Documento - Burundi: Es imperativo proteger a mujeres y niñas de la violación

AMNISTÍA INTERNACIONAL

COMUNICADO DE PRENSA


Índice AI: AFR 16/008/2004 (Público)

Servicio de Noticias: 036/04

http://web.amnesty.org/library/Index/ESLAFR160082004


No difundir hasta las 01:00 horas GMT del 24 de febrero de 2004


Burundi: Es imperativo proteger a mujeres y niñas de la violación


El gobierno de Burundi y la comunidad internacional deben tomar medidas urgentes para poner freno a la violación y otros actos generalizados de violencia sexual de que se hace objeto a las mujeres en Burundi, ha instado hoy Amnistía Internacional en un nuevo informe titulado La violación, abuso oculto contra los derechos humanos.


La creciente frecuencia de los actos de violación se ha visto exacerbada por la discriminación generalizada contra las mujeres, y tanto la pobreza como los desplazamientos de población y las deficiencias de los servicios sanitarios han agravado sus consecuencias. Los perpetradores son, en buena parte, miembros de las fuerzas armadas burundesas y grupos políticos armados, así como bandas criminales armadas que no solamente cometen robos sino que también son autores de violaciones.


«La violación, como todos los abusos contra los derechos humanos, se ha convertido en un aspecto arraigado de la crisis que afecta a Burundi porque los responsables —ya se trate de soldados de las fuerzas gubernamentales, miembros de grupos políticos armados o particulares—no han sido puestos a disposición de la justicia. Las autoridades burundesas y los dirigentes de los grupos políticos armados han mostrado una alarmante falta de voluntad para hacer rendir cuentas de sus actos a los miembros de sus fuerzas», dice Amnistía Internacional.


«En momentos en que Burundi parece estar al borde de alcanzar una paz definitiva, es preciso que, con el apoyo de la comunidad internacional, se resuciten las instituciones e infraestructuras del país, especialmente en los ámbitos jurídico y médico, a fin de poder ayudar a las víctimas de la violencia sexual a obtener justicia y conseguir que se cicatricen sus heridas físicas y psicológicas», señala la organización de derechos humanos.


Según los datos disponibles, la incidencia de los actos de violación apunta a que en algunos casos las partes en pugna adoptan una estrategia deliberada de utilización de la violación y otras formas de violencia sexual contra las mujeres como arma de guerra a fin de infundir el terror entre la población civil y degradar y humillar a las personas.


En una de las zonas más afectadas por el conflicto durante el año 2003, tanto las fuerzas armadas gubernamentales como el grupo político armado Consejo Nacional para la Defensa de la Democracia-Fuerzas para la Defensa de la Democracia (CNDD-FDD-Nkurunziza) fueron responsables de violaciones en la provincia de Ruyigi, así como de otros abusos contra los derechos humanos y actos de saqueo, en una constante de represalias y contrarrepresalias. Muchas mujeres fueron violadas en presencia de sus familiares, incluidos sus hijos, lo cual ha agravado el trauma sufrido.


Rose N., de 13 años, dijo a delegados de Amnistía Internacional que la noche del 3 de marzo de 2003 se despertó y vio un gran número de personas al pie de la cama que compartía con sus hermanas y hermanos en Ruhwago, provincia de Ruyigi. Creyó que eran ladrones. Vio cómo un hombre violaba a su madre, que gritaba «¡Perdón, perdón!» en la habitación contigua. Alguien entró en la habitación, le quitó la ropa, la llevó afuera y amenazó con dispararle. Después la tiró al suelo y la violó. Posteriormente, otro hombre la violó. Cuando la dejaron sola, entró en la casa, agarró a su hermano de cinco años, que estaba acostado en la cama materna, y huyó con él. Ahora Rose teme dormir en su casa y tiene frecuentes pesadillas.


La mayoría de las víctimas de violación en Burundi se enfrentan a obstáculos insalvables para tratar de que los presuntos autores comparezcan ante la justicia. Muchas mujeres que han sido objeto de violación u otras formas de abuso sexual no procuran resarcimiento porque se sienten demasiado intimidadas por ciertas actitudes culturales. Es frecuente que los pedidos de justicia despierten la hostilidad de sus familiares, de la comunidad y de la policía, con escasas esperanzas de éxito. Las que se atreven a hacerlo se enfrentan a un sistema que ignora, niega y a menudo tolera la violencia contra las mujeres y protege a sus autores, ya se trate de agentes del Estado o particulares. La casi total impunidad de que disfrutan los militares —sea cual sea su delito— hace que muchas mujeres desistan de iniciar actuaciones judiciales contra miembros de las fuerzas armadas.


