naturaleza. La ventaja militar que se prevé obtener de la destrucción de la carretera debe compararse con las posibles consecuencias para los civiles, sobre todo los más vulnerables, como los que necesitan urgente atención médica. Las mismas consideraciones son aplicables a la electricidad y la gasolina, entre otros productos.

Igualmente fundamental es la obligación de Israel de tener “un cuidado constante de preservar de los ataques a la población civil, a las personas civiles y a los bienes de carácter civil”. El requisito de adoptar medidas de precaución al lanzar ataques incluye la elección exclusiva de medios y métodos de ataque “para evitar o, al menos, reducir todo lo posible el número de muertos y de heridos que pudieran causar incidentalmente entre la población civil, así como los daños a los bienes de carácter civil”.

Esta prohibido también utilizar el hambre como método de guerra o atacar, destruir, eliminar o inutilizar bienes indispensables para la supervivencia de la población civil. Algunos de los blancos elegidos, como por ejemplo estaciones de bombeo o supermercados, plantean la posibilidad de que Israel pueda haber infringido la prohibición de atacar bienes indispensables para la supervivencia de la población civil.

Israel ha afirmado que combatientes de Hezbolá se han mezclado con la población civil con el fin de utilizarla como “escudo humano”. Aunque el uso de civiles para proteger a los combatientes de los ataques es un crimen de guerra, según el derecho internacional humanitario dicha utilización no exime al bando contrario de sus obligaciones respecto a la protección de la población civil.

Muchas de las violaciones examinadas en este informe constituyen crímenes de guerra que comportan responsabilidades penales individuales. Incluyen el ataque directo a bienes civiles y la realización de ataques indiscriminados y desproporcionados. Las personas sobre las que existe la presunción de hecho de que son responsables de haber cometido estos crímenes están sujetas a responsabilidad penal en cualquier lugar del mundo mediante el ejercicio de la jurisdicción universal.

Daños a las infraestructuras

Las consecuencias a largo plazo de la destrucción de las infraestructuras del Líbano sobre los hombres, las mujeres y los menores del país son incalculables. Muchas personas han perdidos sus casas y han tenido que enfrentarse a la muerte de sus seres queridos o luchar para superar graves heridas. Muchas más han perdido sus medios de subsistencia. También se han destruido los registros donde se archivan los títulos de propiedad de casas y bienes, lo que aumentará las dificultades que tendrán estas personas para reconstruir sus vidas.

El 16 de agosto, el director del Consejo de Desarrollo y Reconstrucción del Líbano, Fadl Shalak, señaló que la cuantía de los daños causados se elevaba a 3.500 millones de dólares estadounidenses: 2.000 millones en concepto de edificios y 1.500 en concepto de infraestructuras, como puentes, carreteras y centrales eléctricas.14Los datos de una investigación compilados por el Consejo, basados en inspecciones sobre el terreno en el norte y en el centro del Líbano y en llamadas telefónicas a ingenieros y funcionarios municipales en el sur del país, indicaban que la red de carreteras había sufrido los peores daños, con más de 120 puentes destruidos (una cifra considerablemente más alta que la comunicada por el gobierno). Fadl Shalak indicó también que se calculaba que la sustitución del puente que une el Antelíbano con el valle de la Bekaa, sobre el río Sulfi, en la carretera de Damasco, costaría 65 millones de dólares estadounidenses. “Un hermoso puente, con sus columnas de 70 metros, único en su género en todo Oriente Medio. ¿Por qué destruirían un puente así? –se preguntó–. Podrían haber bombardeado ambos extremos y haber detenido el tráfico. Pero se empeñaron en bombardearlo varias veces.”15Otro observador manifestó: “Hezbolá no utiliza el puente porque se encuentra en una zona turística montañosa del Antelíbano, muy lejos del sur del Líbano. Por tanto no tiene valor estratégico en el enfrentamiento entre Israel y Hezbolá. Pero era un hermoso puente y el símbolo de la reconstrucción del Líbano después de la guerra civil”.16

Casas de carácter civil

Era una casa modesta, pero era la casa en la que nací y me crié [hace unos 70 años]; todos mis recuerdos de infancia estaban unidos a ella. Me da mucha tristeza pensar que la han destruido.”

Nehmeh Joumaa, conocido defensor de los derechos humanos, en una entrevista con Amnistía Internacional poco después de enterarse de la destrucción de la casa de su familia en Bint Jbeil.

Miles de hogares de civiles resultaron destruidos como consecuencia de los bombardeos israelíes en varias zonas del Líbano, sobre todo en pueblos y ciudades situados al sur del río Litani, en los suburbios de la capital, Beirut, y en la ciudad de Baalbek y sus alrededores.

Según el resumen de datos y estadísticas de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCAH), de fecha 16 de agosto, resultaron destruidos 15.000 hogares de carácter civil (casas y apartamentos). Casi con toda seguridad esta cifra se queda corta. En el mismo documento se señala: “Una misión interinstitucional de evaluación enviada a los barrios periféricos del sur de Beirut observó también un gran destrucción, pero se está evaluando todavía su alcance total. En Haret Hreik, según los informes, han resultado destruidas 2.500 viviendas, y otras 5.000 dañadas”.17

La delegación de Amnistía Internacional que visitó ciudades y pueblos del sur del Líbano llegó a la conclusión de que prácticamente en todas las localidades las casas habían sido sometidas de forma sistemática a un intenso bombardeo de artillería y que habían sido destruidas por bombas de precisión lanzadas desde el aire. La precisión de estas bombas y su trayectoria eran de tal naturaleza que habían alcanzado uno o más de los sistemas de sustentación de los edificios, provocando su hundimiento total o parcial bajo su propio peso. En Beirut, repetidos ataques aéreos redujeron a escombros una amplia zona de torres de apartamentos densamente poblada, la cual albergaba a decenas de miles de personas, la mayoría de las cuales la abandonaron, a instancias de Hezbolá, por su propia seguridad.