Aunque la estigmatización y el temor impiden que se denuncien muchos casos, en 2003 la magnitud de la violencia dio lugar a que el problema se hiciera público. El incremento del número de violaciones ha sido confirmado por organizaciones nacionales e internacionales que trabajan en Burundi y ha sido reconocido por las autoridades burundesas.


Pese a que se ha comenzado a prestar más atención al problema, muchas mujeres todavía no tienen acceso a cuidados médicos adecuados inmediatamente después de ser violadas. Además, el estigma que sigue acompañando a la violencia sexual y el temor de denunciarla impiden que algunas víctimas tengan acceso a estos servicios. En muchas provincias no se dispone de medicamentos profilácticos gratuitos para prevenir la infección con el VIH tras el contacto sexual, especialmente en el caso de mujeres que viven lejos de los centros de salud o en zonas afectadas por el conflicto. En ocasiones, no se dispone en absoluto de medicamentos. Muchas personas ni siquiera saben de la existencia de ese tipo de fármacos y cuidados médicos.


Eugenie S., de 15 años, y Lucie N., de 16, fueron violadas por soldados en dos incidentes distintos ocurridos en Bisinde, en la zona de Ruyigi, en septiembre de 2003. Eugenie volvía a pie del mercado cuando un soldado la interceptó, la metió en unos matorrales y la violó. El soldado le dijo que declarara que había sido violada por las CNDD-FDD-Nkurunziza. Lucie también fue violada por un soldado que la amenazó con una pistola cuando volvía sola a su casa después de asistir a una boda y se encontró con un grupo de soldados que patrullaban la zona. Tres meses antes la había violado un miembro de un grupo de ocho combatientes de las CNDD-FDD Nkurunziza que habían entrado por la fuerza en el domicilio de su familia y exigido que les dieran dinero. Los agresores también golpearon a Lucie y sus familiares. Ambas niñas declararon que han sido rechazadas por sus vecinos, que dicen que son VIH positivas (por esas fechas ambas estaban esperando los resultados de sus pruebas). Eugenie y Lucie temen que nunca tendrán la posibilidad de contraer matrimonio.


Amnistía Internacional insta a las autoridades de Burundi, a la sociedad civil y a la comunidad internacional a que aúnen esfuerzos, con carácter de urgente, para proteger a mujeres y niñas de la violación.


«Es imperioso que tanto los dirigentes políticos y militares de todos los grupos políticos armados como las autoridades burundesas procedan de inmediato a ordenar públicamente a sus combatientes que pongan fin a la violación y otros abusos contra los derechos humanos», exhorta la organización.

«No sólo es necesario tomar más medidas para impartir justicia y prestar cuidados médicos sino que además hay una necesidad apremiante de abordar la cuestión de la proliferación de las armas pequeñas. A menos que se den estos pasos, es probable que la violencia contra las mujeres siga aumentando, con independencia de si el conflicto llega a su fin o no», señala Amnistía Internacional.


La organización considera que la prestación de apoyo en cuatro áreas concretas comenzaría a poner freno al incremento de la violencia contra las mujeres y ofrecer oportunidades de reparación. Estas áreas son: la planificación y expansión, en el ámbito comunitario, de actividades destinadas a reducir el estigma y la ignorancia que rodean a la violencia contra la mujer; el fortalecimiento de las estructuras judiciales y policiales a fin de que puedan investigar los casos de violación y procesar a sus responsables; la mejora del acceso a la atención sanitaria para las mujeres que han sido víctimas de violación u otros actos de violencia basada en el género; y medidas para atacar la discriminación subyacente que sufren las mujeres. El gobierno también debe abordar de inmediato la proliferación de armas pequeñas en el país.




El informe se puede consultar en: http://web.amnesty.org/library/Index/ENGAFR160062004


El 24 de febrero se iniciará una acción web sobre la violencia contra la mujer en Burundi en: http://web.amnesty.org/pages/bdi-240204-action-esl


Documento público

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