Según la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (FPNUL), el 15 de agosto, el 80 por ciento de las casas de civiles habían sido destruidas en el pueblo de Tayyabh, el 50 por ciento en los pueblos de Markaba y Qantarah, el 30 por ciento en Mais al-Jebel, el 20 por ciento en Hula y el 15 por ciento en Talusha.18Al día siguiente, la FPNUL informó de que en el pueblo de Ghanduriyah habían sido destruidas el 80 por ciento de las casas de civiles, el 60 por ciento en el pueblo de Zibqin, el 50 por ciento en Jabal al-Butm y Bayyadah, el 30 por ciento en Bayt Leif y el 25 por ciento en Kafra.19

Cuando la delegación de Amnistía Internacional visitó la ciudad de Bint Jbeil, en el extremo sur del país, el centro de la ciudad, donde había habido un mercado rodeado de calles comerciales muy concurridas, estaba devastado. En las calles, todos los edificios estaban destruidos, muy dañados, o su reconstrucción era imposible. Las calles estaban sembradas de escombros, y entre los escombros se advertían claros indicios de la causa de los destrozos: municiones sin explotar, metralla y cráteres. El ejército israelí ha utilizado al parecer todos los tipos de munición de su arsenal, como lo demuestran los daños causados por las bombas lanzadas desde el aire, los bombardeos de artillería y las bombas de racimo.

En el cercano pueblo de Ainata, el panorama no era diferente: amplia destrucción de edificios civiles. Los cadáveres de las personas que habían muerto al resultar destruidas sus casas en la segunda y tercera semana de julio permanecían bajo los escombros cuando la delegación de Amnistía Internacional visitó la localidad el 1 de agosto. Los cadáveres no se pudieron recuperar hasta el 14 y el 15 de agosto, después de la entrada en vigor del alto el fuego.

Yousef Wehbe, empresario que ha vivido varios años en Latinoamérica, relató a Amnistía Internacional20 la destrucción de la casa de su familia el 21 de julio: “Veintitrés vecinos se habían refugiado en la casa de mi padre porque era más sólida que otras de la zona. Había hablado con mi padre por teléfono ese mismo día y me había dicho: ‘Tengo 85 años y he vivido todas las guerras, pero ninguna ha sido como ésta; no sé de dónde vienen tantas bombas; parece el infierno’”.

“Horas después, el ejército israelí bombardeó la casa, y mi padre murió y el marido de mi hermana resultó herido; afortunadamente sobrevivió. Pero un vecino que fue al rincón de la habitación donde mi padre había resultado alcanzado, fue alcanzado también y murió. Hasta ahora no sé si mi propia casa, que está en otra zona del pueblo, continúa aún en pie; algunas personas dijeron que había sido destruida y otras que seguía allí. No lo sé y no puedo ir al pueblo debido a los bombardeos israelíes. Trabajo con ahínco en la casa y en el jardín. Llevo construyéndola desde el año 2000 y todavía estaba añadiendo cosas y mejorándola. Y el jardín es muy bonito, paso mucho tiempo allí cuando vuelvo al pueblo. Si la casa ha sido destruida, tendré que reconstruirla. La casa de mi familia ya había sido destruida en 1970 y la reconstruimos. Ahora la han vuelto a destruir. Y si mi casa ha sido destruida también, tendré que reconstruirla.”

Instalaciones de agua

En todo el sur del Líbano se han destruido pozos, acometidas de agua, depósitos de almacenamiento, estaciones de bombeo y plantas potabilizadoras. El servicio de suministro de agua se ha visto afectado también en todo el país, al resultar muy dañadas las tuberías de agua que discurrían por debajo de las carreteras bombardeadas. El gobierno libanés estimó que el 8 de agosto la cuantía de los daños de las instalaciones de agua superaba los 70 millones de dólares estadounidenses.

Entre las instalaciones de agua dañadas o destruidas se encuentran cuatro pozos en Fakr al-Din, así como las tuberías entre la estación de bombeo de Fakr al-Din y Wadi al-Rashid. Los depósitos de almacenamiento del distrito de Sidón, de Bint Jbeil y de Al Wazania resultaron también dañados o destruidos. Dos estaciones de bombeo fueron destruidas en la región de Baalbak-al-Asseera, así como la conducción de agua entre Sebaat y Al Dulbi. En la zona de Al Litani fueron alcanzados el canal de Al Qasimiyya, el Canal 900 y la conducción de agua entre Joun y Al Awwali.

Unos daños tan grandes de las instalaciones de agua acarrean un grave peligro de enfermedades. Daniel Toole, del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, indicó que, durante los combates, la falta de agua potable se estaba convirtiendo en una amenaza para la vida de las personas en el sur de Líbano, donde los bombardeos israelíes de carreteras y puentes han cortado también el suministro de agua. “Las condiciones de salubridad son un problema importante –señaló–. Sin unas condiciones de salubridad adecuadas, los niños y las niñas sufrirán diarreas, se pondrán enfermos y morirán.”

El Comité Internacional de la Cruz Roja indicó también que la falta de acceso a los pueblos del sur acarreaba que las personas que se habían quedado careciesen en gran medida de agua potable. Algunas personas que habían huido del pueblo fronterizo de Rmeish señalaron a la delegación del Comité que los lugareños estaban bebiendo el agua contaminada de un canal de riego.

Como se ha observado más atrás, el derecho internacional humanitario trata de proteger los bienes indispensables para la supervivencia de la población civil. Aunque las tuberías de agua podrían haber sufrido daños colaterales, al parecer los depósitos de almacenamiento, las estaciones de bombeo y las plantas potabilizadoras han sido atacados directamente por las fuerzas israelíes, y resulta difícil entender que se hayan podido considerar objetivos militares. Además, aun en el caso de que algunos objetivos fueran militares, existen pocos indicios que señalen que Israel ha ejercido el grado de precaución requerido para tener el cuidado constante de evitar la pérdida de vidas de civiles, herir a civiles y dañar bienes de carácter civil.

Suministro de electricidad y gasolina

Las instalaciones eléctricas, las centrales de energía y las gasolineras han sufrido grandes daños. En los bombardeos, al menos 20 depósitos de gasolina han resultado destruidos por completo y 25 gasolineras destruidas o gravemente dañadas. En una declaración emitida el 14 de julio se señalaba: “Las fuerzas navales y aéreas de la FDI atacaron tres gasolineras en el sur del Líbano como parte de las iniciativas encaminadas a dañar las infraestructuras libanesas que sirven de apoyo a las actividades terroristas”.21

Cuando se anunció el alto el fuego, todo el sur del país estaba sin electricidad. En todo el país han sido cortados cables y tendidos eléctricos, y la destrucción de las carreteras y los puentes, así como las restricciones de acceso impuestas por el ejército israelí, han impedido el trabajo de los equipos de reparación y evaluación. El suministro eléctrico en Beirut sigue siendo intermitente y, al término del conflicto, funcionaba una media de 12 horas al día. Los ataques aéreos israelíes en el fin de semana del 12 y el 13 de agosto, inmediatamente antes de que entrara en vigor el alto el fuego, dejaron sin electricidad a las ciudades de Tiro y Sidón. Se estima que la cuantía de los daños del sector eléctrico se eleva a unos 208 millones de dólares estadounidenses.

Daños medioambientales

El ataque contra la mayor central eléctrica del Líbano, en Jiyyeh, tuvo una repercusión negativa inmediata sobre la población y consecuencias duraderas para el entorno y la economía. El 13 y el 15 de julio, las fuerzas israelíes bombardearon la central eléctrica de Jiyyeh, a unos 25 kilómetros al sur de Beirut, y sus depósitos de gasolina. El incendio resultante, que duró tres semanas, cubrió las zonas colindantes de un fino polvo blanco de hormigón pulverizado y llenó el aire de hollín. Además, ese ataque provocó el vertido al mar de 15.000 toneladas de fuel-oil pesado. La marea negra ha contaminado más de 150 kilómetros de la costa libanesa y se ha extendido al norte, hasta aguas sirias. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) la ha calificado como uno de los peores desastres ecológicos de la región. Se estima que el coste de una limpieza completa se elevará a 150 millones de dólares estadounidenses y que los trabajos no durarán menos de un año.

El reciente vertido de petróleo en las costas del Líbano es un desastre ecológico y puede afectar a la subsistencia, a la salud y a las perspectivas de futuro del Líbano y de los países colindantes”, señaló Stravos Dimas, comisario europeo responsable de las iniciativas para limitar los daños.22

Según la ONG ecologista libanesa Greenline, “los depósitos de combustible generaron una nube de hidrocarburos poliaromáticos, dioxinas y partículas, y todos estos productos pueden producir cáncer y problemas respiratorios y hormonales”.

Achim Steiner, secretario general adjunto de las Naciones Unidas y director ejecutivo del PNUMA, señaló: “Es […] una triste realidad que el medio ambiente –puesto de relieve con tanta intensidad por el vertido de petróleo y las costas ennegrecidas y dañadas– es una víctima también, con todas sus consecuencias para la subsistencia y la salud de los seres humanos, el desarrollo económico, los ecosistemas, la pesca, el turismo y la fauna y la flora poco común y en peligro”.23No se han evaluado todavía los daños sufridos por los dos sectores emergentes de la economía libanesa: el turismo, que antes del conflicto se calculó que generaría el 12 por ciento del producto interior bruto de este año, y la pesca comercial.

El bombardeo de los transformadores de electricidad, como el que fue alcanzado en Sidón el 12 de agosto, lanzó a la atmósfera bifenilos policlorados. En Líbano se siguen utilizando transformadores que tienen piezas construidas con esta sustancia, a pesar de estar prohibida a nivel internacional. Greenpeace ha advertido que los bifenilos policlorados “son productos químicos bioacumulativos y persistentes, por lo que permanecen en el organismo cuando se inhalan y causan cáncer”.

El bombardeo de fábricas que elaboraban productos como vidrio, comestibles y plásticos lanzó también a la atmósfera cloro y estos productos químicos en zonas del centro del Líbano, lo que puede llegar a afectar a dos millones de personas.24

Según el derecho internacional humanitario, se debe tratar de proteger el medio ambiente de daños generalizados, graves y duraderos. Están prohibidos los métodos o medios bélicos que pretenden producir tales daños o que quepa esperar que los produzcan.

Carreteras y puentes

Las fuerzas armadas israelíes han declarado que puentes y carreteras son objetivos militares, pese a que la mayoría de sus usuarios son civiles. El gobierno libanés ha estimado que sólo los importantes daños causados a la red vial de transporte terrestre durante las tres primeras semanas de bombardeos ascenderían a más de 300 millones de dólares estadounidenses. El 14 de julio el gobierno israelí declaró que “[l]as carreteras del Líbano se usan para llevar terroristas y armas a las organizaciones terroristas que operan desde el Líbano contra la población civil de Israel”.25La lista de carreteras dañadas hasta el 31 de julio preparada por el gobierno libanés indica que los repetidos bombardeos israelíes han inutilizado cerca de 100 carreteras libanesas y han causado la destrucción completa de unos 200.000 metros cuadrados de pavimento.

La delegación de Amnistía Internacional que visitó el Líbano vio que muchas carreteras habían recibido impactos de proyectiles guiados por mecanismos de precisión, cuya explosión había excavado cráteres de 4 a 5 m de profundidad y unos 7 m de ancho. En general, la creación de estos cráteres se ha justificado como una medida necesaria para impedir el desplazamiento de los combatientes de Hezbolá, pero en la mayoría de los casos los cráteres no cortaban el paso, ya que no estaban en el centro de la carretera sino en los lados. Viajar en automóvil seguía siendo posible simplemente rodeando los cráteres, aunque éstos impedían el pasaje de camiones cargados de provisiones y ayuda.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) advirtió de que los daños a carreteras y puentes han interrumpido la cadena de suministros de alimentos en el Líbano, lo que crea las condiciones para una “grave crisis alimentaria”. El 4 de agosto, cuando la fuerza aérea israelí interrumpió la última unión importante por carretera con Siria, paralizó un convoy que transportaba 150 toneladas de artículos de ayuda humanitaria y cortó lo que la ONU llamaba su “cordón umbilical” para el suministro de ayuda. Israel declaró que había destruido los puentes de la principal carretera costera norte-sur del Líbano para evitar que Siria rearmase a Hezbolá.

El gobierno libanés ha estimado el número de puentes destruidos en unos 80, y el Consejo de Desarrollo y Reconstrucción en 120. Se repararon algunos puentes, que fueron bombardeados nuevamente. El 7 de agosto la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU informó de que las fuerzas israelíes habían bombardeado nuevamente un puente temporal sobre el río Litani, interrumpiendo el acceso por tierra entre Tiro, Sidón y Beirut. El puente original había sido destruido por ataques israelíes. Como consecuencia, Tiro, la cuarta ciudad del Líbano, con una población de más de 100.000 habitantes, que además alberga a decenas de miles de personas desplazadas, quedó aislada de sus fuentes de suministro de ayuda.

El 6 de agosto, los funcionarios de la Fuerza Provisional de la ONU en el Líbano intentaron nuevamente conseguir la autorización de las autoridades israelíes para construir un nuevo puente temporal sobre el río Litani para facilitar el transporte de suministros humanitarios vitales a los atormentados residentes del sur del Líbano. Israel negó el permiso y advirtió que bombardearía cualquier puente nuevo que se construyese. Según los funcionarios de la ONU, las fuerzas armadas de Israel dijeron que los propios ingenieros de la Fuerza Provisional se convertirían en blanco de sus ataques si intentaban reparar el puente. También previnieron que prohibirían toda la circulación al sur del río Litani, con excepción de los vehículos de la Fuerza Provisional y de la Cruz Roja, y que atacarían a cualquier otro objeto en movimiento. Un convoy de Médicos sin Fronteras que transportaba material médico de emergencia y combustible quedó atascado al norte del Litani el 7 de agosto, y debieron trasladarse por medio de una cadena humana cuatro toneladas de suministros a lo largo de 500 metros. Se utilizó el tronco de un árbol como puente improvisado.

“Como no hay paso, tuvimos que transferir los suministros a mano, lo que nos colocó en una posición muy expuesta –dijo Christopher Stokes, coordinador de Médicos sin Fronteras en el Líbano–. Aunque no nos habían dado ningún tipo de garantías de seguridad, se tomó la decisión de seguir adelante porque el convoy transportaba material médico y suministros quirúrgicos que se necesitaban con mucha urgencia, especialmente si sigue intensificándose el combate cerca de Sour [Tiro] [...] Y nuestro convoy que venía desde Sour [Tiro] logró escapar por poco a dos explosiones que se produjeron a escasos 100 m de él. Todo a lo largo del viaje podían escucharse los aviones de vigilancia teledirigidos y los aviones a reacción.”

En virtud del derecho internacional humanitario, las partes de un conflicto deben permitir y facilitar el paso rápido y libre de todos los envíos, materiales y personal de ayuda, proteger dichos envíos y facilitar su pronta distribución. Además, se debe respetar y proteger al personal que toma parte en las operaciones de ayuda humanitaria, así como a los objetos empleados para llevarlas a cabo.

Aeropuertos

Todos los aeropuertos del Líbano han sido atacados, algunos en repetidas ocasiones, como el aeropuerto internacional de Beirut. Éste fue uno de los primeros blancos alcanzados; el primer ataque aéreo convirtió los tanques de combustible en bolas de fuego, mientras que un segundo ataque dejó cráteres en las tres pistas principales. Aunque se salvaron las instalaciones centrales, incluida la torre de control, el aeropuerto quedó inutilizado. Dos días después, según la cadena CNN: “En un acuerdo poco común que Estados Unidos ayudó a negociar, se reparó una pista del aeropuerto de Beirut por un tiempo suficiente como para que despegaran seis aeronaves, en una de las cuales viajaba el ex primer ministro libanés Najib Miqati. Las fuerzas israelíes volvieron a bombardear la pista poco después”. El gobierno libanés calculó que el daño causado hasta el 31 de julio alcanzaba a 55 millones de dólares.

En una declaración emitida el 14 de julio, la Fuerza de Defensa Israelí señaló que el aeropuerto y sus tanques de combustible habían sido objeto de ataques porque “se lo usa como eje central de la transferencia de armas y suministros a Hezbolá”. Sin embargo, de la declaración se infería que los ataques también formaban parte de la política de obligar al gobierno libanés a “pagar un alto precio” por acoger a Hezbolá: “El gobierno libanés viola de forma flagrante la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que pide, entre otras cosas, la expulsión de la organización terrorista Hezbolá de la frontera libanesa, y es, en consecuencia, totalmente responsable de la situación actual”.

Puertos

Las fuerzas israelíes atacaron puertos de mar, entre ellos tres de los principales del país: Beirut, Trípoli y Sidón. El 15 de julio, un misil disparado desde un helicóptero de combate israelí inutilizó el moderno faro de Beirut, y el 18 de julio cayó en Trípoli una antena vital para las operaciones marítimas. También fue alcanzado el antiguo faro. Es difícil comprender con qué propósito legítimo pudieron realizarse estos ataques, ya que la marina israelí, de todos modos, estaba bloqueando el puerto.

El 17 de julio, antes del amanecer, la fuerza aérea israelí lanzó un ataque contra el puerto de Beirut, alcanzando un tanque de combustible que explotó matando a dos trabajadores. En el puerto de Beirut, que había sufrido daños considerables en conflictos anteriores, se había llevado a cabo recientemente un importante programa de reconstrucción.

La fuerza aérea israelí también atacó el puerto de Trípoli, la segunda ciudad del Líbano, también situada al norte del país.

Hospitales

Los hospitales de muchas regiones del país han sido dañados por los bombardeos, especialmente en el sur, pero la principal amenaza contra su funcionamiento continuo la constituyeron la escasez de combustible, la destrucción de las carreteras y el bloqueo permanente. Dos hospitales estatales –en Bint Jbeil y Meis al-Jebel– resultaron completamente destruidos durante los ataques israelíes, y otros tres sufrieron graves daños.26

El Ministerio de Salud Pública libanés estimó que alrededor de 60 por ciento de los hospitales del país dejaron de funcionar a partir del 12 de agosto debido a la escasez de combustible. Ocho hospitales, entre ellos tres situados en los barrios periféricos del sur de Beirut, se vieron obligados a cerrar porque las bombas caían diariamente a su alrededor.27

Un hospital, que según Israel era un cuartel general de Hezbolá, fue atacado directamente. El 2 de agosto, unos comandos israelíes transportados por helicópteros y apoyados por cazas y aviones teledirigidos asaltaron el hospital Al Hikmah en Baalbek, en el este del valle de la Bekaa. El ejército israelí dijo que allí capturaron a cinco miembros de Hezbolá. Sin embargo, de acuerdo con los residentes de la localidad, los cinco hombres no fueron capturados en el hospital sino en el hogar de uno de ellos.28Los vecinos agregaron que uno de los capturados era el comerciante local Hassan Nasrallah, a quien habían confundido con el líder de Hezbolá que tiene el mismo nombre. La agencia Reuters informó de que los ataques aéreos de apoyo causaron la muerte de 19 personas, entre ellas cuatro menores. En una declaración de la Fuerza de Defensa Israelí se dijo que “se incautaron a Hezbolá armas, ordenadores, dispositivos de almacenamiento informático y una gran cantidad de materiales de inteligencia de suma importancia. Diez terroristas murieron durante la operación y otros cinco fueron capturados por las fuerzas israelíes. No hubo víctimas entre la Fuerza de Defensa Israelí ni entre la población civil”.

Se recibieron informes de que, posteriormente a estos hechos, el hospital Al Hikmah había sido arrasado durante un ataque aéreo, pero unos periodistas que visitaron el lugar cinco días después lo encontraron todavía en pie, aunque señalaron que “no hay duda de que hubo un combate. La parte trasera del hospital mostraba daños muy importantes, y presentaba las marcas de los impactos de balas y morteros pequeños. Había automóviles incendiados en el aparcamiento del hospital, y un campo, un poco más allá del aparcamiento, estaba completamente quemado, sólo quedaba la hierba abrasada”.29

Según informes, una organización benéfica iraní vinculada a Hezbolá financiaba el hospital. Se citaron declaraciones de un dirigente de Hezbolá en Beirut, que manifestó que el hospital había sido evacuado varios días antes como precaución, tras un intento anterior de las fuerzas israelíes de llevar a cabo una operación similar.

Unas pocas horas antes de que entrase en vigor el alto el fuego el 14 de agosto, fuerzas israelíes dispararon bombas de racimo alrededor del hospital estatal del pueblo de Tebnine, en el sur del Líbano, donde cientos de civiles se habían refugiado. Las bombas provocaron daños en los muros exteriores. Allí se habían guarecido residentes de los pueblos cercanos, entre los que se encontraban personas ancianas y con discapacidad que no habían podido llegar a Tiro, la ciudad importante más cercana. El ejército israelí venía bombardeando los alrededores del hospital desde fines de julio, y las personas que se habían refugiado allí tenían miedo de abandonarlo.

Los hospitales son por naturaleza “bienes de carácter civil” y no deben ser atacados a menos que se los utilice con fines militares. Si Hezbolá estaba en efecto utilizando el hospital Al Hikmah como cuartel general o base, lo estaba exponiendo a ser blanco de ataques, pero incluso en ese caso Israel habría tenido la obligación de tomar medidas para proteger la vida de los civiles y evitar que resultaran muertos o heridos.

Comunicaciones

Los ataques aéreos israelíes del 22 de julio alcanzaron a varias estaciones de transmisión utilizadas por emisoras de radio y televisión libanesas. Entre ellas se contaban Future TV, New TV y la Lebanese Broadcasting Corporation (LBCI), ninguna de las cuales tenía vínculos con Hezbolá, así como Al Manar TV, apoyada por Hezbolá. Las redes de telefonía móvil también utilizaban estas estaciones. Suleyman Shidiac, funcionario de la LBCI e ingeniero jefe de la estación de retransmisión de Fatqa en las montañas Kesrwan, al noreste de Beirut, perdió la vida y otras dos personas resultaron heridas.

Las fuerzas armadas israelíes han seleccionado como objetivo la emisora de televisión Al Manar, de Hezbolá, en repetidas ocasiones, por ejemplo en los tres ataques que se produjeron en tres días sucesivos a partir del 14 de julio. También han sufrido ataques los transmisores y estaciones de retransmisión de varias otras emisoras de televisión libanesas. Según la Fuerza de Defensa Israelí: “Durante muchos años Al Manar ha sido el principal instrumento de propaganda e instigación de Hezbolá, y también ha ayudado a la organización a reclutar adeptos para sus filas. Hezbolá opera desde el Líbano sin que la molesten, y constituye una grave amenaza terrorista para el pueblo de Israel y los soldados de la Fuerza de Defensa Israelí”. Un funcionario de la Fuerza de Defensa Israelí dijo a la delegación de Amnistía Internacional que se estaban transmitiendo comunicaciones militares por conducto de Al Manar, pero no pudo presentar pruebas que apoyaran su declaración cuando se le pidieron.

El hecho de que la emisora de televisión Al Manar transmita propaganda en apoyo de los ataques de Hezbolá contra Israel no la convierte en un objetivo militar legítimo. Sólo si se utilizase para transmitir órdenes a los combatientes de Hezbolá o para otros propósitos claramente militares se la podría considerar responsable de “contribuir eficazmente a la acción militar”. Incluso en ese caso, Israel debería tomar las precauciones debidas al atacarla y elegir una modalidad de ataque concebida para evitar causar daños a civiles. Amnistía Internacional no tiene conocimiento de que Israel haya denunciado que las otras estaciones de transmisión cumplían funciones militares.

Decenas de antenas de la red de telefonía móvil han sido derribadas, inutilizando a muchas de estas redes, y las líneas y centrales telefónicas convencionales han sufrido daños de gran importancia, estimados en 99 millones de dólares estadounidenses.

Infraestructura económica

Las fábricas y empresas de propiedad privada de todo el país –entidades económicas cuya destrucción no podría considerarse que ofrezca una ventaja militar que supere el daño infligido a los civiles– también se han visto sometidas a una serie de debilitantes ataques aéreos, que han asestado otro golpe inmovilizante a la destrozada economía. El gobierno libanés estimó que el desempleo en el país ha alcanzado en la actualidad un índice aproximado del 75 por ciento.30

Han quedado inutilizadas o completamente destruidas las instalaciones productivas de empresas que trabajan en los sectores clave de la industria, entre ellas las siguientes: Liban Lait, de Baalbek, la mayor productora de lácteos del país; la cristalería Maliban, de Ta’neil, Zahleh; la fábrica de plásticos Sada al-Din, de Tiro; la fábrica de papel de seda Fine, de Kafr Jara, Sidón; la planta farmacéutica Tabara, de Showeifat, Aaliyah; los almacenes de la empresa de transportes Transmed, en la periferia de Beirut; y el aserradero Snow, de Showeifat, Aaliyah. El ministro de Industria Pierre Gemayel manifestó que casi dos tercios del sector industrial habían sufrido daños, y al menos 23 grandes fábricas y decenas de fábricas pequeñas y medianas habían sido bombardeadas.

El presidente en funciones de la Asociación de Industriales Libaneses, Waji al-Bisri, estimó los daños directos infligidos al sector industrial en 200 millones de dólares estadounidenses, siendo los sectores más golpeados los de productos lácteos, cemento, vidrio y fábricas de viviendas prefabricadas.31 Según informes, casi todas las tiendas y pequeñas empresas cercanas a la frontera con Israel han recibido impactos directos de la artillería y de los ataques aéreos.

Incluso antes del último ataque, las grandes fábricas eran raras en el Líbano. Maliban, la segunda fábrica de vidrio del Oriente Medio, era una excepción, cuya producción alcanzaba a unas 200 toneladas por día y se vendía en toda la región. Maliban fue una de las cinco fábricas destruidas del valle de la Bekaa. Un periodista que visitó la fábrica en ruinas comentó: “[e]s imposible entender para qué se usaba este espacio. Todo lo que se ve es tierra removida con metal retorcido, vidrio pulverizado y máquinas destruidas. Sin embargo, es posible entender la causa de su destrucción: cuatro cráteres distintos se abren en el suelo de la nave”.32

Uno de los gerentes de la planta dijo: “[l]os aviones llegaron cerca de las 12.45 y, afortunadamente, la mayoría de la gente estaba almorzando. Dos personas murieron, ambas de nacionalidad india, y hubo dos heridos. Si hubieran llegado una hora antes o después se hubiera producido una masacre [...] hasta destruyeron las viviendas de los obreros”. 33

La lechería y planta industrial de Liban Lait en el valle de la Bekaa, la principal productora de leche y productos lácteos del Líbano, quedó completamente destruida tras un ataque aéreo el 17 de julio. Según un productor lechero de la zona, a las 3 de la mañana un aluvión de misiles cayó sobre la planta industrial y la destruyó completamente. La lechería empleaba a 400 personas de la zona, y sus productos se distribuían en todo el país. Según informes, al menos 1.500 residentes del valle de la Bekaa han perdido su fuente de sustento.

Según la organización benéfica católica Caritas del Líbano: “El ejército israelí hace que la situación sea aún peor para los civiles libaneses, destruyendo depósitos y fábricas. En realidad, el objetivo son, en especial, los depósitos de alimentos”.34

La delegación de Amnistía Internacional observó las huellas de numerosos ataques a comercios como supermercados y talleres y tiendas de reparación de automóviles. Observó que los supermercados habían sido atacados casi con seguridad con el mismo tipo de proyectiles que se utilizaban contra las viviendas, pero disparados, al parecer, siguiendo una trayectoria más alta, a fin de provocar el mayor daño posible a sus interiores y a los productos allí almacenados. En algunos casos se prendió fuego a supermercados. También se produjeron ataques similares contra talleres y tiendas de reparación de automóviles, que terminaban incendiándose. No existen pruebas de que dichos incendios fueran causados por la combustión de municiones almacenadas. La metralla, los casquillos y los restos diversos indicaban un mismo tipo de destrucción en todos los lugares visitados. La destrucción de los supermercados, que a menudo era el único ataque inicial contra una ciudad o pueblo, parecía perseguir el fin de apresurar la partida de los residentes. La razón por la cual se destruyeron comercios relacionados con la automoción, los aparatos eléctricos y la mecánica es aún motivo de conjetura.

Por ejemplo, en el pueblo de Hanaway, donde el tipo de daños era similar al de otros pueblos, resultaron destruidos comercios importantes, entre ellos supermercados y también talleres de reparación de automóviles y de otros vehículos automotores. Las calles estaban horadadas por cráteres que, debido a su tamaño, posiblemente fueran el resultado de bombardeos aéreos más que de fuego de artillería. Otros cráteres que se encontraban en las calles denotaban el empleo de artillería pesada.

La producción agrícola libanesa también se ha visto muy perjudicada, en parte debido a que no puede transportarse la producción por carretera, y en parte a causa del peligro que los bombardeos y el fuego de artillería representan para las personas que trabajan en los campos. El 4 de agosto, por ejemplo, unos misiles lanzados por un avión israelí hicieron impacto en un depósito dedicado al envasado de fruta cerca de la frontera con Siria y causaron la muerte de al menos 23 trabajadores agrícolas, principalmente de origen kurdo. Las cosechas de cítricos en las llanuras costeras del sur del Líbano se han perdido, los frutos han quedado pudriéndose en los árboles, mientras que las granjas avícolas no han podido obtener alimento para pollos debido al bloqueo, y casi el 80 por ciento de las aves han muerto.

Bloqueos

Todo vehículo de cualquier tipo que viaje al sur del río Litani será bombardeado, bajo sospecha de transportar cohetes, equipo militar y terroristas.

Folleto dirigido al “pueblo libanés”, firmado por el “Estado de Israel”, 7 de agosto de 200635

Israel inutilizó los aeropuertos de Beirut, bombardeó la mayor parte de los puentes y carreteras principales del país e impuso un bloqueo naval y aéreo. El acceso a la región meridional del país se vio interrumpido seriamente, incluso para las agencias humanitarias. Con el cierre de las rutas terrestres, el bloqueo naval tornó imposible el transporte de cargamentos de materiales de ayuda por mar sin autorización militar, una autorización que resultó extremadamente difícil de obtener. Un barco del Comité Internacional de la Cruz Roja cargado de suministros destinados a la ciudad de Tiro estuvo detenido durante varios días antes de que se le permitiera atracar el 12 de agosto. Israel alega que el bloqueo era necesario para impedir que llegaran armamentos y suministros para Hezbolá.

Hace tiempo que se debió mejorar el acceso –insistió Jakob Kellenberger, presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja, el 11 de agosto–. Incluso las evacuaciones urgentes para salvar vidas, tan desesperadamente necesarias, se retrasaron varios días, en el mejor de los casos. También tropezamos con enormes obstáculos para hacer pasar los convoyes cargados con víveres, agua y medicamentos esenciales para los civiles atrapados.”

Durante el conflicto, alrededor de 100.000 civiles se vieron atrapados en el sur del Líbano, temerosos de huir tras las amenazas israelíes de disparar sobre todos los vehículos en movimiento, y teniendo en cuenta el comentario del ministro de Justicia israelí que fue ampliamente difundido: “Todas las personas que se encuentran ahora en el sur del Líbano son terroristas que tienen algún tipo de vinculación con Hezbolá”. A algunas personas no les era posible trasladarse a causa de su edad o discapacidad, o simplemente porque no tenían acceso a medios de transporte. A los residentes se les iban terminando con rapidez los alimentos, el agua y las medicinas, y el Comité Internacional de la Cruz Roja informó de que quienes habían logrado escapar de la región venían llegando a los centros de ayuda en condiciones cada vez más desesperantes.

Para el 13 de agosto, según Associated Press, “[l]os convoyes de ayuda estaban paralizados en puertos o en depósitos porque Israel se negaba a garantizar su seguridad en las carreteras. Se creía que miles de personas atrapadas en los pueblos de la zona sur carecían de alimentos y medicinas y que estaban bebiendo agua no potable”.

Unos pocos días antes, Jan Egeland, secretario general adjunto de la ONU para Asuntos Humanitarios, había advertido de que las existencias de combustible se agotarían en pocos días, paralizando los hospitales e interrumpiendo la generación de energía eléctrica en todo el país. “La situación con respecto a los combustibles constituye la crisis humanitaria más preocupante en este momento –dijo–. Si hay una cosa que vaya a ser la más crítica de todas –más crítica incluso que la alimentación– en los próximos días, es el combustible.” En ese momento, dos buques tanque cargados con 87.000 toneladas de fuel oil y gasoil se encontraban anclados fuera del alcance del bloqueo naval de Israel frente a la costa mediterránea del Líbano, pero se negaban a acercarse a puerto con sus suministros sin una garantía escrita de seguridad.

Debido a la inutilización de las centrales generadoras de energía eléctrica, los hospitales y otros centros de salud dependían del combustible para hacer funcionar sus generadores. La electricidad es esencial para el funcionamiento de las salas de operaciones, los equipos de soporte vital como las incubadoras para los recién nacidos, y la refrigeración para las vacunas y medicamentos como la insulina. También es esencial para el suministro de agua potable y la higiene.

Incluso al norte del río Litani, el suministro del alimento y la asistencia médica tan necesarios era difícil de coordinar. Los daños ocasionados a las carreteras y los puentes obligaban a que se diesen largos rodeos por carreteras secundarias o por caminos de tierra, por los cuales los grandes camiones sólo pueden circular con dificultad.

Los bloqueos, aunque no están prohibidos per se por el derecho internacional humanitario, no deben impedir que los alimentos y otros suministros esenciales lleguen a la población civil. Las partes en el conflicto no pueden negar su consentimiento a operaciones de asistencia humanitaria por razones arbitrarias, y sólo pueden controlar el contenido y la entrega de la ayuda humanitaria hasta donde lo exija la necesidad de garantizar que los convoyes de ayuda no sean utilizados, por ejemplo, para propósitos militares.

A pocos días del alto el fuego, unos 200.000 libaneses habían regresado a sus hogares, según estimaba el Consejo Superior Libanés de Ayuda Humanitariael 16 de agosto. Esa cifra incluía el 40 por ciento de las personas que se habían refugiado en escuelas y lugares públicos.

La necesidad de una investigación internacional

Durante los largos años de conflicto entre Hezbolá e Israel, ambos bandos han cometido infracciones graves y reiteradas del derecho internacional humanitario sin haber rendido cuentas por ellas. Las autoridades israelíes han investigado unos pocos casos, y han declarado que todavía están investigando algunos de los incidentes de la última ocasión en que se iniciaron hostilidades, pero los métodos y los resultados de estas investigaciones no han sido nunca revelados de forma adecuada. Están muy por debajo del nivel exigido. No se tiene conocimiento de que las autoridades libanesas hayan llevado a cabo ninguna investigación sobre las infracciones del derecho internacional humanitario cometidas por Hezbolá. Si el respeto por las reglas de la guerra ha de tomarse verdaderamente en serio, es imperativo que se lleve a cabo una investigación adecuada sobre la forma en que ambas partes las han violado durante el reciente conflicto.

Amnistía Internacional insta a que se inicie de inmediato una investigación exhaustiva, independiente e imparcial sobre las infracciones del derecho internacional humanitario cometidas tanto por Hezbolá como por Israel durante el conflicto. La investigación debe examinar especialmente el efecto de este conflicto sobre la población civil. Debe proponer medidas eficaces para que los responsables de delitos de derecho internacional rindan cuentas por ellos, y para garantizar que las víctimas reciban plena reparación.

Amnistía Internacional ha solicitado al Consejo de Seguridad y al Consejo de Derechos Humanos de la ONU que pidan al secretario general la creación de un grupo de expertos independientes encargado de llevar a cabo esta investigación. El grupo deberá estar integrado por expertos con conocimiento probado de la investigación del cumplimiento del derecho internacional humanitario y del derecho internacional de los derechos humanos, de cuestiones militares, así como de medicina forense y de balística. Los expertos deben recibir toda la asistencia y los recursos necesarios. Los resultados de la investigación deberán hacerse públicos e incluir recomendaciones dirigidas a poner fin a las infracciones y prevenir infracciones futuras.





2 Crisis de Oriente Medio, UNICEF, Informe de Situación nº 26: http://www.reliefweb.int/rw/rwb.nsf/db900SID/HMYT-6SSLUF?OpenDocument&rc=3&emid=SODA-6RT2S7

3 Cifras del Consejo Superior Libanés de Ayuda Humanitaria: http://www.reliefweb.int/rw/rwb.nsf/db900SID/EKOI-6ST5ZM?OpenDocument. Unas horas después de alto el fuego, miles de libaneses empezaron a volver a sus hogares. Según el ACNUR, en la noche del 15 de agosto seguían desplazadas alrededor de 522.000 personas.

5 Consejo Superior Libanés de Socorro, 16 de agosto de 2006, http://www.reliefweb.int/rw/rwb.nsf/db900SID/EKOI-6ST5ZM?OpenDocument

6 Cifras del Sindicato de Ingenieros, publicadas en los medios de comunicación libaneses el 17 de agosto de 2006. Véase también http://www.reliefweb.int/rw/rwb.nsf/db900SID/EKOI-6ST5ZM

7 Informe del Consejo de Desarrollo y Reconstrucción.

8 The Times, “Our aim is to win – nothing is safe, Israeli chiefs declare”, Stephen Farrell, 14 de julio de 2006.

9 Jerusalem Post, “IAF continues attack on Lebanon”, 17 de julio de 2006.

10 Jerusalem Post, “High-ranking officer: Halutz ordered retaliation policy”, 24 de julio de 2006.

12 New York Times, “Israel Vowing to Rout Hezbollah”, 15 de julio de 2006.

13 Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel, Responding to Hizbullah attacks from Lebanon: Issues of proportionality, 25 de julio de 2006, http://www.mfa.gov.il/MFA/Government/Law/Legal+Issues+and+

Rulings/Responding+to+Hizbullah+attacks+from+Lebanon-Issues+of+proportionality+July+2006.htm

14 Relief Web, fuente: Radio Europa Libre / Radio Liberty, 16 de agosto de 2006.

15 Los Angeles Times, 13 de agosto de 2006.

17 http://ochaonline.un.org/DocView.asp?DocID=4820. La traducción de esta cita es de EDAI.

20 Entrevista realizada el 9 de agosto de 2006.

21 Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel, resumen de las operaciones de la Fuerza de Defensa Israelí contra Hezbolá en el Líbano, 14 de julio de 2006: http://www.mfa.gov.il/MFA/Terrorism-+Obstacle+to+Peace/Terrorism+from+Lebanon-+Hizbullah/IDF+operations+against+Hizbullah+in+Lebanon+14-Jul-2006.htm

22 Comisión Europea, 17 de agosto de 2006, referencia: IP/06/1106.

23 PNUMA, 17 de agosto de 2006, http://www.unep.org/Documents.Multilingual/Default.asp?DocumentID=484&ArticleID=5334&l=en. La traducción de la cita es de EDAI.

24 Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCAH), Redes Regionales Integradas de Información (IRIN), 16 de agosto de 2006.

25 Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel, resumen de las operaciones de la Fuerza de Defensa Israelí contra Hezbolá en el Líbano, 14 de julio de 2006:

http://www.mfa.gov.il/MFA/Terrorism-+Obstacle+to+Peace/Terrorism+from+Lebanon-+Hizbullah/IDF+operations+against+Hizbullah+in+Lebanon+14-Jul-2006.htm




26 Informe del Consejo de Desarrollo y Reconstrucción.

27 Los Angeles Times, 13 de agosto de 2006.

28 Los cinco capturados fueron: Hassan Nasrallah, su hijo Bilal, el esposo de su hija Hassan al-Buraji, el esposo de su hermana Hassan al-‘Outa, y su vecino Mohammad Ali Dhiab. La delegación de Amnistía Internacional se entrevistó con la familia de Hassan Nasrallah, que testimonió que a los cinco se los habían llevado de la casa de Hassan al-’Outa, donde se habían refugiado porque pensaban que se encontraba en una parte más segura de la ciudad. Al mismo tiempo el ejército israelí capturó a otro miembro de la familia, Mohammad Nasrallah, de 14 años, hijo de Hassan Nasrallah, pero éste fue puesto en libertad pocas horas después, al parecer debido a su corta edad. La delegación de Amnistía Internacional visitó la casa donde habían capturado a los cinco hombres, en Al ‘Ousaira, un barrio periférico de Baalbek. La habían saqueado y habían destruido prácticamente todos los muebles. Muchas casas vecinas habían sido también destruidas, total o parcialmente.

29 Betsy Pisik, “Mystery cloaks raid on 'empty' hospital”, Washington Times, 7 de agosto de 2006.


31 Daily Star, 18 de agosto de 2006.

32 Jim Quilty, “Israel strikes major blow to Bekaa working class”, Lebanon Daily Star, 5 de agosto de 2006.

33 Jim Quilty, “Israel strikes major blow to Bekaa working class”, Lebanon Daily Star, 5 de agosto de 2006.

35 Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel, IDF warns Lebanese civilians to leave danger zones, 25 de julio de 2006

http://www.mfa.gov.il/MFA/Terrorism-+Obstacle+to+Peace/Terrorism+from+Lebanon-+Hizbullah/IDF+warns+Lebanese+civilians+to+leave+danger+zones+3-Aug-2006.htm

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